‘Los que matan’, una serie distinta de irregular y difícil comienzo


Chloë Sevigny y James D'Arcy protagonizan la primera y única temporada de 'Los que matan'.Tal vez no nos demos cuenta, pero hay producciones que son sumamente reveladoras. Ocurre sobre todo en la televisión, donde el nivel alcanzado por las series es extremadamente alto. Esto ha generado dos fenómenos contrapuestos pero muy relacionados. Por un lado, las buenas ficciones son admiradas como obras de arte; por otro, aquellas producciones que no enganchan desde el primer momento están abocadas, más tarde o más temprano, al fracaso. Una de las pruebas más evidentes es Los que matan, adaptación norteamericana de una serie danesa que se ha encargado de realizar Glen Morgan (Willard) y cuyo planteamiento, tanto formal como narrativo, es extraño y complejo, situado en los puntos comunes de diversas series policíacas o con asesinos como protagonistas. No obstante, el principal motivo de que solo haya durado una temporada es que su comienzo es excesivamente misterioso.

Uno de los pilares en la creación de las historias es que los personajes crezcan con la trama. Sus luces y sus sombras deben presentarse a medida que el arco dramático se desarrolla y a través de sus decisiones ante los retos que afrontan. Pero para ello debe existir una cierta base previa, lo que se conoce como la presentación de los personajes. El problema de la serie es que dicha presentación es extremadamente parca, casi inexistente. El episodio piloto sitúa a cada protagonista en un momento de su vida que el espectador no es capaz de identificar. El caso más llamativo es el del rol interpretado por Chloë Sevigny (Zodiac), policía protagonista atormentada por un pasado de abusos sexuales hacia su hermano por parte de su padrastro. Más allá de que su definición sobre el papel es un tanto radical, lo que despista es el hecho de que su introvertida venganza no se desvela hasta pasados varios episodios, por lo que todas sus decisiones hasta ese momento no logran explicarse claramente.

Esto, unido a los traumas del pasado del personaje de James D’Arcy (Hitchcock), que también tardan en explicar su verdadera naturaleza, convierte los primeros compases de este thriller en un rompecabezas de difícil aceptación. Sobre todo en un panorama televisivo con una oferta tan amplia y competitiva. Posiblemente aquellos que logren superar los primeros tres capítulos se encuentren ante un producto fascinante que encuentra giros argumentales prácticamente a cada paso, con unos personajes que, una vez comprendidos, resultan de lo más atractivo. Pero el problema es soportar y respetar la incomprensión de esos primeros episodios en los que el caso policial se convierte en una especie de catarsis del resto de la trama. Dicho asesino en serie se convierte en la chispa que activa no solo a los personajes, sino a esa investigación paralela que hacen los protagonistas. Es, por tanto, un planteamiento diferente al que la gran mayoría de la gente está poco acostumbrada, pero que termina derivando en una producción notable.

De hecho, y a pesar de las numerosas referencias a otras series que se pueden encontrar a lo largo de la primera temporada de Los que matan, todo en esta ficción tiene una estética sobria, malsana e incluso aterradora, pero con un estilo propio y único. Su estructura, que abordaré a continuación, equilibra las tramas episódicas con el formato de temporada. Sus enganches de final de episodio se fundamentan en las revelaciones de una investigación que en todo momento juega con la idea de estar ante una obsesión desquiciante de una mujer traumatizada. Por cierto, la labor de Sevigny en este sentido es más que notable, aportando a su rol un aire triste y torturado que justifica, en buena medida, algunas de las decisiones más polémicas que presenta esta temporada. Es, por tanto, una producción que busca en todo momento sorprender al espectador sin filigranas o recursos del tipo deus ex machina, sino con un argumento elaborado, plagado de sombras y con un pasado lo suficientemente sólido como para justificar los actos de los protagonistas.

Asesinos seriados

Como decía al inicio, la serie adaptada por Morgan es uno de los productos más extraños que se pueden ver en la televisión. Desconozco cómo será el original, aunque si la adaptación es fiel no es difícil hacerse una idea aproximada. Si los personajes arrastran ya de por sí un pasado turbulento que les ha convertido en unos seres incluso más peligrosos que los asesinos que persiguen (algo que la serie maneja con cierta irregularidad, lo cual es una lástima), la forma de narrar por parte de los responsables es si cabe más compleja. En líneas generales, la serie maneja dos grandes tramas que, al igual que otras series similares, corren de forma paralela. Por un lado, los casos policiales; por otro, la investigación de la protagonista para reparar un error del pasado que la atormenta. Hasta aquí todo normal.

La novedad llega al analizar cada una de ellas. La investigación personal del rol de Sevigny, con sus luces y sus sombras transcurre por derroteros más o menos habituales. Es cierto que su obsesión genera algunas situaciones demasiado forzadas (caso del final del episodio 9), pero tienen su resolución es sólida. Empero, los asesinos en serie que debe perseguir son de todo menos habituales, no solo en sus formas de matar, todo un compendio de imaginación criminal, sino en su desarrollo. Los que matan utiliza entre dos y tres capítulos para cada uno de los asesinos que persigue la protagonista, utilizando algún caso episódico a modo de transición que permita, a su vez, centrar más la atención en la turbada personalidad de la policía y su colaborador. Más allá de que las reflexiones del personaje de D’Arcy surgen casi de la nada (algunas incluso antes de que se vea al asesino en acción), lo llamativo es que estos asesinos seriados generan violencia y rechazo en el espectador, pero no duran el tiempo suficiente como para que apoyen la identificación con los “buenos”.

Esto, en definitiva, lo que provoca es que el tono general de la serie tenga un cierto descontrol. Cuando el espectador empieza a comprender a los personajes en un contexto este cambia y se adapta a un nuevo criminal que, todo hay que decirlo, aporta su grano de arena a la investigación paralela. En total se dan cita unos cuatro asesinos a lo largo de la temporada, algo cuanto menos diferente en la estructura a la que el thriller policial nos tiene acostumbrados. No es algo negativo, ni mucho menos, pero sin duda es un elemento más que engrandece la imagen de que esta producción es un producto extraño al que solo los espectadores más curiosos y ávidos por historias frescas estarán dispuestos a investigar. La recompensa, dicho sea de paso, es bastante justa. A medida que la mente se acostumbra a esta estructura es capaz de disfrutar más de la complejidad de personajes y trama, llegando al clímax con ese final de temporada que deja el interrogante planteado a lo largo de los episodios en el aire de la mejor (y peor) forma posible.

El balance general de Los que matan debería ser positivo. Es una serie interesante, con personajes muy elaborados y unos asesinos en serie que ya querría tener Dexter Morgan en su mesa de operaciones. El tono bucólico, sobrio y algo deprimente de la serie aporta además un fatalismo ideal a cada decisión y cada acción. Pero todo ello solo podrá experimentarse si se asume un cierto caos en los primeros episodios. Un caos producido por un intento de sus responsables de mostrar un producto misterioso y enigmático que lo que provoca en realidad es cansancio y un cierto rechazo. A tenor de los resultados que ha tenido es de suponer que buena parte de sus espectadores abandonaron en favor de otras ficciones. Reitero que esto posiblemente se deba a los tiempos que corren y no a la propia serie, pero eso es algo que también hay que valorar. Superados los primeros compases, los amantes del thriller encontrarán una atractiva propuesta. Eso sí, que nadie se ponga cómodo. Los 10 episodios de su primera temporada son los únicos de la serie.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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