‘Dom Hemingway’: la locura del perdedor


Jude Law es 'Dom Hemingway' en la película de Richard Shepard.Richard Shepard, director de La sombra del cazador (2007), promociona su nueva película asegurando que “Jude Law es Dom Hemingway… y tú no”. Y lo cierto es que esa sentencia define a la perfección la trama y el sentido dramático cómico de la película, una especie de odisea protagonizada por un ladrón de cajas fuertes que busca su lugar en un mundo extraño para él después de haber pasado 12 años en la cárcel. Con un tono visual personal y provocador en muchos sentidos, el director otorga al actor un amplio margen para su lucimiento, lo que a la larga sostiene un film por otro lado algo irregular.

Y es que sin Jude Law (Repo Men) ni el personaje ni la película serían lo que son. El actor, quien a estas alturas no debería tener que demostrar nada, compone un rol de extremos en todos los sentidos. Tan querido como odiado, su facilidad para pasar de la calma a la locura, del arrepentimiento a la provocación, es simplemente fascinante. Es en estos extremos donde Law se encuentra más cómodo, desnudando el alma de un hombre perdido, abocado al fracaso y sin más objetivo que tratar de recuperar el tiempo perdido, aunque sin saber cómo. Un perdedor, en definitiva, que intenta forzar su situación y cambiar su suerte en una espiral de fracasos, violencia y desesperación cuyo final, empero, es esperanzador. Desde luego, el actor es el principal reclamo de Dom Hemingway, aunque sería injusto no reconocer la labor del resto del reparto, en especial un Richard E. Grant (Love hurts) que hace de contrapartida perfecta del protagonista, una especie de conciencia que tiene poco que hacer contra la locura del perdedor.

Sin embargo, y a pesar de una concepción visual más que interesante por parte de Shepard (ahí está, por ejemplo, el accidente de coche o los imprescindibles primeros minutos), la película nunca termina de conectar con el espectador. El motivo podría encontrarse en que su historia no se enmarca dentro de los parámetros habituales del público general, siendo más propio de cintas británicas para espectadores más selectos, pero eso sería un argumento algo tosco. En realidad, la historia no llega a funcionar del todo porque la trama no presenta grandes nudos conflictivos, o mejor dicho no ofrece retos relevantes al protagonista, que se mueve por el relato como si de un espectador se tratara. Las cosas que le ocurren, a pesar de la gravedad, nunca alcanzan a profundizar mucho en el alma de este Hemingway cuya forma de ver la vida resta gravedad a todo lo que le rodea.

El resultado es una cinta que se sostiene gracias fundamentalmente a los personajes y a los magníficos actores que los interpretan. Sin Jude Law Dom Hemingway no sería ni la mitad de canalla y perdedor. Y sin él la película posiblemente sería menos tolerable de lo que en realidad es. La labor de Shepard a nivel narrativo y visual ayuda, no así a nivel de libreto. De hecho, el recurso de dividir la historia en capítulos precedidos de un título no hace sino acentuar la sensación de estar ante una serie de momentos audiovisuales con una conexión entre ellos. Separados son más que interesantes; unidos no poseen la entereza suficiente para crear una buena historia. La verdad es que sí: Jude Law es Dom Hemingway… y poco más.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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