‘Jumanji’, un juego de mesa del que Robin Williams pudo escapar


Robin Williams sobrevivió a los peligros de la selva de 'Jumanji'.El actor Robin Williams, famoso por sus papeles en Good Morning, Vietnam (1987) o El club de los poetas muertos (1989) moría ayer a los 63 años tras lo que parece ser un suicidio motivado por una depresión. El mundo del cine llora su pérdida de muy diversas maneras, y desde Toma Dos vamos a homenajearle recordando uno de sus films más interesantes. La verdad es que en una filmografía tan abultada como la del actor de El indomable Will Hunting (1997) es difícil escoger un solo título. Lo más normal sería recordar sus grandes clásicos o sus roles más cómicos, pero en lugar de eso voy a tratar una de las obras que más han marcado la juventud de miles de niños, amén de recuperar la pasión por los juegos de mesa: Jumanji (1995).

 Dirigida por Joe Johnston (Capitán América: El primer vengador) y basada en el libro de Chris Van Allsburg, la película narra las aventuras de dos niños que encuentran un viejo juego de mesa con la capacidad de convertir en realidad todo lo que ocurre en el tablero. Leones, arañas gigantes, plantas venenosas o cazadores implacables son algunos de los peligros a los que deben enfrentarse, aunque no lo hacen solos. Décadas atrás, un niño quedó atrapado en el juego. Ya adulto, es liberado, debiendo terminar la partida si quiere que todo su mundo vuelva a la normalidad. Como puede apreciarse, la trama es una aventura familiar, aunque conviene realizar una serie de matices que la distinguen notablemente de otros títulos que se encuentran bajo la misma categoría.

El primero de ellos, y que tiene que ver con Williams, es que el espectador asiste a la transformación del personaje protagonista. Y me explico. La película utiliza el mágico juego de mesa para cambiar por completo el rol de Robin Williams, convirtiéndole en un personaje casi tan cruel como las criaturas a las que debe enfrentarse. Su posterior evolución, motivada por su contacto con la realidad y el afecto del resto de personajes, es quizá uno de los trabajos menos vistosos y más notables del actor, quien es capaz de transmitir los distintos matices que identifican a este niño obligado a madurar en una selva salvaje. El miedo a volver a jugar, el individualismo o la frialdad con la que trata a los niños (uno de ellos, por cierto, es una jovencísima Kirsten Dunst), en los que ve un pasado que nunca pudo disfrutar, ofrecen al intérprete una serie de herramientas con las que compone un personaje bastante más complejo de lo que podría considerarse en un primer momento.

Otro de los aspectos a destacar de Jumanji, y muy relacionado con el anterior, es la simetría que se establece entre los adultos y los niños. Viendo la imagen que acompaña este texto uno podría pensar que se trata de una familia bien avenida, pero nada más lejos de la realidad. Los niños no tienen relación alguna con los adultos, quienes por cierto iniciaron el mismo juego cuando tenían la edad de los chicos. Se establece así una especie de paralelismo entre generaciones alrededor de un elemento atemporal cuyo valor, tanto positivo como negativo, es igual para los cuatro personajes. Cabe destacar la relación que se establece entre Williams y el joven Bradley Pierce (Los Borrowers), dos caras de una misma moneda. Los momentos de frustración del adulto volcados en el niño retoman esa idea de un niño en un cuerpo de adulto que ha crecido sin infancia.

Una historia con efecto

Aunque lo más positivo del film es sin duda su capacidad para aunar trama y efectos. Con un desarrollo dramático notable, la película marca los tiempos para convertir la historia en algo más que una aventura. Sin llegar nunca a generar miedo, sí es capaz de crear inquietud y momentos de cierto calado dramático, lo que al final termina por impregnar todo el conjunto. Y es que lejos de ser una obra desenfadada, la película protagonizada por Williams posee un tono algo oscuro, alejado por completo de la característica general del cine familiar. Gracias a la estructura del arco dramático Johnston compone un viaje emocional y físico que cambia a los protagonistas, pero que también permite al espectador sumergirse en un mundo que nunca aburre, y tan solo en algunos momentos hace concesiones.

En este sentido, los efectos especiales y digitales están a las órdenes de las necesidades dramáticas de Jumanji. Y eso que existen varios momentos en los que el exceso podría adueñarse del desarrollo. Empero, el director opta en todo momento por el toque físico, por convertir esta aventura en algo que los propios actores puedan sentir y tocar. Esto, evidentemente, genera algunos momentos en los que se nota el truco, pero en líneas generales enriquece el sentimiento que desprende en todo momento este clásico, algo a lo que contribuyen las reacciones de Williams, quien se mimetiza con ese mundo selvático que surge del tablero hasta el punto de confundir realidad y ficción. Como toda aventura, la presencia de efectos va en aumento a medida que avanza la trama hasta esa conclusión en la que el juego acaba y todo vuelve a la normalidad, pero incluso en este final los trucajes siguen siendo parte de la historia, y no al revés.

No cabe duda de que el film no es únicamente Robin Williams, pero al igual que en otros títulos protagonizados por el fallecido actor, su presencia se convierte en parte fundamental de la trama. Su facilidad para aunar en un único personaje humor y drama, ironía y amenaza, aporta a la película el equilibrio necesario para no considerar al protagonista un modelo de héroe, humanizando el rol para hacerlo cercano al espectador, natural y accesible. Se podría considerar esto como su carta de presentación, y sin duda es el motivo por el que muchos de sus grandes personajes no son cómicos, sino dramáticos. El hecho de que nunca se entregue al drama y de que sea capaz de encontrar ciertos rasgos humanos y divertidos en sus papeles es lo que permite al espectador ser más accesible a lo que ve en pantalla.

Desde luego, en Jumanji lo logra. Gracias a Williams el protagonista puede moverse por el terreno movedizo de su trágico y oscuro pasado, su personalidad modificada como consecuencia de la supervivencia en solitario, y su deseo de recuperar la vida que le fue arrebatada. Aunque por supuesto, la película no sería el clásico que es si solo contase con el actor. Esta reflexión sobre la falta de infancia, unido a la defensa de la imaginación y los juegos de mesa, es lo que convierte al film en una aventura atemporal, única y capaz de hacer disfrutar a generaciones enteras. Un título del que han pasado casi 20 años, pero por el que no pasan los años. Y un título por el que Robin Williams siempre será recordado, pasen los años que pasen.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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