‘El Planeta de los Simios’, denuncia social de los errores humanos


Charlton Heston debe sobrevivir en 'El Planeta de los Simios', dirigida por Franklin J. Schaffner.Si algo bueno tienen los remakes, secuelas y precuelas es que ponen el foco sobre obras precedentes normalmente más interesantes o que han adquirido con los años la categoría de clásicos y referentes cinematográficos. El estreno de El amanecer del Planeta de los Simios tiene, en este sentido, una doble función: refrescar lo narrado en El origen del Planeta de los Simios (2011), de la que es secuela, y rememorar el clásico de 1968 protagonizado por Charlton Heston (Ben-Hur) y dirigido por Franklin J. Schaffner (Patton). Adaptación de la novela de Pierre Boulle, El Planeta de los Simios se ha convertido con los años en una obra cumbre de la ciencia ficción, y es una declaración de intenciones desde el primer minuto. Más o menos como le ocurre a la más reciente de las entregas de la saga, la cual por cierto realiza varios guiños al original.

Un original que, para quien todavía no haya podido verlo, narra el viaje interestelar que realizan cuatro astronautas cuya misión se centra en demostrar las consecuencias físicas y temporales de viajar a la velocidad de la luz. El viaje, que según los indicadores ha durado varios siglos, termina de forma brusca cuando la nave se estrella contra un planeta desierto en el que parece no haber vida. Las tres supervivientes del accidente emprenden entonces una exploración del entorno, encontrándose durante el recorrido con un grupo de humanos cuya forma de vida se asemeja a los animales. Sin embargo, la sorpresa llega cuando dichos humanos, junto a los tres astronautas, son capturados por un grupo de simios a caballo. El único superviviente de los exploradores es confinado a una jaula a pesar de sus intentos por hacer comprender a los simios su verdadero origen. Su lucha le llevará a rebelarse contra sus captores y a buscar el motivo por el cual en dicho planeta los simios evolucionaron más que los humanos.

Cualquier resumen general de la historia permite apreciar una serie elementos característicos de la trama que se han mantenido, en mayor o menor medida, a lo largo de todas las películas: la denuncia del comportamiento humano con su entorno, tanto animal como vegetal. El discurso que pronuncia el personaje de Heston en la primera secuencia del film deja patente el tono que seguirá el resto del argumento. Los lamentos del personaje y las críticas hacia una sociedad marcada por el egoísmo y la soberbia son los que, posteriormente, se trasladan a la raza superior de simios, que trata a los humanos en los mismos términos que denuncia el protagonista. Esta idea de simios con comportamiento humano permite a Schaffner presentar algunas instantáneas de lo más interesantes y reveladoras, como son la foto que se hacen los simios después de la cacería o el terror que siembra un humano en libertad por las calles de la ciudad simia. No es difícil encontrar similitudes con lo que puede verse hoy en día.

Evidentemente, esta idea de simios como humanos es capital en una película que se titula El Planeta de los Simios. Empero, no se trata únicamente de mostrar a los animales como seres racionales y viceversa, sino de establecer un paralelismo entre dos sociedades a priori tan diferentes. En las nuevas entregas de la saga este proceso se desarrolla a través del personaje central de César; en el original es Charlton Heston el que lleva ese peso sobre sus hombros. Su personaje, cínico y con una visión más bien negativa del ser humano y del mundo que ha construido, evoluciona hacia un rol algo menos sombrío pero igualmente crítico, esta vez con los simios. Resulta muy interesante comprobar cómo la idea que subyace en este proceso es que la inteligencia y el conocimiento, o mejor dicho el miedo a éstos, es lo que define a las dos sociedades de las que reniega el protagonista, encontrando algo de paz en esos seres humanos que poseen la inocencia de los animales. En cierto modo, y esto es algo que recupera la última de las películas de la saga, la pérdida de esa inocencia es lo que termina por corromper a la sociedad.

El final inesperado

Este mensaje, esta actitud desencantada del protagonista, adquiere una mayor relevancia a medida que avanza el film y el espectador descubre nuevos matices de ese planeta gobernado por simios, llegando a su máxima expresión con esa revelación final que, para quien no sepa nada del film, supone un shock similar al que sufre el personaje. La compresión del verdadero significado de todo lo que se desarrolla en la historia es uno de los mejores y mayores giros argumentales de la historia del cine, y por extensión de la cultura. Y no solo porque determine el carácter completo del film (que por cierto ofrece nuevos matices una vez se conoce el desenlace), sino porque sitúa a los simios en un estatus social nuevo y mucho más identificable con la sociedad humana, dominado por el miedo a revelar unos orígenes que, como se deja entrever en algún momento de la trama, se han tergiversado y manipulado para dominar al resto de los simios.

Resulta sencillo identificar en buena parte de las confrontaciones morales que se dan entre los propios simios las discusiones que hasta no hace mucho se mantenían en nuestra sociedad. Concretamente las relacionadas con el determinismo y la evolución natural. Escuchar a los simios rechazar ideas como que el humano es el animal del que han evolucionado, o que su inteligencia puede ser similar a la de los simios, es tan irónico como reflexivo. Y las reacciones que esto provoca, producidas sin duda por el miedo a perder el control sobre una sociedad alienada, son francamente reveladoras si se hace un paralelismo con lo que estamentos como la Iglesia han defendido durante siglos. En este sentido, la imagen de los tres simios tapándose ojos, orejas y boca es todo un derroche de imaginación y ácida crítica.

Todos estos conceptos son, como decimos, comunes a las nuevas entregas, que aprovechan los huecos dejados por El Planeta de los Simios para narrar una historia distinta pero identificable. Incluso se pueden encontrar ciertos homenajes, como el nombre de “Ojos azules” o los simios a caballo. En cierto modo, incluso el diseño de los personajes puede tener su evolución lógica, salvando las distancias evidentes entre el maquillaje tradicional y el diseño digital de los simios. Técnicas aparte, la idea de que han pasado varios siglos y de que los simios han evolucionado permite al espectador adaptar su mente a la idea de unos simios erguidos, muy parecidos unos a otros y diferenciados, casi exclusivamente, en el color de su pelo. No hay, como sí ocurre en las nuevas entregas, una variedad de razas, al menos no de una forma visual. Sí existe, en cambio, un clara organización social en la que los diferentes tipos de simios tienen su función, como se explica en varios momentos de la trama. Esto permite, en definitiva, asemejar aún más la sociedad de los simios a la humana.

Posiblemente El Planeta de los Simios sea uno de los mejores argumentos para defender la idea de que la mejor crítica y el mejor análisis social suele venir de la mano de una obra de ciencia ficción. En este caso, la presencia de una sociedad simiesca pone de manifiesto los errores del comportamiento humano y sitúa al hombre en la posición de criatura dominada, despreciada y utilizada como conejillo de indias. Toda una declaración de intenciones que, como decía al comienzo, queda patente desde ese primer minuto en el que el personaje de Heston hace un resumen de todos los errores de la Humanidad. Todo ello queda eclipsado y al mismo tiempo engrandecido por ese final tan simple como devastador que pone patas arriba la concepción del propio film. Lo que más suele recordarse de este clásico es ese giro final, es cierto, pero un análisis más en profundidad de su trama permite apreciar que es dicha conclusión la que pone al film en el lugar que le corresponde. Un referente sociocultural imprescindible de los años 60 del siglo XX que dio origen a toda una saga cuyos orígenes se explican en pleno siglo XXI.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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