‘Perdida’: la psicopatía es un grado


Ben Affleck pasará por un infierno para recuperar a Rosamund Pike en 'Perdida'.Hay películas que dejan sin palabras. Historias que abruman de tal modo que es imposible articular una idea hasta varios minutos después. Es durante esos momentos de reflexión en los que uno está a solas con sus reflexiones y sus recuerdos cuando la trama adquiere toda su dimensión, toda su complejidad. La verdad es que David Fincher no tiene nada que demostrar en este sentido. Seven (1995) ya tuvo un efecto similar. Pero la sabiduría de los años hace que su nueva película sea una experiencia audiovisual sin parangón, una tela de araña que atrapa sin necesidad de artificios para exponer al espectador a una espiral malsana y a una atmósfera opresiva y sorpresiva. Y todo ello sin recurrir a una estructura clásica de thriller.

Se puede decir que Perdida son dos películas. Hasta prácticamente la mitad del metraje Fincher opta por una narrativa clásica de cine negro. La investigación centrada en las sospechas de que el personaje de Ben Affleck (Paycheck) ha asesinado a su esposa no presentan grandes esfuerzos narrativos, limitándose a exponer las situaciones con la elegancia que caracteriza al director. Pero a partir de este momento el film adquiere un cariz completamente distinto para convertirse en toda una disertación sobre la psicopatía, en una lección de lenguaje audiovisual que enamora no tanto por su capacidad para mantener el suspense, sino por su facilidad para generar emociones encontradas en el público, que asiste con asombro a las maquinaciones de un personaje manipulador, frío y calculador cuyo único objetivo es obtener lo que quiere, da igual el coste.

El director demuestra una vez más su capacidad para manejar los tiempos y la narrativa dentro del cine. A medida que avanza la historia la película se transforma, y con ella el espectador, para convertirse en algo totalmente distinto a lo esperado en un primer momento. La mujer fatal adquiere de este modo un estatus nuevo, distinto, en buena medida gracias a la magistral actuación de Rosamund Pike (Orgullo y prejuicio), cuyas miradas carentes de toda emoción en algunos momentos son más aterradoras que cualquier asesino en serie de pesadilla. Lo cierto es que la acción del film transcurre por derroteros más o menos previsibles hasta su tercio final, cuando un violento giro dramático saca a relucir la verdadera psicología y psicopatía de la protagonista, así como confirma el sentimiento de piedad que provoca el rol de Affleck, quien por cierto es de lo más flojo del conjunto (su falta de expresividad, eso sí, concuerda con el personaje).

En pocas palabras, David Fincher lo ha vuelto a hacer. Perdida es una de esas joyas modernas capaces de hipnotizar con muy poco e impactar incluso con menos. Al igual que su protagonista, es fría, calculadora y manipuladora. Y poco importa que el espectador trate de mantenerse ajeno a todo. El proceso de linchamiento público al que se somete el protagonista, la indiferencia y el odio de la protagonista, o el mortal laberinto en el que Rosamund Pike encierra a Ben Affleck crean una maraña de tramas cuyo desenlace es impactante y aterrador debido, precisamente, a la ausencia total de emoción que hay en él. El propio director define el film como el más cercano a Hitchcock de todos los que ha hecho hasta ahora, pero lo cierto es que no necesita comparaciones de ningún tipo. Fincher es único.

Nota: 8,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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