‘Amanece en Edimburgo’: un nuevo día musical e irregular


La vida de los protagonistas de 'Amanece en Edimburgo' se verá alterada por un secreto del pasado.Inspirarse en un musical de éxito es un arma de doble filo. Sobre todo si el éxito es duradero lejos de las luces y el espectáculo de Broadway. Hay ejemplos tanto a favor como en contra de estas adaptaciones; ejemplos que no dejan lugar para posibles interpretaciones contradictorias. El caso de la nueva película de Dexter Fletcher (Wild Bill) es uno de los pocos que se quedan en tierra de nadie, principalmente por un cúmulo de factores que dan como resultado una obra irregular, con ritmo intermitente y aportaciones visuales sin demasiado entusiasmo. Aunque lo más curioso de todo son las sensaciones que deja en el espectador.

Me imagino que cualquiera que se acerque a Amanece en Edimburgo lo hará sin la convicción de ver un intenso drama con giros argumentales a cada cual más trágico. Evidentemente, el carácter musical de la obra resta gravedad a los acontecimientos de la historia, pero con todo y con eso el film adolece de ciertos altibajos en su desarrollo que, además, son más o menos previsibles. Las rupturas de las parejas, los secretos del pasado o los conflictos de identidad quedan diluidos en una serie de giros argumentales sin demasiada fuerza. Y esto no se debe únicamente al formato musical, sino a un planteamiento que busca sobre todo hacer evolucionar a unos personajes poco propensos al cambio, lo que a la larga repercute en la historia.

A pesar de ello, el conjunto termina siendo amable y entretenido, entre otras cosas por la presencia de algunos actores (sobre todo Antonia Thomas y Peter Mullan) y por la planificación de numerosos fragmentos musicales que, todo hay que decirlo, sacan mucho partido de los escenarios en los que se desarrollan. Poco importa si las canciones del grupo The Proclaimers son conocidas o no por el espectador (la mayoría puede que sólo tengan en la cabeza la que cierra el film), pues muchas de ellas se erigen como importantes temas musicales gracias a las coreografías que los acompañan. Y si bien es cierto que en líneas generales mantienen un nivel notable, algunas canciones, sobre todo por la combinación de voces, quedan reducidas a la mínima expresión, lastrando el ritmo de un film cuyo argumento tiene poco ritmo ya de por si.

En cualquier caso, los amantes de este género encontrarán e Amanece en Edimburgo una propuesta interesante. Tal vez no esté a la altura de, por ejemplo, Mamma Mia! (2008), con la que pretende compararse incluso en sus frases promocionales, pero desde luego es una obra agradable de ver, que no emociona en exceso pero tampoco desagrada. Ese punto de equilibrio favorecerá o perjudicará en función de las expectativas con las que se acuda a ver la película. La mejor recomendación que se puede hacer es dejarse llevar por la música, las coreografías y las voces de algunos de sus protagonistas. Tratar de buscar algo más no solo es complicado, sino que puede generar una visión demasiado negativa de este musical.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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