3ª T de ‘Episodes’, la encrucijada profesional para volver al inicio


Tamsin Greig, Stephen Mangan y Matt LeBlanc vuelven en la tercera temporada de 'Episodes'.Tras una temporada de presentación y otra de conflicto, la serie Episodes ha confirmado en su tercera entrega que es una de las comedias más frescas y originales de la televisión. Alejada de dramas románticos o de diferencias culturales, la nueva etapa de 9 episodios ha recuperado buena parte del espíritu inicial para centrarse sobre todo en el pasado y futuro profesional de un mundo, el cinematográfico y audiovisual, que en muchas ocasiones sitúa a sus profesionales en un cruce de intereses del que es difícil salir airoso. Sus responsables, David Crane y Jeffrey Klarik, creadores de la serie The class, ofrecen así la visión de un otro aspecto de la dinámica laboral en una serie de televisión. Pero como ocurre en este tipo de comedias, hay más. Mucho más.

Aunque todo pasa, en definitiva, por sus personajes. Alabar la labor de Matt LeBlanc, el inolvidable Joey de la serie Friends, es decir poco de la producción, y desde luego sería realmente injusto con el propio actor. Siendo consciente de lo que su personaje ha sido para innumerables generaciones, en esta temporada apura más si cabe la herencia de la mítica comedia para aprovechar gestos, guiños e incluso frases propias de aquel actor italoamericano de dudoso talento e inteligencia. Es evidente que esta serie aprovecha al máximo su legado, pero desde luego no alcanzaría la calidad que derrocha si no fuera por el resto del reparto, sobre todo por la pareja de guionistas protagonista, a la que dan vida Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Zombis party), quienes adquieren en esta nueva temporada un papel algo más cómico con respecto a lo que venían haciendo, evidenciando el carácter tan radicalmente distinto de los británicos con respecto a los angelinos. Sobre todo si nos centramos en el rol de Greig.

La dinámica de estos tres personajes es lo que da vida a la tercera entrega de Episodes. No es que durante las etapas anteriores no fueran clave, pero debido al tema que se desarrolla en estos episodios dicha relación adquiere un mayor significado. El hecho de que los guionistas deseen volver a su tierra natal y que el actor ansíe dejar la patética serie en la que trabaja para buscar nuevos e interesantes proyectos es el marco idóneo para desarrollar sus personalidades en un sentido algo distinto. Mientras que en los capítulos anteriores todos estos personajes buscan un beneficio inmediato y personal, en esta ocasión su visión de futuro es la que produce algunos de los mejores gags, sobre todo durante el último episodio y esa lucha por un guión maravilloso que todas las productoras luchan por producir pero que los guionistas no quieren desarrollar. El conflicto de intereses, con un final abierto que sitúa al trío protagonista ante un más que posible regreso a la casilla de salida, es tan sencillo como efectivo.

Y como suele ocurrir con este tipo de sitcoms (le ocurre igual a The Big Bang Theory), cuanto más extravagante mejor. Si durante las temporadas anteriores el personaje de John Pankow (Morning Glory) marcaba la pauta de los comportamientos surrealistas, la presencia de Chris Diamantopoulos (Empire State) riza el rizo de la locura, hasta el punto de ser un personaje literalmente esquizofrénico capaz de mantener una discusión con una docena de huevos o de sufrir efectos secundarios de lo más embarazoso. El rol, aunque temporal a todas luces, es un interesante punto de inflexión para algunas de las tramas secundarias, como es la que aborda la dinámica de las altas esferas de una productora. Su presencia, además, supone un soplo de aire fresco al grupo de secundarios que, aunque divertidos, poseen poco recorrido y presencia.

Algunas cosas nunca cambian

Al comienzo decía que Episodes ha sabido recuperar el espíritu inicial. En realidad nunca lo perdió, pero es cierto que durante estos 9 episodios la serie ha vuelto a ahondar en algunos conflictos propios de los inicios de la ficción. Sin ir más lejos, la pareja formada por Mangan y Greig recupera la dinámica que perdió durante su particular drama. Del mismo modo, LeBlanc demuestra que su personaje, confundido para la ocasión con él mismo, nunca podrá cambiar por mucho que lo intente, como evidencia su intento infructuoso de mantener una relación estable. Todo ello permite al espectador encontrar un equilibrio entre lo nuevo y lo viejo, entre el pasado y el futuro. O lo que es lo mismo, asiste a la encrucijada que viven todos los personajes en un momento de transición como el que aborda la temporada.

Eso sí, si algo puede achacarse a esta nueva temporada es la ausencia casi total del componente dramático en su trama. Tal vez sea porque el experimento no funcionó en la etapa anterior (personalmente no lo creo) o tal vez porque la poca duración de cada etapa obliga a centrarse en un único aspecto, algo que se solucionaría si, de una vez por todas, la serie adoptase un formato algo más tradicional para este tipo de producciones. Sea como sea, esa ausencia de drama hace que incluso los momentos más tristes de la evolución de los personajes se vean como algo anecdótico, centrando la atención en las caras más cómicas de los mismos. Es, por ejemplo, lo que ocurre con la ruptura de LeBlanc o la reconciliación de los guionistas, ambos momentos abordados más como un freno en el ritmo que como un altibajo emocional.

Otro de los aspectos que destacan de esta nueva temporada, y que también estaba presente en las anteriores, es la facilidad de los guionistas para combinar perfectamente las diferentes tramas que se desarrollan en la serie, componiendo un mosaico interesante de conflictos, acciones y reacciones que dotan al conjunto de una unidad espléndida. Que una conversación relacionada con la trama principal genere una serie de acontecimientos que afecten al resto de tramas es algo relativamente normal. Pero que dichos efectos permitan a la ficción evolucionar en conjunto indica que el arco dramático fluye de forma natural y armoniosa, lo que a su vez remite a la frescura y originalidad a la que hacía referencia al inicio.

Tal vez no sea una serie muy conocida. De hecho, da la sensación de que temporada tras temporada tiene problemas para continuar, como de hecho le ocurre a ‘Discos’, la serie que protagoniza Episodes. Pero desde luego es una de las propuestas más divertidas de la televisión, a disfrutar por aquellos que la siguen y a descubrir por aquellos que todavía no han tenido la oportunidad. Esta tercera temporada demuestra que no se trata de una sitcom al uso, en la que un capítulo apenas tiene que ver con el siguiente. Todo está conectado, tanto personajes como tramas, y esa es una seña de identidad de lo más interesante. Algunos tal vez argumenten que se echa en falta algo de peso dramático, pero en realidad importa poco. Sus personajes, sean o no dramáticos, sean o no cómicos, poseen una definición que no todas las comedias poseen. Y aunque solo fuera por eso merecería la pena asomarse a este rodaje de pesadilla. Por fortuna, hay más. Mucho más.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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