‘Defiance’ sustituye unos problemas por otros en su 2ª temporada


Grant Bowler y Stephanie Leonidas vuelven a 'Defiance' en la segunda temporada.Algo realmente malo tenía que ocurrir para que la serie Defiance no mejorara en su segunda temporada todo aquello que debilitó la primera etapa. Parece que sus creadores, Kevin Murphy (serie Caprica) y Rockne S. O’Bannon (serie Revolution) son conscientes de ello a tenor de lo que se puede ver en estos nuevos 13 capítulos. El problema es que en ese intento de reconducir los problemas de desarrollo que planteaba su primera temporada se han creado otros que, de un modo u otro, dejan en el conjunto la misma sensación de impotencia, de querer ser algo que no puede llegar a ser. Aunque lo verdaderamente preocupante es que estas nuevas irregularidades se deben a elementos de fondo, a diferencia de lo que ocurría en la anterior entrega.

Era lógico que todo aquello que resultaba confuso durante los primeros episodios de la serie sería subsanado conforme el espectador y la trama se acomodaran a las necesidades naturales de esta space opera. Sus personajes, las relaciones entre ellos, las características de las razas, … todo ello adquiere en esta temporada un aspecto renovado gracias al conocimiento previo. Como consecuencia, la necesidad de plantear casos autoconclusivos desaparece, lo que sus creadores aprovechan para abordar tramas más complejas, más profundas y, sobre todo, más desarrolladas. Ahí está, por ejemplo, la trama principal centrada en esa especie de inteligencia artificial empeñada en destruir el planeta para reconstruirlo a su antojo. Murphy y O’Bannon manejan con soltura e inteligencia la difusión de información, creando un suspense que aumenta con el paso de los episodios y, lo más importante, concluye con un clímax de pura ciencia ficción.

La otra gran trama, la que se centra en la familia encabezada por Tony Curran (El buen alemán) y Jaime Murray (serie Dexter), es si cabe mucho más interesante. Lo cierto es que en la primera temporada de Defiance estos personajes, maniatados por sus férreas tradiciones en un mundo donde la diversidad y la tolerancia son las principales señas de identidad, ya apuntaban a un amplio desarrollo, cumpliendo las expectativas a medida que se suceden los episodios de esta continuación. Personalmente, los componentes que nutren esta línea argumental son los que dotan a la ficción de verdadero interés gracias a las traiciones, las intrigas y los recelos que definen a cada uno de los roles. Eso por no hablar del hecho de que son los caracteres con mayor recorrido de la serie, muy por encima de los protagonistas interpretados por Grant Bowler (Asesinos de élite) y Stephanie Leonidas (La fiesta del chivo).

Pero la poca necesidad de mostrar el mundo de la serie y las relaciones entre razas que sustentan su trasfondo dramático no solo ha permitido una profundización en el drama y en la intriga, sino que ha fomentado la aparición de nuevos personajes. Independientemente de su relevancia en el conjunto, es importante señalar cómo su incorporación abre el abanico de posibilidades en lo que a desarrollo de la fantasía se refiere. Su llegada propicia la presencia de nuevas costumbres, nuevos hábitos y nuevos secretos, lo que a la larga amplía la visión que puede tener el espectador sobre el complejo entramado de la ficción. Todo ello permite, además, la introducción de nuevas líneas argumentales que, presumiblemente, tendrán una mayor trascendencia en la ya confirmada tercera temporada.

Debilidades inherentes

Aunque como decía al comienzo, Defiance sigue teniendo problemas. Incompatibilidades dramáticas si se prefiere, aunque sería más exacto denominarlas como debilidades en el desarrollo de los aspectos secundarios de esta segunda temporada. Y curiosamente, la mayoría de ellos vienen determinados por la aparición de los nuevos secundarios. Me explico. Su presencia, aunque insufla aire fresco a la serie (incluso permite al departamento de efectos digitales especular con una Nueva York rediseñada como si de una operación con láser se tratara), nunca adquiere el grado de relevante. Muchos de estos roles, aunque interesantes, no encuentran un buen desarrollo dramático, limitándose a interpretar un papel que les viene dado casi desde antes de su aparición. El jefazo insufrible con un pasado que esconder y motivaciones oscuras; la agente dispuesta a cumplir con su obligación pero de buen corazón; la prostituta capaz de todo por lograr su meta. Todos ellos, no cabe duda, aportan cierto dinamismo, pero en ningún caso logran traspasar la frontera de los meros secundarios arquetípicos. Mucho menos si tenemos en cuenta las influencias nazis de los que se suponen villanos.

Del mismo modo, estos nuevos personajes que reclaman su espacio en la trama obligan a los responsables a restar importancia a otros secundarios que en la primera temporada sí tuvieron una más que evidente relevancia en la trama. El resultado es evidente. Sus arcos argumentales pierden fuerza, los roles se quedan en un plano muy secundario, limitando su participación a meros puntos de inflexión de algunos aspectos de la trama principal, y el desarrollo del conjunto se vuelve algo confuso al no encontrar los mismos referentes de los primeros episodios. Quizá la mejor prueba de ello es que el personaje interpretado por Graham Greene (Cuento de invierno) ha sido incorporado a la trama familiar de Curran y Murray, lo que a su vez ha permitido que se genere un gancho de final de temporada. Empero, la independencia de la que gozaba aquel ha desaparecido, lo cual por cierto elimina, al menos de momento, una línea argumental que podía aportar bastantes cosas a la serie.

Lo más peligroso de estas debilidades es que son inherentes a la propia producción. Ya sea por la complejidad de su planteamiento (muchas razas, mucho trasfondo social y muchos efectos) o por la simplicidad de muchos personajes, la serie parece abocada a no superar sus problemas narrativos. Sí, sus tramas son atractivas. Y sí, la idea de base ofrece innumerables alternativas narrativas y de desarrollo dramático. Pero al final, este tipo de series se basan fundamentalmente en sus personajes, y salvo los principales el resto se antojan demasiado arquetípicos, tanto en sus objetivos como en sus diálogos, lo que termina por restar peso específico a lo expuesto episodio tras episodio. Dicho de otro modo, se conocen las debilidades y fortalezas de cada rol desde el principio, lo cual no debería ser necesariamente malo, pero sí nocivo para las expectativas del conjunto.

Al final, la segunda temporada de Defiance deja un sabor agridulce. Es mucho más entretenida que otras producciones para la pequeña pantalla, y desde luego es algo distinto y fresco. Gracias a unas tramas algo más elaboradas y a la madurez que adquieren algunos personajes la serie supera algunos problemas iniciales, pero no es capaz de mantenerse. La necesidad de complicar la estructura dramática lleva a sus responsables a caer, de nuevo, en algunos problemas de difícil solución. Sin ir más lejos, uno de ellos se resuelve al final de esta temporada de la forma más radical posible. Pero es evidente que eso no puede funcionar siempre, tanto por la credibilidad como por la propia salud de la ciencia ficción. Parece que el interés generado permite extenderla, al menos, una temporada más, pero a menos que empiece a tomarse algo más en serio a sí misma puede que las debilidades terminen imponiéndose a las fortalezas.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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