‘Mil maneras de morder el polvo’: y mil más de saturar con excesos


Seth MacFarlane escribe, dirige y protagoniza 'Mil maneras de morder el polvo'.Cada vez tengo más claro que no hay género más subjetivo que la comedia, sobre todo si esta viene firmada por un reputado cómico. Los estilos personales, las bromas sobre los mismos temas y hasta similares gags suelen repetirse en cada actuación. No hay más que ver a Adam Sandler (El aguador). Por eso la nueva película de Seth MacFarlane, cuya fama le llegó con la serie de animación Padre de familia, es tan… Padre de familia. Los recursos habituales del guionista/director/protagonista se suceden uno tras otro sin dar pie a un humor distinto, lo que a la larga acaba resultado monótono.

Aunque tal vez la sensación de que Mil maneras de morder el polvo podría haber sido algo más disparatado provenga en realidad de su excesiva duración. Casi tan excesiva como algunos de los escatológicos gags que, una vez más, recurren a una elongación temporal para, de este modo, confirmar la teoría de que la repetición es divertida. Aquellos que disfruten con sus producciones televisivas sin duda apreciarán estos momentos; los que no soporten ni 15 minutos frente al televisor difícilmente aguantarán las dos horas de metraje (de hecho, lo más probable es que ni se acerquen a las salas). Todo esto, por desgracia, termina devorando una historia que, en líneas generales, está bien llevada, con personajes cuanto menos curiosos y algunas críticas hacia el modo de vida americano de lo más ácidas, y con muchas y divertidas referencias al cine de todas las épocas.

Es más, son estos momentos los mejores de toda la película. Que en medio de la trama se introduzca una referencia a Regreso al futuro III (1990) o que la conclusión del film cuente con la presencia de Jamie Foxx en el papel de Django son solo algunos ejemplos de la originalidad y frescura con la que cuenta su argumento más allá de bromas pasadas de rosca o de reiteraciones innecesarias. Asimismo, es muy destacable la labor de todos los actores, sobre todo de Giovanni Ribisi (serie Friends) y Sarah Silverman (Los Muppets), que conforman la pareja más divertida y surrealista del cine. Es el reparto el que soporta prácticamente todo el peso de la acción, sobre todo cuando ésta se ralentiza debido a ese humor tan particular de MacFarlane.

Es de agradecer, por tanto, el homenaje al western que hace su director y protagonista, así como algunos momentos realmente logrados, tanto cómicos como de acción o dramáticos (siempre dentro de unos parámetros, claro está). El problema de Mil maneras de morder el polvo está en su propia naturaleza, o mejor dicho en la de su autor. La insistencia en repetir guiños y bromas, así como en alargar algunas conversaciones hasta el absurdo, perjudica notablemente el ritmo de la historia, a la que de todas formas le sobran varios minutos independientemente de que guste más o menos el tipo de humor planteado en el film. Da la sensación de que la trama avanza con demasiada lentitud, enrocándose en sus propios fallos y virtudes en demasiadas ocasiones. Algunos momentos merecen la pena, es cierto, pero podría haber sido mucho mejor.

Nota: 5,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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