1ª T de ‘The Leftovers’, misterios e incógnitas para un futuro atractivo


El 2% de la población mundial desaparece en la primera temporada de 'The Leftovers'.Hay algo sumamente atractivo en el misterio. No me refiero al thriller, sino a lo desconocido. Hace años la serie Perdidos se convirtió en el estandarte de un tipo de trama que jugaba con el espectador a un juego sumamente peligroso, como después se pudo comprobar: plantear una serie de incógnitas a cada cual más surrealista para generar un sinfín de preguntas con un sinfín aún mayor de respuestas. Y como por arte de magia, se genera el atractivo. Uno de sus creadores, Damon Lindelof, plantea un juego similar en su nueva serie, considerada por muchos como un producto de culto aun cuando solo tiene una temporada. Se trata de The Leftovers, una de esas ficciones cuyo futuro es tan incierto como su presente.

En colaboración con Tom Perrotta (Juegos salvajes), quien ha escrito el libro en el que se basa la historia, Lindelof ofrece una premisa de lo más interesante. Un día, como por arte de magia, desaparece el 2% de la población mundial. No hay motivos aparentes, no hay respuestas. Su ausencia, independientemente del vacío que deja en los familiares, supone un golpe social del que el resto de habitantes (a los que hace referencia el título) se recuperan a duras penas. La mayoría tratan de seguir con sus vidas, pero muchos reaccionan de forma un tanto inesperada. Sectas que pretenden recordar, mesías que prodigan sus poderes, locuras que encuentran su origen en individuos imaginarios, … O lo que es lo mismo, esta primera entrega de tan solo 10 episodios trata de exponer el escenario de una situación totalmente atípica e incomprensible, así como las reacciones de los que se quedaron atrás.

Narrativamente hablando, The Leftovers aprovecha la confusión generada con su punto de partida para narrar el pasado de todos los personajes a través de fashbacks, un recurso cada vez más utilizado que parece sentar una especie de cátedra en determinadas tramas. Gracias a este recurso, Lindelof y Perrotta bucean en el pasado de sus protagonistas tanto para exponer el cambio que sufren a partir de la desaparición como la vida que llevaban previamente. Eso sí, lo hacen con la parquedad a la que nos tiene acostumbrados el primero, obligando al espectador a activar un razonamiento paralelo que le permita dar cierto sentido a lo que se ve en pantalla. Y este es uno de sus principales escollos. Son tantas tramas, tantos personajes y tantos agujeros narrativos que resulta muy complicado encontrar una respuesta coherente a todo lo que sucede, lo que puede provocar reacciones encontradas: o se sigue el juego de los guionistas o se desiste.

Lo que en cualquier caso es innegable es la factura técnica de la producción. Esta primera temporada logra, a través de la fotografía y la iluminación, recrear un mundo que tiende siempre al gris y los colores apagados. Todo en la obra se antoja con poca viveza, con tonos ocres y fríos que ayudan a la sensación de vacío que sienten los protagonistas. Protagonistas que, en mayor o menor medida, están interpretados de forma brillante por sus actores, sobre todo Justin Theroux (Caballeros, princesas y otras bestias), cuyo proceso de locura solo se llega a atisbar en estos primeros episodios, y Ann Dowd (serie Masters of sex), la gran villana silenciosa de la función. Si la serie es capaz de transmitir la angustia, la desolación y la incomprensión de sus personajes es gracias a los contrastes de sutileza y brutalidad de los que hacen gala.

Remanente silencioso

Uno de los elementos más perturbadores es la locura que parece afectar al personaje de Theroux, principal protagonista, y los lapsus de conciencia que sufre a consecuencia de ello. Aunque si algo destaca en The Leftovers por encima de cualquier otra cosa es la secta conocida como ‘Remanente Silencioso’, sobre todo porque es el nexo de unión entre la práctica totalidad de tramas secundarias que se plantean en esta primera temporada. Liderados por el personaje de Dowd, su presencia en un principio desconcertante y poco a poco comprensible es un concepto incluso sociológico que podría dar para numerosas reflexiones. Si bien es cierto que su presencia en la historia se limita a ser una especie de recordatorio de aquellos que se han ido, su futuro resulta un tanto ambiguo al desconocer las intenciones de esta especie de fantasmas en vida.

De hecho, se puede decir que este grupo representa mejor que cualquier otro elemento de la serie el verdadero espíritu de esta. Silenciosos y casi omnipresentes, su paso por la trama es sutil pero determinante, siendo necesario algún que otro episodio para narrar los orígenes de sus principales miembros. Así se podría definir la historia creada por Lindelof y Perrotta. Su desarrollo dramático es un tanto abrupto, muchas veces basado en el silencio y las reflexiones de ese nuevo mundo. Reflexiones que, por cierto, hay que considerar omnipresentes. Y sin embargo, la conclusión de esta primera temporada deja una sensación de cierta comprensión, lo que indica que la trama ha sabido avanzar de forma sutil y constante. Sin duda, a ello contribuye el noveno episodio, tan necesario como revelador.

El principal problema de esta producción es el amplio espectro de tramas y personajes que trata de abarcar. La experiencia de series anteriores con premisas similares indica que a medida que se avanza en dichas tramas secundarias, y a menos que se le preste una atención sincera y directa, su resolución es cada vez menos sencilla, obligando a las historias a complementarse entre ellas y a tratar de solventar los huecos dramáticos que se van dejando. Estos primeros episodios notan mucho esa profusión de historias. Por supuesto, la trama principal y las secundarias más importantes gozan del protagonismo necesario para tener sustento argumental, pero no así el resto de secundarias, que plantean casi más interrogantes que soluciones.

Eso es algo que pasaba mucho en Perdidos, y es algo que puede ocurrirle a The Leftovers si no se encuentra una solución. Aunque en realidad, la solución más directa pasa por saber cómo va a terminar y, sobre todo, el motivo por el que desaparecen las personas. Sabiendo la respuesta a esto la serie, independientemente de su complejidad formal o de sus misterios narrativos, puede convertirse en una gran producción televisiva. Desconociendo la respuesta el resultado será algo parecido a la ya citada Perdidos. Pero como decía al comienzo, el misterio engancha, y en eso esta serie es inmejorable.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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