‘The bridge’ evoluciona en su 2ª temporada pero no elimina lastre


Diane Kruger y Demian Bichir vuelven a unir sus fuerzas en la segunda temporada de 'The Bridge'.Es indudable que hoy en día es necesaria una buena premisa inicial para que una serie tenga éxito. Otro cantar es el desarrollo que esta idea tenga, pero no admite discusión el hecho de que debe ser algo que impacte. De ahí el gran éxito que tuvo la primera temporada de The bridge, versión norteamericana de la sueco danesa Bron/Broen. Si a eso añadimos una trama apasionante, el resultado es una de las mejores ficciones de la pasada temporada. Pero el problema de esto llega cuando hay que afrontar una segunda temporada. En el caso de la serie protagonizada por Diane Kruger (Llévame a la Luna) y Demián Bichir (Dom Hemingway), la trama ha sabido redefinirse para acentuar con firmeza todos aquellos aspectos que quedaron algo deslavazados en la anterior etapa.

Dichos aspectos se pueden agrupar bajo el paraguas del tráfico de droga en la frontera entre Estados Unidos y México. Esta segunda temporada de la serie adaptada por Elwood Reid (serie Caso abierto) y Meredith Stiehm (serie Homeland) aborda de forma mucho más directa algunas de las tramas secundarias que no encontraron resolución en los anteriores episodios. Y lo hace de forma inteligente al introducir a los dos protagonistas en la nueva historia a través de las consecuencias de su caso previo. Sobre todo en lo que respecta al rol de Bichir, mucho más desarrollado en estos 13 episodios y con un mayor interés que el de Kruger. La obsesión del policía por el asesino de su hijo, la corrupción de su propia comisaría y las evidentes amenazas de muerte dan forma a un personaje mucho más comprometido que es capaz de sacar lo mejor de sí mismo para afrontar todo el caos que le rodea.

Gracias a él y a los contrastes culturales y legales entre ambos países la historia de esta segunda temporada engancha al espectador. Eso, y la forma de narrar la historia, una especie de flashback del que nadie avisa al espectador y que encuentra su explicación en el final del segundo acto del arco dramático, alrededor del episodio 10. La sensación de no alcanzar a comprender del todo lo que ocurre es lo que impulsa el tramo final de la temporada, pues el espectador no solo encuentra sentido a lo visto hasta ahora, sino que adquiere verdadera conciencia de la dimensión de lo que está viendo en pantalla. The bridge logra, de este modo, que su nueva entrega suponga un viaje constante hacia el futuro sin dejar de mirar al pasado, sin dejar de tener en cuenta lo ocurrido anteriormente.

En este sentido hay que destacar varios aspectos que ayudan a que esta nueva temporada se convierta en un buen broche para las tramas abiertas de la anterior etapa. El primero es el cierre de la trama protagonizada por el personaje de Eric Lange (Blue like jazz), anterior villano de la serie y cuyo final es demasiado rápido para lo que podría haber sido. El segundo es la relación romántica del personaje de Kruger con el hermano del asesino de su hermana (sí, es tan absurdo como suena). La introducción de este nuevo personaje cuyo único objetivo parece ser el de ahondar en el pasado de ella podría haber tenido un trasfondo notable si no fuera por el hecho de que se queda en mera comparsa, limitándose simple y llanamente a desencadenar una serie de acontecimientos cuya relevancia en el sentido general de la historia es mínimo, por no decir nulo. La consecuencia más directa de esto es que Sonya Cross, bien definida en la primera temporada, pierde parte del sentido que tuvo, y con ello el interés.

La droga contra el suspense

Se puede decir, por tanto, que la segunda temporada de The bridge ha mantenido el nivel de su predecesora, pero para ello ha pagado un precio que, según se mire, puede ser alto. La decidida apuesta por el tráfico de drogas en la frontera y el desarrollo de la historia protagonizada por el narcotraficante al que da vida Ramón Franco (Cadenas de oro), quien por cierto se convierte en uno de los mejores de todo el reparto, hacen que el suspense que inundó el desarrollo dramático de la anterior temporada se reduzca hasta hacerse casi imperceptible. Es cierto que buena parte de la trama del cártel y la implicación de diversos personajes del Gobierno norteamericano aportan un contexto interesante que genera algunas de las mejores secuencias de tensión e intriga, pero en líneas generales la serie opta por no repetir las fórmulas que funcionaron con anterioridad.

Esto, como digo, puede ser visto como una debilidad o como una fortaleza. Eso queda a las impresiones personales de cada uno. En cualquier caso, la forma de introducir esta nueva imagen de la serie merece un cierto reconocimiento, pues lo que se presentó como tramas secundarias en la anterior temporada han permitido a la serie evolucionar hacia nuevos ámbitos narrativos que, a su vez, han creado otros nuevos cuyo desarrollo podría darse en una tercera temporada aún por confirmar. Mención aparte merece la presencia del personaje de Franka Potente (El mito de Bourne), tan extraño como amenazador. Independientemente de la dirección que haya tomado la serie, su participación en la trama aporta al conjunto un cierto aire de miedo a lo desconocido, tanto por la propia imagen del personaje como por la falta de información hasta los últimos compases de la temporada. Un rol que hace justicia al anterior villano interpretado por Lange y que supone un soplo de aire fresco a un universo de personajes que, en principio, no presenta ninguna novedad relevante.

De hecho, en el otro extremo habría que situar a la pareja de periodistas interpretados por Matthew Lillard (Golpe de efecto) y Emily Rios (serie Breaking bad), cuyo peso específico en los acontecimientos decae conforme avanza la trama. Si en la anterior temporada tenían una participación destacada en el desarrollo principal, sobre todo él, en esta segunda se convierten en secundarios cuya investigación corre de forma paralela a la policial, pero no llegando nunca a entrelazarse de forma sólida o duradera. Son, por decirlo de algún modo, espectadores que saben más de la cuenta. Algo similar ocurre con la historia de Thomas M. Wright (Newcastle), que salvo momentos puntuales nunca llega a tener una relevancia notable en la trama principal. Todo ello desvía un tanto la atención, sobre todo porque, a diferencia de lo que ocurría en episodios anteriores, las posibilidades de que aporten algún dato revelador se desvanecen a medida que pasan los episodios, convirtiéndose en meras vías de escape para no saturar la acción de los protagonistas.

Por ello, The bridge logra aguantar el peso de la historia pero no termina de impactar del mismo modo en que lo hizo en la primera temporada. Esta continuación de aquella historia posee muchos y muy buenos pilares narrativos que conducen la trama por un nuevo e interesante camino, pero durante el viaje deja atrás varios aspectos importantes que, en lugar de eliminarlos, lastran el desarrollo general de la serie. El principal y más importante es que el rol de Kruger se desprende de la trama principal en lo que a relevancia se refiere. O tal vez es que no ha podido aguantar la evolución que sufre su compañero de fatigas. Aunque poco importa todo esto, pues estamos hablando de una serie notable capaz de tener vida más allá de una premisa inicial que amenazaba con devorarla.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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