‘Intelligence’ no aprovecha las ventajas de tener un chip en el cerebro


Josh Holloway salva el mundo gracias a un chip en su cerebro en 'Intelligence'.Hay formas y formas de afrontar una historia. Podemos optar por un formato más clásico, con personajes arquetípicos y un desarrollo lineal capaz de llegar a todo el mundo, o podemos apostar por un formato algo más arriesgado, con una narrativa abrupta y unos personajes algo menos tópicos. Ambas alternativas son correctas, pero siempre dentro de sus propias reglas. Cuando eso no ocurre, cuando se toman elementos de una y de otra, puede darse el caso de que el producto no funcione. En cierto modo esto es lo que le ocurre a Intelligence, serie creada por Michael Seitzman (guionista de En tierra de hombres) que no llega a decantarse por una apuesta concreta, quedándose como una producción típica pero aderezada con ideas interesante.

Si atendemos a su premisa inicial, desde luego la primera temporada (y única, pues ya ha sido cancelada) es realmente interesante. Un soldado se somete a un experimento para que le instalen un chip en el cerebro, con el que tendrá acceso a toda la información acumulada en la red y a todo aparato electrónico que esté conectado, y con el que intentará descubrir el paradero de su esposa, acusada de terrorismo. Dicho así podríamos estar ante uno de los thrillers más llamativos de la pequeña pantalla, pero nada más lejos de la realidad. Esta idea primordial no solo se diluye desde el primer episodio, sino que una vez resuelta no afecta al resto de la historia, lo que no deja de ser sintomático.

En efecto, a lo largo de estos 13 capítulos Intelligence nunca trata de explorar nuevas vías dramáticas que le otorguen un cierto voto de confianza. Dicho en pocas palabras, el orden de los episodios casi resulta innecesario (hay excepciones, evidentemente), el desarrollo interno de los mismos es previsible, y los casos policiales, porque son eso al fin y al cabo, presentan la originalidad de algunos detalles de corte fantástico, pero en pocos casos tienen un verdadero sentido propio.

Da la sensación de que Seitzman se limita a ubicar a los mismos personajes que protagonizan otras series policíacas en medio de delitos algo más tecnológicos con los que aprovechar la idea del hombre más evolucionado del planeta. Y lo cierto es que las sospechas no son infundadas: la cierta tensión romántica entre la pareja protagonista, la jefa seria y preocupada, la pareja de compañeros que aportan el toque cómico, … Como digo al inicio, que esta sea la opción elegida no es algo negativo. Que no se lleve hasta las últimas consecuencias y se trate de entrelazar con otros elementos es lo que, a la larga, termina generando un producto entretenido y distraído, pero en ningún caso completo.

De comandos y actores

La verdad es que en otro contexto y sin la saturación de series de televisión que vivimos actualmente posiblemente la serie hubiera funcionado, al menos, alguna temporada más. Si uno se deja llevar por la ligereza de sus argumentos y algunos momentos irónicos protagonizados por los secundarios puede incluso pasar por alto incoherencias dramáticas y conceptuales, como es el hecho de que los miembros de una célula terrorista vasca tengan rasgos árabes. Por no hablar de la originalidad que supone denominar a un comando del Gobierno norteamericano especializado en delitos informáticos y cibernéticos… CiberComando.

Es más, si atendemos únicamente a su acabado formal, Intelligence ofrece momentos muy interesantes, como es la capacidad del protagonista de simular espacios tridimensionales a través de imágenes estáticas. Pero lo cierto es que todo esto no son más que aspectos aislados de un conjunto que se sostiene a duras penas en unos actores con poco carisma para el tipo de formato que tiene la serie. Siendo sinceros, ni Josh Holloway (serie Perdidos) ni Meghan Ory (serie Érase una vez) tienen la presencia suficiente para soportar el peso de la acción.

Tal vez sea por eso que al final son los secundarios lo mejor de la ficción. Son ellos los que generan comicidad, los que aportan cierta tensión e intriga a algunas tramas, y los que al final cargan sobre sus hombres demasiado peso dramático como para que la visión global funcione. Por poner un ejemplo, Castle tiene en líneas generales una estructura similar, pero son sus protagonistas los que centran toda la atención. Esto, unido a la mencionada apuesta por formatos y temáticas más o menos tradicionales, termina por convertir a esta primera temporada en una producción policíaca al uso que en diversos momentos saca a relucir la utilidad de sus ingenios.

Pero en ningún caso estamos ante una producción con alma propia. Intelligence, además, ha tenido que lidiar en el tiempo con Almost Human, otra ficción policíaca de corte fantástico que, todo sea dicho, supera con creces lo aportado por la serie de Seitzman. Y eso que tenía varios defectos. Sin personajes realmente interesantes, con tramas episódicas que se repiten sin demasiada originalidad (la novedad del chip se desvanece demasiado rápido) y un tono demasiado ligero no es extraño que la serie no haya logrado prosperar. En el fondo es una lástima que propuestas de corte fantástico como esta se queden en meros convencionalismos.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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