‘Falling Skies’ dirige su futuro hacia la ciencia ficción en su 4ª T


Noah Wyle debe afrontar los poderes de su hija en la cuarta temporada de 'Falling Skies'.Renunciar a la esencia de una producción siempre es un proceso delicado y complejo. Si se hace bien puede abrir vías narrativas insospechadas, pero si se hace mal es muy probable que se pierda el interés del público. Falling Skies se halla, en su cuarta temporada, en un punto intermedio, en una encrucijada que inevitablemente llevará a la serie hacia un panorama nuevo. La cuestión es si dicho giro será a mejor o a peor. Estos nuevos 12 episodios de la ficción creada por Robert Rodat (Salvar al soldado Ryan) mantienen el espíritu de temporadas anteriores, es cierto, pero su evolución en el tercio final de la etapa deja una impresión muy distinta.

Aquellos que sigan la serie con asiduidad tal vez se sorprendan un poco con esta afirmación. Desde luego, decir que una guerra contra alienígenas desarrollada ahora en el espacio tergiversa el sentido original de una producción de ciencia ficción es cuanto menos contradictorio. Sin embargo, si algo ha caracterizado siempre a esta obra apadrinada por Steven Spielberg (Parque Jurásico) es su marcado carácter histórico. En efecto, y como ya señalamos en Toma Dos con motivo de la tercera temporada, los principales acontecimientos bélicos de la Historia nutren en mayor o menor medida el grueso del arco dramático. La verdad es que no es de extrañar teniendo en cuenta los dos nombres propios que acabo de señalar. Y lo cierto es que esta nueva temporada comienza de forma idéntica, utilizando en esta ocasión los guetos y los campos de concentración como motivo argumental.

Durante sus primeros episodios, la nueva temporada de Falling Skies reinterpreta lo que podría considerarse una resistencia dentro de dichos guetos, con un Noah Wyle (serie Urgencias) convertido en un líder de los presos después de que su grupo haya sido dividido. Esto, unido a la presencia de campos de adoctrinamiento para los más jóvenes humanos, dota a la serie de un aire histórico notable a la vez que interesante, sobre todo si tenemos en cuenta que el tercer pilar del planteamiento es la experimentación con humanos (evidentemente, para convertirlos en una abominación medio alienígena). Bajo este paraguas la producción se permite el lujo de introducir nuevas criaturas y máquinas sin necesidad directa de presentación formal, lo que genera una cierta confusión pero nutre la visión global del conflicto narrado de forma inigualable.

Por supuesto, los dramas familiares no faltan en esta etapa. La contundencia con la que comienza el primer episodio, que apenas deja tiempo para situar a los personajes, ofrece un marco incomparable para explorar nuevas vías dramáticas, como un triángulo amoroso con hermanos de por medio o los bandos enfrentados por la presencia de la hija híbrida del protagonista (medio humana, medio alienígena), presentada en la temporada anterior y que ahora adquiere especial relevancia. Como suele ser habitual, buena parte del desarrollo dramático de la temporada se apoya en las relaciones humanas de la familia protagonista, que ahora adquieren una especial relevancia al tener que enfrentarse a una traición interna que mina la confianza mutua que siempre había existido. En este sentido, los personajes continúan la evolución que ya comenzaron en la etapa anterior, destacando aun más la ausencia de una línea que separe lo que está bien de lo que está mal.

Viaje a la Luna

Todo ello hace que la cuarta temporada de Falling Skies tenga un arranque prometedor, entre otras cosas porque la dinámica de sus primeros episodios, en los que predomina la acción por encima de cualquier otro elemento, no dejan tiempo para la reflexión, obligando al espectador a seguir la historia casi sin tener en cuenta lo ocurrido con anterioridad y sin tiempo para asumir la posición de cada uno de los personajes. Pero como decía al inicio, su posterior evolución no sigue los parámetros planteados inicialmente. A medida que la trama adquiere una mayor complejidad las decisiones de los personajes se tornan más extremas, hasta el punto de olvidar sus influencias históricas para entregarse a un desarrollo puramente fantástico.

Posiblemente sea porque la serie empieza a repetirse; tal vez tenga que ver el hecho de que es necesario introducir nuevos personajes en la partida. El caso es que la obra creada por Rodat encuentra en estos nuevos capítulos una desviación notable de sus bases argumentales. Que el protagonista termine involucrado en una guerra en el espacio con motivo de un viaje a la Luna es un claro indicador de que algo en la ficción ha cambiado. Uno de los aspectos más positivos que posee la serie es su humanidad, su capacidad para mostrar la lucha de los humanos contra los alienígenas en clara desventaja de los primeros. Ahora, y tras el giro de timón realizado en su último episodio, la balanza se equilibra, con lo que se abre un nuevo panorama que tendrá que convencer de la misma forma en que lo hizo el anterior.

En todo este proceso de cambio destaca el papel de Scarlett Byrne (Harry Potter y el misterio del príncipe). Su personaje medio alienígena es al mismo tiempo detonante y freno en la evolución de la serie. Detonante porque gracias a sus poderes es capaz de situar la guerra en otro nivel; freno porque sus dudas sobre su verdadera identidad ralentizan significativamente el desarrollo del arco argumental, obligando a la trama a dedicar esfuerzos para mostrar los errores de sus decisiones. Su destino en el episodio final, aunque aparentemente claro, deja abierta la puerta a varias alternativas, lo que también da una idea del cambio de sentido de la ficción, hasta ahora relativamente seria en este sentido. Del mismo modo, recuperar el recurso del engaño psicológico al personaje de Wyle que ya se utilizó en etapas anteriores evidencia una cierta fatiga creativa.

Falling Skies tiene ante sí un reto interesante e importante. Su cuarta temporada ha sabido mantener el nivel formal y dramático en líneas generales, pero también ha dejado en evidencia una serie de puntos débiles generados por la necesidad de hacer avanzar la serie hacia otro nivel. La imagen final, que aquí no desvelaré, es un interesante gancho argumental que genera las expectativas necesarias para dar una oportunidad a los cambios que se avecinan. El futuro es incierto, como el de la Humanidad que lucha contra la raza alienígena invasora. Solo queda esperar que los nuevos episodios retomen, aunque sea de forma testimonial, la idea de que incluso en las situaciones más inversosímiles podemos aprender de nuestra Historia.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: