‘Godzilla (2014)’: salvados por nuestro destructor


'Godzilla' arrasa San Francisco en un intento de acabar con otros monstruos.Tratar de reinventar en algunos géneros y con determinadas películas es tarea ardua, por no decir imposible. Sobre todo si son clásicos cuyo desarrollo está arraigado en la cultura popular de un modo u otro. Eso debió pensar Gareth Edwards (Monsters), quien se embarca en su primera gran producción con el monstruo más famoso de Japón. Nada más y nada menos. A tenor del resultado, esta nueva versión del ‘kaiju’ sigue la tradición del personaje en todos sus aspectos pero, como le suele ocurrir a este tipo de films, ofrece poco más que la propia criatura a pesar de los intentos por humanizar su trama.

De hecho, si algo no termina de funcionar en la historia es el grupo de protagonistas, no tanto por su dibujo sobre el papel (que tampoco es demasiado profundo), sino por el desarrollo de la historia que les une a Godzilla y al resto de ‘kaiju’ que aparecen en el film. La trama, que mantiene el espíritu de crítica a la energía nuclear, no termina de funcionar en sus primeros minutos debido a una entrega excesiva en el tratamiento de unos personajes que tienen más bien poco que ofrecer y de una historia que, en un intento por generar intriga, lo que logra es no aportar casi nada de información. En este sentido, la evolución dramática demuestra que todo lo narrado hasta la aparición del fantástico monstruos es, por decirlo claro, paja con la que rellenar, pues una vez empezada la destrucción apenas tienen sentido el resto de elementos.

Eso sí, desde el momento en que las criaturas despiertan la película alcanza un nivel espectacular. Edwards opta ya durante los títulos de créditos por un estilo clásico en todos los aspectos, desde una banda sonora magistral hasta una criatura con el diseño de los primeros films. Combinado con una planificación que sabe aprovechar bastante bien los recursos de los que dispone, el director logra que el film crezca poco a poco hasta terminar como lo que es, un film divertido de aventuras y catástrofes que lo único que trata es de entretener. Y no hay duda de que lo consigue gracias, curiosamente, a que los seres humanos prácticamente se convierten en espectadores de la magnífica lucha entre monstruos que, como no podía ser menos, destruye la ciudad de San Francisco.

Esta nueva versión de Godzilla, por tanto, recupera buena parte del encanto de la serie de películas, incluyendo esa imagen de antihéroe que para salvar al mundo de otros monstruos destruye medio planeta. La factura técnica es impecable, las luchas espectaculares y la música brillante. Pero está claro que no es una película perfecta, sobre todo si se acude a verla con una mentalidad excesivamente seria (hay algunas incongruencias en el guión bastante llamativas). De hecho, a la película le sobra buena parte de un inicio que se enroca en sí mismo para explicar el proceso de aparición de estas criaturas, cuando un discurso más directo habría servido igual, o incluso mejor. Al fin y al cabo, el protagonista es el monstruo, no las personas, algo que queda patente a medida que pasan los minutos.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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