‘House of lies’ sustituye frescura visual por tragedia en su 3ª T


'House of lies' abandona totalmente la comedia en su tercera temporada.Es difícil que cualquier ficción, ya sea televisiva o cinematográfica, cambie de registro de forma clara y decidida. Es común que una comedia tenga tintes dramáticos o que una historia de amor se combine con dosis de acción y aventura. Pero lo que ha ocurrido con la serie House of lies es, como decimos, muy poco habitual. Su primera temporada fue fresca, diferente y despreocupada; la segunda entrega tuvo un carácter algo más serio. Su tercera tanda de episodios ha entrado de lleno en el drama y la tragedia, hasta el punto de que buena parte de los elementos que caracterizan la trama han desaparecido.

Estos nuevos 12 capítulos se centran en la nueva etapa de Marty Kaan (espléndido Don Cheadle) y la empresa que ha fundado, en la que, por diversos motivos, todo su equipo termina trabajando. Y al igual que ocurría en las anteriores ocasiones, la trama se centra en un gran proyecto de consultoría y en algunos minoritarios. La diferencia estriba en que ahora la ironía ha dejado paso a una seriedad que, por fortuna, no resta interés. En cierto modo, se podría decir que genera más atractivo.

Aquellos que se engancharon gracias a las miradas a cámara o las explicaciones con la imagen congelada posiblemente echen en falta ese dinamismo formal y narrativo. Empero, el creador de House of lies, Matthew Carnahan (serie Dirt), logra suplir dicha ausencia con un mayor protagonismo de las tramas secundarias que, todo sea dicho, no resultan tan atractivas como las que protagoniza el personaje de Cheadle. Arcos narrativos como el del hijo o la crisis matrimonial del rol al que da vida un genial Josh Lawson (Los amos de la noticia) no son tan interesantes como ver en acción a Cheadle, pero encajan lo suficientemente bien como para no resultar irritantes.

Prueba de ello es que los mejores episodios son los que destinan más minutos a la trama principal, en esta ocasión centrada en un imperio de ropa cuyos propietarios son dos amigos con pasados turbulentos (interpretados por Mekhi Phifer y el rapero T.I.). Las situaciones que genera, desde los conflictos entre ambos hasta la muerte de un perro en una discoteca, rememoran notablemente el sentido general de la serie, que aborda problemas serios desde una perspectiva algo cómica, pero como decía al inicio, esta tercera temporada deja atrás de forma contundente la comedia para apostar por la tragedia.

Finales infelices

Los fans de House of lies se habrán percatado de que los finales de temporada tienen algo en común. Por un lado, la relación entre el personaje de Cheadle y el de Kristen Bell (serie Veronica Mars) sufre un giro de 180 grados, ya sea positivo o negativo; por otro, el mundo del protagonista se desmorona por completo. Y evidentemente, los últimos episodios de esta tercera entrega no se quedan atrás. Es más, por las repercusiones que tienen de cara al futuro, se convierten en los mejores de la serie.

Lo cierto es que al arco dramático del protagonista le ha llevado a una situación límite, siendo prácticamente el único que ha cambiado en este sentido. Los secundarios que le rodean han evolucionado de forma más o menos clara, pero en líneas generales su definición sobre el papel no ha cambiado. En todo caso, se ha aclarado algo más. Pero el caso de Marty Kaan es sencillamente brillante. De ser un personaje seguro de sí mismo, algo engreído y con el mundo a sus pies ha pasado a ser una suerte de apestado, incapacitado para participar en la empresa que él mismo creó y traicionado, aunque de forma inconsciente, por aquellos a los que ama.

No hace falta decir que las posibilidades narrativas de esta nueva situación son enormes. Los conflictos emocionales que ya se plantean en el cierre de la temporada se antojan interesantes y fascinantes. El desarrollo de los secundarios ahora que el protagonista parece pasar a un segundo plano puede traer consecuencias de todo tipo. Y, por supuesto, la evolución de la situación del protagonista es todo un mundo por explorar.

Eso sí, lo que parece claro en House of lies es que, formalmente, nada volverá a ser igual. Esta tercera temporada comenzó como una especie de homenaje a ese estilo visual tan característico de la ficción, pero ha terminado siendo un producto sobrio, carente de extravagancias visuales y centrado en el apartado más íntimo de los personajes. Esto no impide que tenga momentos irónicos y divertidos, pero en general se puede decir que la serie se ha hecho adulta. Y la verdad es que esto ha hecho que sea mejor.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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