‘Troya’, o la obra de Homero bajo un prisma realista de la guerra


Brad Pitt acabará con la vida de Eric Bana en el duelo que ambos protagonizan en 'Troya'.En unos días llegará a España Hércules, nueva superproducción de corte épico que trata de poner al día personajes e historias de la Grecia y Roma clásicas. En estos días he tenido la oportunidad de revisar un film que hace justamente 10 años llegaba a las pantallas de todo el mundo no exenta de cierta polémica. Se trata de Troya, la adaptación de La Ilíada de Homero dirigida por Wolfgang Petersen (Estallido) y adaptada por David Benioff, el mismo que está ahora mismo tras el éxito de Juego de Tronos. Una película que, más allá de su apartado técnico y de una serie de concesiones a la épica y el dramatismo, supone un acercamiento bastante fiel a la obra clásica y, porqué no, a los acontecimientos históricos que en teoría narra.

De hecho, salvo detalles como el arco temporal en el que transcurre la acción o la presencia de los dioses griegos en la historia, la película de Petersen es un reflejo de las pasiones, los ideales y las motivaciones que se recogen en la obra literaria. Benioff logra eliminar todos aquellos aspectos fantásticos del desarrollo dramático para convertir la trama en algo realista que se mueve al son de objetivos de lo más terrenales. Objetivos que, como digo, están presentes en los versos de Homero aunque maquillados por la influencia divina. El personaje que mejor representa esto es, como no podía ser de otro modo, Aquiles, al que da vida un incomparable Brad Pitt (Guerra Mundial Z). Más allá de su condición de estrella; más allá de su forma física o de su belleza, el actor logra convertirse en el famoso héroe griego entre otras cosas porque sobre el papel el rol está definido como un guerrero consciente de su trágico final, que acepta de forma crítica y consciente de las consecuencias.

Tanto guionista como director conforman en torno a la figura del personaje una historia que apenas posee descanso, creando un guión casi perfecto desde un punto de vista teórico que, a pesar de todo, comete algunos errores de carácter más dramático. Ambas ideas son consecuencia directa del contenido de La Ilíada. Si uno lee entre los versos de la obra comprenderá rápidamente que todos los conceptos de la moderna teoría del guión se encuentran donde deben estar, o lo que es lo mismo, planteamiento, nudo y desenlace avanzan con los puntos de giro y las incorporaciones de las tramas secundarias que tanto se buscan hoy en día, muchas veces sin conseguirlo. Pero del mismo modo, desde un punto de vista dramático la obra de Homero introduce la presencia divina de forma tan arraigada en la trama que el hecho de eliminarla en Troya provoca que sus huecos deban ser rellenados con ideas secundarias que pueden resultar algo débiles.

En otro orden de cosas, y por si acaso alguien no ha tenido la oportunidad de acercarse a la historia original, la película recoge acontecimientos que no aparecen en la epopeya, entre ellos el propio rapto o huída de Helena (a la que da vida Diane Kruger, ahora disfrutando del éxito de The bridge) o el ataque a la ciudad con el famoso caballo de madera como figura representativa. Dichos acontecimientos, muchos de ellos pertenecientes a otras obras, completan una historia de una forma un tanto particular, modificando el futuro de muchos personajes y ofreciendo una visión más coherente y realista de muchos otros, como es el propio Aquiles. Todas estas modificaciones son, lejos de artimañas de cara al público masivo, una herramienta necesaria para definir de forma mucho más clara el carácter de cada personaje, su semblante y su papel dentro de la épica batalla por la ciudad inexpugnable.

Personajes semidivinos sin divinidad

Ese es el motivo de que, por ejemplo, los villanos de la función no sean los troyanos, sino el líder de los griegos, interpretado por Brian Cox (Templario). Del mismo modo, el papel de Héctor se modifica lo suficiente para destacar su honorabilidad, su templanza y su inteligencia, aspectos todos ellos que quedan potenciados con la interpretación de Eric Bana (Hulk). Incluso un papel tan secundario en esta obra como el de Sean Bean (GoldenEye), Ulises en la ficción, queda perfectamente definido en momentos muy puntuales de la trama, evidenciando una historia en la que la línea que separa héroes de villanos es extremadamente fina. La verdad es que si uno analiza las obras de Benioff rápidamente puede encontrar ciertos paralelismos entre ellas en este aspecto.

Pero como decía al comienzo, uno de los elementos más atractivos de Troya es su capacidad para narrar los acontecimientos de forma “aséptica”, eliminando por completo la presencia física y real de los dioses, quienes tienen una papel determinante en la epopeya de Homero. Es más, su valor puede considerarse como contraproducente, pues se les trata como meras creencias encarnadas en ídolos cuya fuerza es nula. Esto obliga a Benioff a dar un nuevo sentido a algunos de los mitos más conocidos de esta historia, como la idea de la invulnerabilidad de Aquiles o ese aura de grandes guerreros de todos los héroes que participan en la contienda. En líneas generales, el guionista sale airoso de la tarea al encontrar una justificación que encaja en cada uno de los mitos, como es la muerte de Aquiles por un flechazo en el talón o el estilo de combate de éste y de Héctor, quienes por cierto protagonizan una lucha frente a las murallas de Troya muy bien desarrollada.

Mención aparte merecen los efectos especiales, algunos de ellos ciertamente toscos. Si bien es cierto que la película gana bastantes enteros en los momentos bélicos y los planos cortos, las secuencias que requieren de una magnitud mayor tienden a quedar resueltas de forma rápida y poco detallada, como si no fuese necesario cuidar un aspecto en el que, siendo sinceros, cada vez es más fácil encontrar el fallo. Que las naves griegas se repitan cada cierto número o que las multitudes no reaccionen como deberían ante algunos acontecimientos son muestra de que Petersen siempre ha sido un director que se ha encontrado más cómodo en el apartado físico y real de un rodaje que en el digital. Afortunadamente, no es esta película una obra que base su grueso dramático en esta técnica, por lo que al final su influencia queda reducida a una serie de momentos puntuales que, eso sí, deslucen algo el conjunto.

En cualquier caso, Troya no puede ni debe verse como una traslación a imágenes de la obra de Homero, sino como una adaptación que bucea en los aspectos más humanos y reales de la contienda. Las reflexiones de Aquiles o los intereses personales y ambiciosos de Agamenón son pruebas de que los personajes persiguen, ante todo, su propia gloria, situando a los dioses como meros referentes en los que, curiosamente, pocos personajes creen. Todo esto lleva a una visión de los acontecimientos más próxima a lo que debió ser la realidad que se esconde tras La Ilíada, en la que los intereses estratégicos fueron justificados por una mujer. Puede que el guión flaquee en algunos momentos, sobre todo en los aspectos más románticos. Y sin duda el apartado digital no posee la calidad que podría esperarse de una superproducción. Pero supone un buen ejercicio fílmico de adaptación y reinterpretación de una de las obras más importantes de la Historia.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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