‘Mob city’, clásico cine negro y contexto verídico de una temporada


Milo Ventimiglia y Jon Bernthal protagonizan 'Mob City', creada por Frank Darabont.Resulta muy frustrante, sobre toco como espectador, comprobar cómo un producto, ya sea una serie, una película, … se queda a medias. Sobre todo si tiene la calidad narrativa suficiente para prometer algo diferente y apasionante. Por eso cuesta entender cómo es posible que Mob city, el nuevo proyecto televisivo de Frank Darabont después de abandonar The Walking Dead, se haya quedado en una única temporada de 6 episodios que, para colmo, finaliza dando pie a una más que interesante segunda temporada que, como decimos, no verá la luz. Los motivos pueden ser varios (falta de la audiencia suficiente, no haber cubierto las expectativas de éxito, …), pero ninguno justifica realmente la falta de compromiso de los productores de cara a continuar desarrollando la trama en nuevos episodios.

Sobre todo con una serie de semejante calidad técnica y con una ambientación excepcional. La trama, ambientada en la ciudad de Los Ángeles durante los años 40, narra la batalla que se entabló entre el cuerpo de policía y, en concreto, William Parker (Neal McDonough), y la mafia que dominaba la ciudad, liderada por Bugsy Siegel (Edward Burns). Y lo hace de la mejor manera posible, es decir, de forma indirecta. En realidad, esta historia basada en la novela L. A. Noir de John Buntin centra su atención en la relación de dos amigos, uno abogado de la mafia y otro inspector de policía, que se ven envueltos en una lucha que se convierte, por tanto, en el escenario de una intriga de traición, amor y violencia.

Si hubiese que definir con una palabra a Mob city, esa sería “clásico”. Todo en ella desprende el aroma que poseía el cine negro de las décadas doradas del cine. Darabont, que dirige buena parte de los episodios, logra recrear no solo la época en la que se mueven los personajes, sino el ambiente cinematográfico que definió a todo un género. Y la mejor prueba de ello es su episodio piloto, algo desconcertante si se ve de forma aislada pero imprescindible para comprender las relaciones, las debilidades y los conflictos que van apareciendo a lo largo de su temporada. Con la narración del protagonista, interpretado con solvencia por Jon Bernthal (El lobo de Wall Street), este primer episodio se asemeja más a una película corta que al inicio de una serie. Investigador, crimen, mujer fatal, criminales, luces que cortan las sombras como si fueran cuchillos, … incluso existe ese componente tan aparentemente inexistente como es el espeso humo de los locales.

Por si fuera poco, su estructura narrativa se aleja conscientemente de la que suelen tener los capítulos. Tal vez por eso desconcierta un poco al inicio, sin llegar a saber nunca qué es lo que ocurre exactamente. Una incertidumbre que sienta las bases para el resto de los episodios, de desarrollo más tradicional, y que engancha al espectador para obligarle a asistir a un viaje por la violencia y las extrañas normas éticas de un mundo en el que la vida no valía nada. La serie se revela, por tanto, como una historia de suspense, un arco dramático que convierte al héroe en el antihéroe que conocemos de films como El halcón maltés (1941), es decir, un hombre que se rige por sus propias leyes (y al que se suma, en esta ocasión, su cargo en la policía).

Unos actores de época

Mob city es uno de esos productos que escasean en la pequeña pantalla. Su factura técnica es impecable; sus guiones combinan de forma inteligente intriga y violencia, drama policial y romance; y sus actores son, en líneas generales, de un alto nivel. Por poner un ejemplo similar en lo que a género se refiere, se asemeja a Boardwalk Empire, aunque aborda el mundo de los gangsters desde un punto de vista muy diferente y los personajes no alcanzan el interés que pueden tener aquellos. Eso no impide, sin embargo, que existan algunos nombres que merecen ser destacados. Y no son los personajes históricos que vivieron dicha batalla, pues estos quedan definidos de una forma somera, sin profundizar demasiado en sus motivaciones más allá de su definición como “buenos” y “malos”.

No, los personajes más interesantes son los dos amigos protagonistas. Tanto Bernthal como Milo Ventimiglia (serie Héroes) crean un vínculo que va más allá de la ley o la mafia, del bien y del mal. Ambos se mueven en el mundo de luces y sombras que es Los Ángeles en aquella época, y ante todo buscan sus propios intereses, que no siempre coinciden con los del bando en el que militan. Enemigos por necesidad, amigos por lealtad. Esto permite a la trama adentrarse en una serie de matices que de otro modo se perderían, como es el hecho de que sus motivaciones muchas veces lleven a unas acciones más que cuestionables, ya sea desde el punto de vista policial o mafioso. En concreto, Ventimiglia compone el que posiblemente sea el mejor personaje de la serie, un “consigliere” joven y ambicioso que es capaz de salir de la situación más complicada. Su discurso final, en el que analiza la estructura de poder de una ciudad corrupta, es uno de los momentos más señalados.

Al comienzo decía que esta primera y única temporada termina de la mejor manera posible para la siguiente parte. Claro que visto de otro modo es la peor manera posible de terminar. Visualmente, su último episodio es impactante, brutal y estremecedoramente veraz si se conoce un poco la historia de Bugsy Siegel (basta con entrar en Internet para enterarse). Su resolución, empero, arroja la idea de que, en realidad, estamos ante lo que podría ser un primer acto de una obra mucho mayor. Una especie de presentación de personajes con un conflicto inicial que, en su desarrollo, se encuentra con un punto de giro drástico que trastoca la idea inicial que tenía el espectador. La teoría dice que esto debe generar interés para atrapar al espectador al inicio del segundo acto. En la práctica, la serie lo consigue… salvo porque no habrá segundo acto.

Una lástima. Mob city se postulaba como una de esas producciones que, aunque no tengan un éxito masivo entre el público, iba a ganar enteros a medida que su desarrollo dramático evolucionase. Su primera temporada, desde luego, lo promete firmemente. Desde su vestuario, con esas corbatas cortas tan llamativas, hasta sus decorados, pasando por los actores y algunas secuencias realmente logradas (el tiroteo en el tiovivo es un ejercicio de suspense con mayúsculas), la serie es una obra magníficamente inacabada, soberbiamente interrumpida. Al menos podremos disfrutar de estos 6 capítulos e imaginar lo que podría haber sido.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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