‘El niño’: jugando al contrabando en el estrecho


Jesús Castro es 'El niño' de Daniel Monzón.Si algo hay que reconocerle a Daniel Monzón (Celda 211) es su capacidad para aunar espectáculo y realismo en un único producto que, en líneas generales, siempre deja una sensación satisfactoria. Hay casos, como el del motín carcelario de su anterior film, en que alcanza cotas sobresalientes, pero en cualquier caso su nivel cinematográfico se mantiene normalmente alto. Su último proyecto no lo es menos, y aunque puede tener ciertas irregularidades de ritmo propias de una historia con tantas aristas como esta, el resultado final es notable, más si tenemos en cuenta el impresionante reparto del que hace gala la película.

Porque El niño podrá ser más o menos realista; podrá tener unas secuencias de acción rodadas con agilidad y muy del gusto hollywoodiense; incluso posee un cierto toque violento con esas salvajes muertes colgando de puentes. Pero al final son los actores y sus personajes los que sustentan buena parte del interés. Hablar de gente como Luis Tosar (También la lluvia), Sergi López (Tango libre) o Eduard Fernández (Luna caliente) sería reiterar la enorme calidad de unos intérpretes que pueden (y deben) ser considerados de lo mejor que ha dado el cine español. El que merece especial atención es Jesús Castro, joven debutante que carga sobre sus hombros un interesante personaje de mirada desafiante cuyo único objetivo es “no aburrirse”. Su labor, sobre todo en los momentos en que cruza el estrecho de Gibraltar perseguido por helicópteros, sorprende y engatusa a partes iguales.

A medio camino entre el thriller y la acción, Monzón compone un relato interesante sobre la vida en el estrecho y sobre las dos caras de un negocio en el que la traición, sea del bando que sea, se paga cara. Empero, la película se desinfla en la primera parte de su segundo acto en un intento por dotar a sus personajes protagonistas de un trasfondo algo más humano, más cercano y más profundo. Esto, aunque a la larga ayuda a comprender determinadas decisiones y actitudes, obliga al ritmo narrativo a reducir intensidad, centrándose en una historia de amor que bien podría haberse resuelto de forma algo más directa. Además, el argumento se toma su tiempo para hilvanar las diferentes tramas que se desarrollan en la primera parte de la película, lo que acentúa esa falta de ritmo.

Pero no es un obstáculo insalvable. De hecho, este tipo de problemas narrativos, que se dan en la mayoría de películas, beneficia en cierto modo a El niño. Evidentemente, en un primer momento el espectador puede perder cierto interés en la historia, sobre todo durante el cortejo del personaje de Castro, pero a la larga mucha de la información suministrada en esos minutos beneficia al desarrollo. Daniel Monzón demuestra de este modo que es posible hacer cine espectacular con un cierto toque nacional, lo que en ningún caso quiere decir “casposo”. Con una historia seria e intensa en las manos el director aprovecha para crear un reflejo de la vida al margen de la ley en un lugar en el que el contrabando está a la orden del día. Un thriller de acción, en definitiva, que bien podría haber producido algún gran estudio de Estados Unidos. Eso sí, sin las concesiones típicas que el beneficio económico les obliga a hacer.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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