‘Las dos caras de enero’: no hay honor entre ladrones en Grecia


Viggo Mortensen y Kirsten Dunst, pareja en 'Las dos caras de enero'.La verdad es que no hay nada como un escritor/a reputado/a para que una película basada en uno de sus relatos adquiera un automáticamente un aura única. Por ejemplo, un film inspirado en la obra de Philip K. Dick ya posee un interesante punto de partida dentro de la ciencia ficción, incluso aunque luego sea soporífero o inaguantable. Lo mismo ocurre con Patricia Highsmith, cuyas novelas llevadas al cine han sido notables éxitos de crítica y público. Pero como todo mortal (porque lo son, aunque no lo parezcan) también cometen errores. Si no ellos, al menos los encargados de comprender su mensaje y plasmarlo en imágenes. Lo que le ocurre a la ópera prima de Hossein Amini, consolidado guionista que, en líneas generales, posee un pulso narrativo interesante, es algo similar.

Si algo falla en Las dos caras de enero es lo más básico de todo: transmitir el mensaje que da sentido a la trama. Ya sea porque no existe, ya sea porque el desarrollo se pierde entre paisajes y momentos típicos de intriga (la noticia del asesinato junto a los policías, las miradas, las sospechas, …), el caso es que la película no termina de definirse por un sentido propio. Tan pronto se define como un thriller en el que un asesinato da lugar a toda una espiral de miedos y dudas, tan pronto se decanta por un argumento más tradicional de amores y estafas. Posiblemente la realidad del film se halla en un punto intermedio, no cabe duda, pero la historia no es capaz de enganchar al espectador, entre otras cosas porque no hay una clara identificación con ningún personaje, ni siquiera con un Oscar Isaac (Ágora) espléndido.

Bueno, siendo sinceros no solo Isaac hace una labor encomiable. El trío protagonista, completado con Kirsten Dunst (Entrevista con el vampiro) y Viggo Mortensen (Un crimen perfecto), es lo que sostiene el arco dramático en numerosas ocasiones, sobre todo los dos actores. Más que nada porque el papel de Dunst es más testimonial que otra cosa. Desde luego, lo más interesante del relato es comprobar cómo ambos hombres, conectados por un acontecimiento que da pié a un viaje de pesadilla, evolucionan de dos formas diametralmente opuestas pero complementarias. Uno (Isaac) busca en todo momento un beneficio personal; otro (Mortensen), quizá el mejor de los tres, termina siendo presa de sus propias decisiones no solo física sino psicológicamente hablando. Tres actores en buena forma que, como es evidente, no pueden sostener una estructura que se tambalea y pierde interés a medida que avanza una trama, por otro lado, excesivamente manida.

Es más, la historia intenta aportar un giro impactante a su desarrollo, pero siempre se queda en eso. Así las cosas, Las dos caras de enero se queda en un quiero y no puedo, en un proyecto de suspense interesante desarrollado en un escenario que se presta a ello. La labor de Amini, tanto en el guión como detrás de las cámaras, es excesivamente sencilla y confusa al mismo tiempo, no llegando a optar nunca por nada y tratando de abarcar demasiados aspectos. El resultado es una indefinición que recibe como respuesta por parte del espectador una cierta indiferencia ante el devenir de estos personajes marcados por la estafa, la desconfianza y los celos. Suele decirse que no hay honor entre ladrones. Al parecer, tampoco hay un sentido claro.

Nota: 5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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