‘Aprendiz de gigoló’: el florista incompleto


Woody Allen y John Turturro protagonizan 'Aprendiz de gigoló', dirigida por este último.En un mundo dominado por la comedia gamberra es un alivio encontrar comedias dramáticas como lo nuevo de John Turturro (Passione) como director y actor. Primero, porque siempre es un placer ver a este actor en su faceta más comedida (su faceta más histriónica tampoco está nada mal, por cierto), y segundo porque es una vía de escape que no busca la risa fácil, sino narrar una historia repleta de personajes tan interesantes como humanos. Y si bien es cierto que todo eso lo tiene su nuevo proyecto, no es menos cierto que la película no logra ser redonda debido principalmente a una intermitencia insalvable en muchos de sus elementos.

Sobre todo a nivel narrativo, donde las evidentes lagunas en el arco dramático deben ser completadas por el espectador, exigiendo un acto de imaginación que cada uno interpretará a su manera. Esta historia de un florista que se mete a gigoló convencido por un amigo que ha perdido su negocio posee numerosos momentos interesantes, irónicos y divertidos. No son pocas las críticas ácidas que vierte Aprendiz de gigoló hacia diversos estamentos sociales, incluidas las creencias religiosas que promueven un radical seguimiento de las normas. Sin embargo, también posee muchos momentos en los que el ritmo decae sustancialmente, y como consecuencia también lo hace el interés. La forma de explicar la vida de la joven viuda de un rabino, interpretada por Vanessa Paradis (La chica del puente), es posiblemente el fragmento que más alterne ambas facetas. Es tan intensa emocionalmente como intermitente, llegando a una resolución que parece surgir casi por arte de magia.

En cualquier caso, el film es una buena excusa para poder ver a un reparto en muy buen estado de forma, sobre todo al propio Turturro, a Sharon Stone (Catwoman) y a Liev Schreiber (Esfera), este último en un papel relativamente pequeño pero bastante relevante. Es gracias a los actores que el film encuentra el interés que le falta en otros momentos, logrando un frágil equilibrio que amenaza con romperse en varias ocasiones pero que, una vez se encienden las luces, ofrece un resultado correcto. En este sentido, desde luego lo más divertido son los diálogos protagonizados por Turturro y Woody Allen (Acordes y desacuerdos), este último volviendo a interpretar su papel tantas veces visto. Sus reflexiones sobre el trabajo que realizan, la religión o la amistad están cargadas de todo lo que define a esta historia.

Desde luego, Aprendiz de gigoló podría ser mucho más. Su apuesta por la comicidad podría ser más contundente, y tal vez debería haber trabajado más la evolución de los acontecimientos y de algunos personajes. Pero todas esas debilidades se compensan de algún modo con una historia que transmite ciertas sensaciones atractivas y momentos realmente emotivos como los que protagoniza Paradis. No por casualidad, su humor es más próximo al del cine de Woody Allen que al de los hermanos Farrelly (Algo pasa con Mary), por lo que los seguidores del director neoyorquino encontrarán más elementos interesantes que aquellos que lo aborrezcan. No desagrada, pero tampoco es notable.

Nota: 5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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