‘RoboCop’ (1987), un original más apocalíptico y robotizado


Paul Verhoeven dirigió la versión de 1987 de 'RoboCop'.Suele decirse que el cine actual, y más concretamente Hollywood, se está quedando sin ideas. Que el constante recurso a secuelas, remakes, spin-off y similares producciones derivadas de otras anteriores no hace sino constatar el hecho de que no hay nada nuevo bajo el sol. Y es cierto, al menos en parte. En realidad, como ya he dicho en otras ocasiones, ni este es un fenómeno moderno ni tiene que ser necesariamente malo. Porque el remake bien hecho permite ver las diferencias culturales, sociales y artísticas de dos épocas. Uno de los casos más evidentes es el de RoboCop y su reciente versión. Más allá de estilos visuales, técnicas y anécdotas, la película de 1987 dirigida por Paul Verhoeven (Desafío Total) proponía unas bases narrativas que están bastante alejadas de la actual, y que permiten comprender un poco cómo ha cambiado la sociedad en estos 27 años.

La trama, desde luego, sigue siendo la misma. Un buen policía en una ciudad dominada por el crimen es atacado y queda al borde de la muerte. La única forma de que sobreviva es convirtiéndole en un robot que, en realidad, es un instrumento al servicio de la ley y de una serie de intereses comerciales y empresariales. Sin embargo, la conciencia humana poco a poco se impone a la máquina, llegando a ser algo más que una mera arma de combate. A grandes rasgos, un desarrollo muy similar entre ambas producciones, como no podía ser de otro modo. Empero, Verhoeven ofrecía una visión más apocalíptica, degradada y pesimista de ese futuro en el que el crimen se ha hecho con el control de toda una ciudad.

Muy en la línea de lo que se pensaba en los años 80 acerca del futuro, el director holandés ofrece un futuro caótico, definido por la suciedad y los lugares sombríos, y en el que la policía se sobrepasada tanto en número como en armamento. Un futuro dominado por bandas callejeras y grandes estructuras criminales en una urbe, Detroit, que parece a medio construir y en la que las grandes corporaciones tienen más que decir que los poderes públicos. Al contrario que la película de José Padilha (Tropa de élite), que plantea un futuro más utópico e idealizado, el film de 1987 propone a este robot con alma humana como única salvación de una sociedad abocada a su propia destrucción. Una idea que no solo queda reflejada en el aspecto formal del conjunto, sino en el estilo visual del propio director.

En efecto, el director de Instinto básico (1992) no duda ni un momento en mostrar explícitamente esa especie de infierno en la tierra que es el Detroit del futuro a través de una violencia directa. Más allá de la muerte del protagonista, inmortalizado por Peter Weller (Asesinos cibernéticos), a lo largo del film se muestran momentos brutales, escenificando por otro lado la falta de humanidad de un personaje que poco a poco logra alcanzar lo que era antes de convertirse en una máquina, y de una sociedad definida por una falta de escrúpulos alarmante. En la retina queda, por ejemplo, el momento en que uno de los villanos camina mientras se derrite tras ser atropellado y empotrado contra unos bidones de ácido. Por no hablar de la destrucción que sufre el propio protagonista hacia el final del film.

Más máquina, menos hombre

Si se compara con la versión de 2014 las diferencias son más que evidentes. Sí, el protagonista es más estilizado y visualmente arrollador que su antecesor. Y los efectos, evidentemente, están mucho más logrados o, por lo menos, actualizados. Pero su visión del futuro dista mucho del film original. Tanto que, en cierto modo, parece que al mismo personaje se le ha situado en dos lugares diferentes. Una clara evidencia de que los tiempos no solo cambian en el aspectos visual, sino en el conceptual. En el plano psicológico la sociedad ha pasado de prever un futuro sombrío y decadente a otro en el que la sociedad parece vivir en una especie de edén sin grandes problemas a la vista (a pesar del alto índice de criminalidad, pues si no no tendría mucho sentido la película).

Dejando a un lado este aspecto, es destacable igualmente la forma en la que es tratado el personaje principal. De nuevo, no entraré a valorar cambios más visuales como el hecho de que tiene una compañera (Nancy Allen) o que se traslada en coche (en la versión actual es un compañero y se mueve en moto), sino en la evolución dramática que sufre. Tal vez sea por la necesidad de centrarse más en una visión más general de la historia, o tal vez por poner el foco en la corrupción y los entresijos más profundos de ésta, pero lo cierto es que RoboCop, versión 1987, es un personaje algo más simple y menos trágico. Su desarrollo se produce de forma más directa, dejando los dilemas morales para determinados momentos a lo largo de la trama. Su transformación en la criatura metálica no conlleva, al menos en un primer momento, todos los problemas que sí destaca la versión moderna.

Sin ir más lejos, el personaje interpretado por Weller nace siendo literalmente un robot, es decir, una máquina sin ningún atisbo de humanidad salvo ciertos detalles que permiten identificar al policía humano. Es, por tanto, una lucha de la psique humana por salir a flote en un mar de datos, cables y entorno digital que le domina desde el primer momento. En cierto modo, Verhoeven logra de esta forma materializar el miedo a que las máquinas terminen algún día por dominar nuestro subconsciente, muy en la línea catastrofista que tiene el film en líneas generales. Por contra, la versión de Padilha ahonda más en la figura trágica de un hombre al que se le logra salvar y que, para vivir, necesita un cuerpo metálico y reducir sus emociones hasta la mínima expresión, convirtiéndole de hecho en un robot cuya alma humana lucha por volver a salir. Dos formas de narrar que centran el foco en aspectos diferentes de la trama.

Visto así, la versión de RoboCop dirigida por Paul Verhoeven se revela como un film más sombrío y visceral, dominado por un pesimismo y un miedo social del que solo pude liberarnos un ser creado por el hombre a partir de un hombre. Una forma de entender el futuro que nada tiene que ver, al parecer, tiene la sociedad en la actualidad. Lo más interesante de este clásico es que, a pesar de los años y de que ciertos recursos narrativos y visuales han quedado desfasados, el ideal de única esperanza para un mundo que camina hacia su colapso sigue vigente, lo que lo convierte en un film distinto, muy alejado de los parámetros que plantea su remake.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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