‘Grimm’ confirma su evolución en la 3ª T pero no abandona su origen


David Giuntoli tendrá en Jacqueline Toboni una alumna y aliada en la tercera temporada de 'Grimm'.Uno de los aspectos más importantes de cualquier historia es saber avanzar aun cuando dicho desarrollo sea más o menos previsible. Si el mundo creado para la ocasión es coherente las oportunidades de sorpresa son, en cierto modo, innumerables. Durante la segunda temporada de la serie Grimm sus responsables, Stephen Carpenter (De ladrón a policía), Jim Kouf (Hora punta) y David Greenwalt (serie Buffy, cazavampiros), señalaron un camino, una dirección dramática que la serie necesitaba seguir si no quería caer en el tedio y en la repetición. La tercera entrega de la producción ha puesto de manifiesto dicha intención al entregarse por completo a una trama compleja, plagada de matices e intereses encontrados y con consecuencias devastadoras para prácticamente todos los personajes. Esto no impide, sin embargo, que hayan existido irregularidades.

Hay que reconocer, con todo, que dichos elementos poco coherentes dentro de la trama quedan empequeñecidos ante el dinamismo y la riqueza de personajes que presenta esta tercera temporada de 22 episodios. No es que estemos hablando de una serie espléndida definida por unos conflictos dramáticos incomparables, pero hay que reconocer que se ha dado un paso más hacia un sentido más global de la producción, hacia una concepción más interesante. Y todo pasa por el conflicto ancestral que sirvió de base para la primera temporada y que empezó a desarrollarse en la segunda. Un conflicto que lejos de caer en la repetición de conceptos (lucha del bien contra el mal) ha sabido encontrar todo tipo de líneas argumentales que se complementan unas con otras, ofreciendo al espectador un proceso que evoluciona y hace evolucionar a los personajes.

De hecho, son estos los que sustentan la cada vez más compleja trama, obligando a sus responsables a introducir nuevos rostros y a involucrar más a los ya conocidos. Es por ello que la presencia del personaje de Mary Elizabeth Mastrantonio (El precio del poder) es cada vez mayor, ya sea presencial o testimonial. Su participación en la trama, si bien es cierto que en algunos momentos resulta un poco forzada, es en cualquier caso necesaria como una especie de modelo a seguir, de maestro que todavía tiene mucho que enseñar a un protagonista que, por cierto, sufre en estos capítulos toda suerte de problemas, desde convertirse en una especie de zombi (lo que le deja unas secuelas de las que luego hablaremos) hasta perder los poderes que le definen como Grimm.

A esto se suma el conflicto planteado en el mundo de las criaturas, sin duda una de las líneas argumentases más interesantes y menos explotadas de toda la serie. Ya sea por las complicaciones de producción o por las propias complicaciones narrativas (son muchos personajes con varias tramas propias), el caso es que su presencia es utilizada casi en exclusiva como motor de arranque de nuevas líneas argumentales, lo que, aunque enriquece el conjunto, no deja de generar la sensación de estar desaprovechado, dejando al espectador en el umbral de un mundo mucho más interesante, más rico y con bastante más posibilidades que los meros casos policiales con tintes fantásticos. Aunque siendo totalmente sinceros, los responsables han sabido aprovechar esta idea para, por ejemplo, presentar al personaje de la debutante Jacqueline Toboni (otro Grimm), cuyas posibilidades son, al menos a corto plazo, muy altas.

Lo que nos dejamos por el camino

El problema de todo esto es que Grimm no es una serie preparada para afrontar dicha complejidad. Ni formal ni narrativamente hablando. Lo intenta, y en muchos aspectos lo consigue, pero le cuesta abandonar ese estatus de trama episódica policíaca que tiene casos distintos en cada episodio. Y eso no solo lastra el desarrollo de la trama, que como decimos ha encontrado un objetivo a largo plazo al que se acerca poco a poco. Lo peor de todo es que lastra algunos aspectos de los personajes que requieren de un análisis más inmediato que no puede ser abandonado hasta recuperarse en algún episodio de sucesivas temporadas. El caso más evidente es el de las consecuencias que sufre el protagonista (un David Giuntoli muy cómodo) a raíz de esa especie de zombificación con la que comienza esta tercera temporada.

En efecto, los efectos secundarios planteados durante los primeros episodios (y en alguno suelto a medida que avanza la trama) apuntaban a una interesante modificación del personaje, fuese en la dirección que fuese. El desarrollo posterior del arco dramático, si bien permitía ir introduciendo poco a poco el tema, terminó por eliminarlo de la ecuación, dejando al rol protagonista como el héroe que venía siendo hasta ese momento. Es cierto que el final de esta temporada da un giro notable en el devenir del drama, pero la duda está ahora en si los guionistas serán lo suficientemente valientes como para llevar la decisión hasta sus últimas consecuencias o si, por el contrario, no es más que un alto en el camino para retomarlo igual pero con más fuerzas.

Personalmente, el caso más curioso es el que protagoniza el personaje de Reggie Lee (serie Prison break). Es cierto que aquí no le mencionamos demasiado, tal vez porque es un secundario que aporta todo aquello que el resto de personajes no son capaces de lograr (ironía, algo de tensión, transición entre secuencias, …). Empero, durante estos episodios su participación ha ido en aumento, siendo cada vez más consciente del mundo fantástico que narra la serie. Su presencia se antojaba como una especie de aliado, pero su desenlace ha sido muy distinto. El rol de Lee personifica la locura de aquellos que se asoman a un mundo que no comprenden, obsesionado por lo que ha visto e incapaz de explicar lo que todo el mundo le dice que no es real. Este desarrollo, al igual que el de otros personajes, ha sido demasiado intermitente, protagonizando algunos capítulos para retirarse más tarde, volviendo en el último a retomar su obsesión por estas criaturas y prometiendo, al menos a priori, un desarrollo y una participación algo más sólidos en la cuarta temporada ya confirmada.

Las sensaciones generales que deja esta tercera temporada de Grimm son positivas. Los seguidores posiblemente encuentren en ella más elementos de interés que en anteriores ocasiones, todos ellos creados bajo el marco de una trama más amplia, con más ramificaciones secundarias y numerosos conflictos que, de un modo u otro, influyen en la evolución de historia y personajes. Pero todavía necesita pulir algunas aristas si quiere alcanzar todo su potencial. Da la sensación de que se plantean diversas vías narrativas para luego, si no convencen, dejarlas en el aire hasta que puedan volver a retomarse. Una especie de miedo a lo que pueda surgir que genera algo de desconcierto e impide a la serie explorar un futuro que se antoja prometedor. Con la conclusión de la temporada se abre un mundo totalmente nuevo que, esperemos, deje decisiones más arriesgadas. O por lo menos que no olvide todo lo recorrido hasta ahora.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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