‘Elementary’ se alarga sin sentido con tramas episódicas en su 2ª T


Rhys Ifans se incorpora a la segunda temporada de 'Elementary' como Mycroft Holmes.Cuando una serie repite fórmulas es que algo falla. Puede que sea simplemente falta de originalidad. Puede que lo que ocurre es que la historia trata de centrarse en otros aspectos, dejando el conjunto con una cierta sensación de vacío. Sea como fuere, la repetición en cualquier producción televisiva, incluso en aquellas que son más tolerantes con este tema, tiende a reducir la calidad del producto. En cierto modo, la segunda temporada de Elementary peca de dicha reiteración de modelos, dejando la originalidad de la primera temporada en un mero recuerdo para convertirse, en muchos momentos de su desarrollo, en otra ficción policíaca con protagonistas un tanto extravagantes y casos un poco fuera de lo común.

Todo ello está propiciado por dos elementos que, aunque parezca lo contrario, no son independientes ni excluyentes. Por un lado, quizá el más importante, está la ausencia del impacto que supuso la anterior entrega en su reinterpretación de los personajes del mundo de Sir Arthur Conan Doyle. Que John Watson sea ahora una mujer y que Sherlock Holmes viva en Nueva York pierde el interés desde el momento en que el espectador conoce los antecedentes de los episodios previos en esta serie creada por Robert Doherty (serie Medium). Es por eso que la dinámica entre los dos protagonistas pierde algo de fuerza, aunque en ningún caso se deba a la labor de los intérpretes, unos más que correctos Jonny Lee Miller (Trainspotting) y Lucy Liu (El caso Slevin). De hecho, de no ser por el reparto en general y las relaciones que se establecen entre sus personajes muchos de los 24 episodios que dura la temporada carecerían por completo de un interés meramente narrativo de cara a otros casos más relevantes.

Esto me lleva al otro aspecto importante. Mientras que el comienzo de la temporada se antoja interesante al introducir personajes nuevos como el de Sean Pertwee (Equilibrium) y el de Rhys Ifans (The Amazing Spider-Man), ambos personajes de los relatos de Conan Doyle (Lestrade y Mycroft, respectivamente), el desarrollo de la trama da un giro hacia una corrección innecesaria, introduciendo historias episódicas que no llevan a ningún sitio al personaje, no digamos al espectador. Y de esto surge la pregunta más interesante de Elementary. ¿Realmente son necesarios tantos episodios por temporada? Lo cierto es que esta segunda entrega es una especie de montaña rusa en la que las emociones fuertes se hallan al inicio y al final, teniendo un reposo dramático y narrativo en el grueso de su arco argumental. De hecho, son los dos nuevos personajes los que aportan un mayor interés a la historia y los que, en definitiva, hacen crecer la vida de este Sherlock Holmes en Nueva York que, todo hay que decirlo, se estanca demasiado en un intento de alargar innecesariamente sus aventuras.

Sin embargo, hay que reconocer interés que suscitan muchos de los casos policiales que se deben investigar, así como el drama que pueden generar algunas tramas secundarias cuya duración de dos o tres capítulos permite cubrir buena parte de los vacíos dramáticos que deja la ausencia de una trama de temporada sólida. Sin ir más lejos, la relación entre Holmes y los personajes de Aidan Quinn (Sin identidad) y Jon Michael Hill (Falling overnight) sostiene algunos de los momentos más débiles de la temporada, así como el tira y afloja entre Watson y Holmes, este último cada vez más consciente de la necesidad de tener a la primera en su vida. Sin ellos la producción reduciría notablemente su dinámica.

Londres gana fuerza

Pero como se puede entender de la introducción, no todo en esta segunda temporada de Elementary son casos policiales que requieren de una cierta atención. La incorporación de Lestrade y Mycroft, así como el trasfondo dramático que el pasado común con Holmes les aporta, es un soplo de aire fresco a la historia, que adquiere una mayor relevancia y se desarrolla hacia un sentido algo más consistente que el mero argumento episódico. Gracias a ellos, sobre todo al segundo, la serie recupera las sensaciones que ya aportó en la primera temporada el personaje de Natalie Dormer (serie Juego de tronos), al que por desgracia solo se recurre en un episodio de esta entrega. La labor de Ifans como el odiado hermano de Sherlock no solo está a la altura del papel que desempeña Miller, sino que supone una vuelta de tuerca al trasfondo clásico del personaje literario.

Tal vez sea por esto que su incorporación es lo mejor que aporta esta nueva etapa. Frente a la ausencia de esa frescura que sí tenía la primera temporada, la aparición cada vez más constante de Mycroft Holmes, sobre todo en la recta final de esos 24 capítulos, da al conjunto otro aspecto, abriendo nuevas alternativas narrativas y dramáticas que permiten a sus responsables explorar territorios que Conan Doyle nunca pudo conseguir. Relaciones románticas, traiciones fraternales, espionaje, terrorismo. Todo ello y mucho más es lo que presentan los últimos episodios de la temporada, lo cual rompe por completo con lo visto anteriormente y se acerca algo más al espíritu original del personaje. En cierto modo, se podría decir que los casos episódicos que debe investigar, a pesar de la complejidad que puedan tener, reducen al protagonista a un simple investigador normal y corriente, eliminando el componente aventurero y suficiente que siempre definió al personaje.

El principal problema de la serie no se halla, por tanto, en que los crímenes a investigar carezcan de interés. Ni siquiera en la definición de personajes. Es más bien una cuestión de ver los diferentes aspectos en su conjunto. Al fin y al cabo, esta reinterpretación de Sherlock Holmes no debería de anular las características que definen al famoso investigador inglés. La necesidad de una estructura de tantos episodios lleva a convertirle en un reflejo de otros investigadores que ahora mismo nutren las ficciones de la pequeña pantalla, lo que pone en tela de juicio la necesidad de mantener otra serie policíaca basada en la tensión entre los dos protagonistas de sexos opuestos y en casos con una cierta base original.

Por supuesto, no tengo conocimiento de cómo será la próxima temporada de Elementary, pero a tenor de la conclusión de esta segunda etapa todo apunta a una renovación de aires que, sin duda, le hará mucho bien al arco dramático del personaje y de la propia serie. El devenir de los conflictos entre Watson y Holmes crea un recorrido narrativo nunca antes planteado, y sitúa a ambos personajes en una encrucijada de lo más interesante que perfectamente podría permitir a la futura tercera temporada recuperar el espíritu de la primera temporada. De ser así ni siquiera la excesiva duración de 24 episodios debería ser un impedimento. En realidad, tampoco lo es en su segunda temporada, pero de uno siempre espera algo más de Sherlock Holmes.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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