‘Jersey boys’: un nuevo sonido para una vieja historia


Vincent Piazza, Erich Bergen, John Lloyd Young y Michael Lomenda forman los 'Jersey boys' de Clint Eastwood.Puede que a muchos les sorprenda que el nombre de Clint Eastwood (Million Dollar Baby) se asocie a un musical. En realidad, el actor y director simple y llanamente explora nuevos territorios, algo que ha hecho toda su vida aunque ahora, con ese aura de gran director que le rodea (merecida, por cierto), parezca olvidarse. El problema no está, por tanto, en que Eastwood dirija un musical, sino en el propio musical en sí. Porque si bien es cierto que el director es capaz de aportar un cierto sello personal a la historia, un nuevo sonido según se dice en la película, ésta carece por completo de originalidad.

Y este es el gran escollo de Jersey boys. Su trama deambula con cierto ritmo por caminos conocidos y por territorios excesivamente manidos. Un chico que entra en un grupo. Un grupo que tiene éxito. Un éxito que destruye al grupo. Y todo ello con la mafia de fondo, por si faltaba algún cliché. Un desarrollo, en definitiva, visto en infinidad de ocasiones que, como era de esperar, produce una serie de secuencias con cierto aire a déjà vu. Quizá la mejor forma de apreciar el talento del director es confesando que gracias a la puesta en escena que plantea la película posee un estilo propio, sobre todo en lo que a iluminación se refiere. Pero ni siquiera el duro de Eastwood es capaz de manejar la alarmante caída en el ritmo narrativo que sufre el film hacia su segunda mitad, justo cuando los problemas empiezan a aflorar.

Una falta de ritmo que hace que las casi dos horas y cuarto de metraje parezcan una eternidad. Es difícil determinar el porqué de dicha lentitud. Puede que se deba a la forma de narrar dicho conflicto, a través de un largo flashback. Puede que el hecho de cambiar de narrador hasta tres veces a lo largo de la trama termine por saturar al espectador. O puede, simplemente, que estamos tan acostumbrados a los altibajos creativos de este tipo de grupos que todo nos resulta familiar. El caso es que la ausencia de ritmo es notable e insalvable, ni siquiera por unos actores en estado de gracia que logran dotar a sus personajes de una entidad especial, algo que se aprecia fundamentalmente en la discusión previa a la disolución del grupo. Un detalle que demuestra la capacidad de Eastwood para conectar con sus actores y sacar de ellos lo mejor que pueden dar.

Al final, Jersey boys no es más que un musical más sobre la historia jamás contada de los orígenes de un grupo, en este caso los ‘Four Seasons’. Y lo cierto es que sería bastante poca cosa si no tuviera el nombre de Clint Eastwood tras las cámaras. La fotografía y los actores dan buena cuenta de ello. Pero ni una ni otros pueden mejorar un guión de base que en ningún momento trata de sorprender, e incluso se vuelve tedioso en su recta final. Algunas secuencias y un número musical final muy conseguido es lo mejor que deja el film.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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