‘La entrega’: la paciencia del barman tranquilo


Tom Hardy y Noomi Rapace, en un momento de 'La entrega'.A pesar de que las historias de Mystic River (2003) y Shutter Island (2010) tienen pocas cosas en común a simple vista, ambas comparten origen literario en sendas obras de Dennis Lehane, un autor que está demostrando tener, al menos en lo que a adaptaciones al cine se refiere, una serie de obsesiones habituales que se trasladan a la narrativa cinematográfica. En su última adaptación, dirigida esta vez por Michaël R. Roskam (Bullhead), se repiten algunas de esas pautas, confirmando el sabio manejo de los tempos del thriller y de los pasados de los personajes, cuyo presencia progresiva en la trama recuerda, y mucho, a las anteriores películas citadas.

Si hubiese que definir La entrega la mejor palabra a utilizar sería “oscura”. Todo en el film rezuma un aire peligroso, tal vez no malsano pero indudablemente agresivo. El peligro, la violencia y la muerte están presentes casi desde el primer fotograma a pesar de una deliberada ausencia formal de los mismos. En un logrado intento de mantener al espectador ajeno a lo que realmente ocurre, Roskam opta por mostrar al protagonista, un espléndido Tom Hardy (Esto es la guerra), como si de un barman apocado y temeroso se tratara. Su presencia en medio de los conflictos que se suceden parece más bien anecdótica. Empero, la introducción de diversos comentarios y, sobre todo, su actitud en algunas situaciones (lo del brazo es simplemente indescriptible) generan el enganche suficiente para que el suspense se active, empezando una espiral que deriva en un clímax esperado pero en cualquier caso impactante por lo revelador y violento que es.

La película, a pesar de este tono frío y duro, pierde varios minutos en tratar de presentar la situación de partida. Desde luego, esto permite asentar la idea de que unos protagonistas normales y corrientes viven una situación un tanto particular y anómala. No obstante, la reincidencia en este aspecto durante varios minutos crea una especie de barrera que frena el desarrollo normal de la trama, en el que por cierto el tratamiento de los personajes secundarios queda en un segundo plano, convirtiéndolos casi en meros espectadores de lo que sucede en la trama principal, como es el caso del policía interpretado por John Ortiz (El lado bueno de las cosas). La labor de Roskam como director, además, deja a un lado la identidad visual (salvo en su tercio final) para centrarse en los actores, todos ellos magníficos, lo que termina por crear un film sin excesiva personalidad, apostando todas sus posibilidades a la solidez de los personajes.

Todo ello convierte a La entrega en un thriller notable que podría haber dado algo más de sí. Tal vez con otro director algo más experimentado, o puede que con un guión más elaborado en sus aspectos secundarios, el film habría crecido en intensidad dramática durante buena parte de su metraje. Eso no impide que hablemos de una cinta cuyas virtudes superan a sus defectos gracias a un reparto y a unos personajes soberbios, sobre todo su protagonista, un barman tranquilo cuyo desgaste a lo largo de la trama puede incluso acariciarse. Una intriga fría, calculada y desoladora cuyos únicos rayos de luz llegan de la mano de la cría de perro. Y por si todo esto no fuera suficiente, tenemos la presencia de James Gandolfini, inolvidable Tony Soprano, en la que es su última película. In loving memoriam.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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