‘Begin Again’, cine hecho música en una banda sonora


Gregg Alexander es el compositor de la banda sonora de 'Begin again', dirigida por John Carney.Uno de los objetivos por los que inicié este blog hace algo más de dos años consistía en poder analizar films y series de televisión desde diversos puntos de vista, desde el narrativo hasta el interpretativo, pasando por el visual y el sonoro. Y eso es lo que hoy propongo con la película Begin Again, comedia dramática musical estrenada hace unas semanas cuya crítica podéis encontrar en este rincón de internet. La obra de John Carney (Once) es uno de esos relatos audiovisuales que, a priori, basan su fortaleza en su música, pero que una vez vistos se erigen como algo mucho mayor convirtiéndose en historias que encandilan gracias a su honesto sentido del drama, que le impide caer en el tópico o la sensiblería. Película aparte, lo que evidentemente destaca sobremanera es su banda sonora, compuesta para la ocasión por Gregg Alexander, líder de la extinta banda New Radicals.

Muchos tal vez se pregunten por qué incluir un comentario sobre una banda sonora compuesta por canciones pertenecientes al pop. El motivo no es otro que la propia definición de banda sonora de una película musical. Estamos acostumbrados a que un musical, salvando contadas excepciones, sea una obra en la que sus personajes empiezan a cantar en mitad de la acción, utilizando la música para narrar emociones y situaciones. Para ello suelen componerse piezas que, a través de la rima (que en ocasiones brilla por su ausencia), desarrollan esos aspectos de los personajes y sus circunstancias. El caso de la película de Carney, empero, es muy diferente. La música es un personaje más que, como si de un secundario principal se tratara, influye en la vida de los protagonistas, pero en ningún caso les roba interés. Es en este equilibrio donde la labor de Alexander hace acto de presencia y adquiere especial relevancia.

En efecto, la labor del compositor del tema You get what you give puede parecer sencilla, pero va más allá de aportar una amplia cartera de canciones a Begin Again. Si uno analiza detenidamente las 16 pistas que componen el álbum aprecia al instante una unidad similar a la que puede encontrarse en cualquier película musical. Los temas pop, con sus diferencias y sus similitudes, suponen un conjunto único que, a diferencia de otras bandas sonoras en las que la música sigue el camino que marca la película, se antoja algo caótico. En este sentido, el oyente puede encontrarse un poco perdido si lo que espera es encontrar los temas de la película en el mismo orden en el que aparecen. Pero esto no impide que no sean identificables. Es más, su valor como música independiente es tal que ensalza lo que se ve en pantalla hasta el punto de poder identificar sin problemas los momentos a los que hace referencia.

Este último aspecto es tal vez el más significativo del disco. Funciona igual de bien tanto si se conoce la referencia fílmica como si no. Evidentemente, haber visto a Keira Knightley (London Boulevard) y a Adam Levine (serie American Horror Story: Asylum) interpretar las canciones da algo más de sentido a ciertas repeticiones que se dan en el CD, pero en cualquier caso no son imprescindibles para que canciones como Lost StarsTell me if you wanna go home funcionen como éxitos propios del mundo de la música. Se puede decir que Gregg Alexander logra combinar los diferentes estilos de bandas sonoras en un único compacto. No es una música que solo pueda entenderse dentro de una película; no es una música ya existente que sirva de base para un musical; no son canciones existentes que se añaden como acompañamiento para luego vender más discos. Es, simple y llanamente, una de esas obras que ganan enteros con el paso del tiempo porque es capaz de combinar todos esos aspectos, haciéndose asequible a un público más amplio.

De actores y cantantes

Una de las mayores evidencias de ese equilibrio entre cine y música que tan bien funciona en Begin Again es la presencia en pantalla de Knightley y Levine. Actriz y cantante ejemplifican la dualidad del film entre imagen y sonido, dos mundos que muchas veces quedan supeditados uno al otro pero que en manos de Carney se hallan en igualdad de condiciones. Curiosamente, no se trata de que uno sea cantante y la otra sea actriz, sino de la capacidad de ambos para aunar en sus respectivas figuras lo mejor de ambos mundos. La protagonista de Anna Karenina (2012) se revela como una voz melódica, suave y capaz de, al menos, interpretar canciones pop con una cierta carga dramática bastante mejor que muchas estrellas juveniles de hoy. Por su parte, el líder de la banda Maroon 5 confirma que no es capaz de aportar, aunque sea en papeles secundarios, una cierta entereza a sus personajes, no siendo simplemente una cara bonita que quede bien en el cartel promocional.

Como no podía ser de otro modo, son ellos los que copan la práctica totalidad de las 16 canciones de la banda sonora, permitiendo comparar voces y estilos a todo aquel que quiera escuchar. Más rítmico y melódico él, más pausada y suave ella, sus interpretaciones del tema principal del disco, Lost stars (que encontraréis al final del texto), dan una idea de las interesantes diferencias entre ambos. Diferencias que, por cierto, están en el corazón de la película, que revela de este modo las diferentes formas de entender la música. Y es aquí donde volvemos a encontrar la relevancia de la obra de Alexander. Que sea capaz de transmitir a través de diversas canciones el sentido general del film es brillante. Y que además se permita la libertad de crear temas musicales que funcionen independientemente de la película, y con distintas versiones dirigidas a públicos diversos, es lo que convierte a esta banda sonora en algo diferente.

Begin again se convierte, por tanto, en una banda sonora diferente, especial en muchos sentidos. Desde luego, si la película gusta es gracias a una música atractiva que crece en relevancia a medida que pasan las semanas y se rememoran las escenas a través de la música. Empero, lo que más sorprende al escuchar las canciones por separado es la facilidad con la que transmiten no solo la historia del film, sino su propia identidad, su propia historia. Es aquí donde la labor de Gregg Alexander se vuelve imprescindible, pues aunque parezca sencillo alcanzar ese equilibrio es una de las tareas más complicadas que puede haber en la realización de una película. Como decía antes, ni la música se somete a la historia ni la historia queda eclipsada por la música. Gracias a la colaboración de Carney y Alexander, de Knightley y Levine, ambos aspectos de la producción van de la mano y se complementan para narrar algo más de lo que se puede ver o escuchar.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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