‘The Big Bang Theory’ evoluciona definitivamente en su 7ª T


Los amigos de 'The Big Bang Theory' ven cómo sus vidas cambian en la séptima temporada.Hace algo más de un mes terminó en Estados Unidos la séptima temporada de The Big Bang Theory, y si algo ha quedado claro después de tantos episodios, de tantos momentos que ya forman parte de la historia de la televisión y de tantas risas a carcajada limpia es que una serie de este tipo solo puede aguantar si es capaz de reinventarse a sí misma. Puede parecer una obviedad, pero comprender esta idea y conseguir llevarla a cabo no siempre es sencillo. Los 24 episodios de esta temporada han confirmado la idea de que la anterior entrega fue una transición para lo que estaba por llegar. ¿Y qué era eso? Pues una revolución en toda regla del mundo que rodea a estos amigos científicos y frikis a más no poder.

Quizá el aspecto más relevante sea la facilidad con la que sus creadores, Chuck Lorre (serie Dos hombres y medio) y Bill Prady (serie Los líos de Caroline) han sabido integrar por completo todas y cada una de las historias secundarias que rodean a los personajes en un único conjunto mucho mayor que se nutre de todos los detalles que pueblan el cada vez más complejo mundo de Sheldon Cooper y compañía. En efecto, estos nuevos capítulos conforman un todo mucho más armado que en ocasiones anteriores al involucrar de forma más directa personajes episódicos y tramas secundarias en la vida diaria de los principales protagonistas. Incluso algunos secundarios habituales adquieren algo más de protagonismo, pero a diferencia de la temporada anterior, en la que sus tramas se impusieron, en esta ocasión sirven únicamente para hacer avanzar la acción. Ahí está, por ejemplo, la presencia de Will Wheaton (Star Trek: La nueva generación) para llevar la relación entre Leonard y Penny un paso más allá.

Respecto a esto, esta séptima temporada de The Big Bang Theory retoma algunos de los conceptos que se aparcaron (nunca abandonaron) al finalizar la quinta temperada. Por si alguien todavía lo dudaba, la serie se confirma como un reflejo en clave cómica del proceso de madurez de cuatro amigos, que ven cómo sus vidas poco a poco necesitan evolucionar a medida que pasan los años. Si el primero en dar el paso fue el personaje de Simon Helberg (I am I), en esta nueva tanda de episodios le toca el turno a… a todos los demás, en realidad. Cada uno a su modo, los protagonistas asumen que sus vidas no pueden volver a ser como eran, lo cual no hace sino engrandecer una serie que adquirió la categoría de clásico hace ya unas cuantas temporadas. Esto puede sonar a drama o a que la serie ha abandonado algo de ese humor suyo tan característico, pero precisamente en la particular definición de cada personaje está la gracia.

Porque sí, todos y cada uno de los roles protagonistas madura, pero el hecho de que tengan personalidades tan bien definidas y tan reacias al cambio genera un sinfín de situaciones a cada cual más divertida. Que el personaje de Jim Parsons (El gran año), quien por cierto se supera en cada temporada, sea incapaz de aceptar que no todo gira a su alrededor es algo tan sencillo como brillante. Que el rol interpretado por Kunal Nayyar (The scribbler) celebre como un acontecimiento histórico el haber pasado la noche con una chica es inolvidable. Y que tanto éste como el papel de Helberg sigan manteniendo una relación de amistad que juega al despiste con la homosexualidad a pesar de tener parejas es de lo mejor que ha dado esta temporada (la comparación del tamaño de sus pechos es simplemente indescriptible). Todo ello, en definitiva, es lo que mejor puede definir una temporada que ha marcado un nuevo rumbo en la serie, y que desde luego abre las puertas hacia un futuro nuevo y prometedor.

La clave del cambio

Lo más habitual en series tan longevas como The Big Bang Theory es pensar que poco o nada cambia de un año para otro. El hecho de compartir con estos personajes tantas situaciones, tantos diálogos que rozan el absurdo y tantos chistes suele provocar un grado de empatía tal que nubla por completo la capacidad de ver por uno mismo cómo evolucionan los personajes. Viene a ser algo similar a ver crecer a un niño día a día. Sin embargo, y al igual que uno se da cuenta de que el niño se ha convertido en hombre cuando las pruebas son más que evidentes, la producción ha sabido demostrar que su evolución está ahí para quedarse y que, aunque no lo parezca, el camino recorrido hasta ahora ha llevado a los personajes a lugares impensables hace tan solo unas cuantas temporadas.

La clave de dicho cambio, la piedra angular sobre la que se apoya todo ese desarrollo dramático tan sutil como constante, no podía ser otra que el personaje de Jim Parsons, alma mater del conjunto y verdadero artífice de que la serie sea lo que es sin resultar infantil, pretenciosa o absurda. A lo largo de estos 24 episodios Sheldon Cooper posiblemente sea el personaje que más cambios sufre en todos los sentidos, desde su crisis de identidad personal (uno de sus descubrimientos resulta ser un error) hasta su evolución personal con un contacto físico que no desvelaré. Posiblemente todo se deba a que su personalidad es, con mucha diferencia, la más fuerte y mejor definida de todas las que pueblan la ficción. En cualquier caso, no hace falta echar la vista atrás para darse cuenta de que lo vivido en esta temporada ha sido, desde el principio, un proceso de cambio para este personaje. Y teniendo en cuenta que la serie no sería nada sin él, es lógico pensar que el cambio de situación generará a futuro un cambio en la producción.

Evidentemente, no tendría la relevancia que tiene si el resto de protagonistas no tuviesen un papel determinante en su comportamiento. Decía al inicio que los secundarios han sabido integrarse en la trama principal para enriquecerla, cosa que no se había logrado en la temporada anterior. En este sentido hay que destacar la cada vez mayor independencia dramática de los roles femeninos, que surgieron casi como necesidad dramática y que han terminado marcando las pautas de buena parte de los arcos dramáticos de los cuatro amigos protagonistas. Las cada vez más frecuentes secuencias “solo chicas” generan un contraste interesante con aquellas que podríamos definir como “solo chicos”. Esto, además de aportar nuevos puntos de vista, permite definir a los personajes de forma individual, y no como parte necesaria de otro, lo cual es positivo para el conjunto se mire por donde se mire.

Así, The Big Bang Theory se revela en esta séptima temporada como una serie capaz de reinventarse a sí misma, o por lo menos de presentar un objetivo a largo plazo más allá del entretenimiento y la repetición de chistes y situaciones. Algunos de los momentos más cómicos de la temporada contrastan con situaciones dramáticas muy bien desarrolladas, y la capacidad de evolución de sus personajes ha permitido a la producción mirar hacia adelante sin temor a caer en un bucle narrativo. Puede que no sean la entrega más divertida, pero desde luego es la más completa desde el punto de vista de la historia. Todo en ella encaja para poder llevar la serie a un nuevo ámbito. Lo mejor es que hay tiempo para explorarlo, pues ya se ha confirmado hasta la décima temporada… por ahora.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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