‘Bron/Broen’ se olvida de tramas secundarias autónomas en su 1ª T


Un asesinato entre Suecia y Dinamarca es el inicio de la primera temporada de 'Bron/Broen'.En un panorama audiovisual como el actual es inevitable hacer comparaciones. Sobre todo si se trata de productos originales y remakes. En el ámbito de la televisión Estados Unidos está importando cada vez más ideas europeas y, todo hay que decirlo, con buenos resultados. Hace unos meses analizábamos en este espacio The bridge, la versión americana de la producción que centra hoy nuestra atención, Bron/Broen, serie sueco danesa (su título está escrito en ambas lenguas) que narra, al igual que la versión norteamericana, la investigación policial entre Suecia y Dinamarca de un macabro crimen en un puente que conecta ambos países, y que deriva en una serie de crímenes con una supuesta intención de concienciar a la sociedad acerca de diversos problemas. Y si bien es cierto que en líneas generales ambas series siguen los mismos patrones, existen diferencias muy interesantes y determinantes que convierten a la americana en una versión más compleja… lo que no implica necesariamente que sea mejor.

En efecto, el original europeo, cuya primera temporada consta de 10 episodios, posee una estructura narrativa mucho más directa, menos difuminada en tramas secundarias y, por supuesto, sin los conflictos de inmigración que existen en la versión americana. A lo largo de los episodios sus protagonistas, interpretados por Sofia Helin (Arn: El caballero templario) y Kim Bodnia (Bleeder), se ven envueltos en una investigación que les lleva a seguir diferentes pistas y sospechosos, pero que en ningún momento se toma un respiro para narrar otra historia que no sea las que involucran a ambos personajes. No impide esto que se ahonde en sus aspectos más íntimos o personales, al contrario. Estos momentos de la trama, los únicos que podríamos considerar “ligeros” dentro de la investigación criminal, ayudan al espectador a comprender mejor la naturaleza de sus decisiones, sobre todo en lo concerniente al rol de Helin, una criatura incapaz de mentir y cuyo sentido del deber y ausencia de empatía la convierten, curiosamente, en un personaje enigmático pero nunca desagradable. Algo parecido a lo que ocurría con Diane Kruger (La búsqueda) en la versión norteamericana, aunque con matices.

Sea como fuere, Bron/Broen apenas pierde el tiempo en datos, personajes o historias que no sean relevantes para la trama principal. Por ejemplo, los personajes secundarios cuya labor dentro del desarrollo dramático, ya sea a modo de sospechosos o a modo de cómplices o marionetas, deja de ser útil se convierten en meros recuerdos. En cierto modo, este es un punto débil de la primera temporada, pues salvo el periodista utilizado para publicitar los crímenes, interpretado por Christian Hillborg (Dinero fácil), las tramas secundarias del resto desaparecen sin una conclusión en firme, más allá de suponer que cada uno continúa con sus respectivas vidas. No implica que deban desarrollar sus propias historias, como ocurre en la versión norteamericana, sino simplemente ofrecer algún tipo de final que no sea la simple caída en el olvido. Irónicamente, este es un aspecto que debilita ambas producciones, en una por ausencia y en otra por exceso.

Narrativamente hablando esto podría considerarse una debilidad, pero en el marco general de estos primeros 10 capítulos lo cierto es que apenas tiene relevancia, pues la crudeza y la tensión generadas por la planificación del asesino son tales que hacen olvidar el resto de factores de la trama. La forma de cometer los asesinatos o de jugar con la sensibilidad social es tal que genera un aversión e intriga por conocer los motivos más allá de los anunciados oficialmente. El secuestro de un autobús escolar, la tortura a un hombre al que desangra gota a gota, o la convocatoria social para quemar establecimientos son algunos ejemplos que demuestran la frialdad de un personaje que se eleva, como villano, por encima del resto, hasta el punto de identificar la serie con él (y sin el que no sería lo mismo). Actos todos ellos que definen el tono de la producción y lo enmarcan en la moderna novela negra procedente de esta zona de Europa, alejándola ligeramente del tono que Estados Unidos ha querido dar a su versión.

El frío lo inunda todo

Claro que si algo destaca, aunque solo sea a nivel visual, es el frío. Sí, los escenarios están definidos por la lluvia, la nieve, los abrigos y una luz gris y dura que dota a todos y cada uno de los objetos y personajes de un aura excesivamente sobria e inquietantemente bella. Pero más allá de este aspecto formal, más allá del marco en el que los personajes se mueven, son los mismos protagonistas los que muestran la mayor de las frialdades. Comenzando por el personaje de Helin, que como ya hemos dicho es uno de esos roles duros, sencillos en su código moral pero complejos en su forma de interactuar con los demás. Y por supuesto el villano, un hombre corrompido por el odio cuya venganza ha sido planificada con minucioso detalle durante cinco años. Nunca mejor dicho, la venganza es un plato que se sirve frío.

Empero, Bron/Broen es una serie fría en todos sus aspectos. Analizar este tipo de producciones, sobre todo si existe la posibilidad de ser comparada con una versión de un país muy diferente, permite comprender mejor la forma de pensar y de actuar de una sociedad cuya forma de expresar sus sentimientos es, cuanto menos, distante. Sí, la protagonista es la expresión última de esa idea, pero su compañero, interpretado por Bodnia, no se queda atrás en lo que a ocultar sus sentimientos se refiere. Algo que, no por casualidad, se debería extrapolar a los guionistas. No me refiero a las infidelidades o a las malas relaciones con su hijo, algo habitual en los arcos argumentases de cualquier producción. No, me refiero a la forma de resolver esta primera temporada.

Una resolución que busca, al más puro estilo Seven (1995), busca generar en el espectador el mismo dilema moral y humano que se genera en el protagonista. Y si bien es cierto que el devenir de los acontecimientos se desarrolla a la perfección para alcanzar esa máxima, las reacciones del personaje, y su posterior recuperación en un hospital, impiden la identificación buscada. Que nadie piense en una ausencia de romanticismo o emotividad. No se trata de eso, sino de la forma de abordar una situación dramática por parte de los responsables suecos y daneses. El último episodio de la temporada se muestra excesivamente abrupto emocionalmente hablando. La forma en que se presenta al personaje de Bodnia una vez superado el clímax es cuanto menos limitada, como si hubiese que quitar rápidamente todo aquello que no tenga que ver con la trama principal, por otro lado ya finalizada.

Evidentemente, estos son elementos conceptuales y narrativos propios de estos países, por lo que no deberían ser un impedimento para disfrutar de la primera temporada de Bron/Broen si uno es consciente del contexto cultural en el que se enmarca. Podrá gustar más o menos que su remake americano, pero indudablemente es una serie que inquieta e impacta a partes iguales, que genera tensión e impide que el espectador se despegue de su asiento, sobre todo en los últimos episodios. Y lograr eso teniendo en cuenta el estilo narrativo de este tipo de filmografía (largos y lentos planos) es todo un reto que se puede y se debe disfrutar.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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