‘Lucy’: los excesos de utilizar el 100% del cerebro


Scarlett Johansson es 'Lucy', el siguiente paso evolutivo según Luc Besson.Luc Besson es uno de esos directores europeos cuyo cine se aleja de lo que se conoce como cine europeo. Su sentido de la espectacularidad y su agilidad narrativa, vistas en en películas como El profesional (Léon) (1994) o El quinto elemento (1997), se aproximan más al formato hollywoodiense que a los estándares del viejo continente. Esto puede ser visto por algunos como una virtud, y por otros como un defecto. En realidad, Besson ha logrado encontrar el equilibrio entre ambos extremos, y su última película es un claro ejemplo de ello, pues su desarrollo va de más a menos para sacar a la luz todos los aspectos positivos y negativos del cine espectáculo con toques reflexivos.

Lucy juega con la idea de que el ser humano solo utiliza un 10% de su capacidad cerebral. Independientemente de que esto sea cierto o no, el director lo convierte en una sólida base para arrancar unos primeros minutos simplemente brillantes en los que un diálogo entre un hombre y una mujer se intercala con imágenes del mundo animal que inciden en el carácter peligroso y traicionero de dicha conversación. Con la frescura que le caracteriza Besson da paso a un thriller intenso en el que brillan con luz propia tanto Scarlett Johansson (Las hermanas Bolena) como Choi Min-sik (Sympathy for Lady Vengeance), este último disfrutando del sadismo de su personaje. Es durante esta primera mitad que tanto guión como lenguaje visual conjugan un interesante equilibrio entre intriga y ciencia ficción, haciendo partícipe al espectador del despertar del ser humano a un mundo completamente nuevo gracias a ese desarrollo cerebral que antes mencionaba.

Pero al igual que le ocurre a la protagonista cuando alcanza el 100% de su capacidad mental, el devenir de la película se vuelve caótico y, en pocas palabras, escapa del control de su creador. A medida que los poderes del personaje de Johansson son cada vez más grandes las posibilidades de exageración son mayores. Para ello, y como no podía ser de otro modo, el film solo explica lo que podría ocurrirle al ser humano con una capacidad de, digamos, el 40%. De ahí en adelante es pura especulación dentro de la propia ciencia ficción, lo cual es rizar el rizo innecesariamente, además de crear una serie de vacíos teóricos que dan lugar a dudas razonables. El resultado se ve abocado, por tanto, a repetir teorías y esquemas vistos en otros films, dando al personaje principal un destino que trasciende su propio cuerpo, en un final que mezcla tantas referencias cinematográficas que es inútil enumerarlas todas.

De este modo, Besson convierte a su Lucy en un producto que termina siendo excesivo. Entretiene como pocas películas de géneros similares, y sus actores demuestran que se puede realizar una notable labor incluso con personajes que tienen pocas caras. Sin embargo, dicho entretenimiento excede sus propios límites, convirtiéndose en una especie de reflexión sobre la necesidad de un cuerpo humano una vez que la mente alcanza su plenitud. Reflexión que, por cierto, viene a ser la misma que la de otras películas de ciencia ficción, lo que a la larga provoca la sensación de estar ante algo conocido. En cualquier caso, y mientras el thriller y la acción se imponen a las sesudas reflexiones evolutivas, la película es un logro narrativo y visual notable.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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