American Horror Story vuelve a sus orígenes con ‘Coven’


Las brujas protagonizan la trama de 'American Horror Story: Coven', tercera temporada de la serie.Cuando en 2011 dio comienzo American Horror Story muchos, entre los que me incluyo, quedamos fascinados tanto por la belleza formal de la producción como por la elegancia e inteligencia de un guión que jugaba constantemente al gato y al ratón entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Pero esta historia de una casa encantada tenía, lógicamente, fecha de caducidad, aunque solo fuera por el hecho de que estirar ese desarrollo argumental en demasía podía derivar en una autoparodia innecesaria. Afortunadamente, pronto se anunció que cada temporada iba a ser independiente. Una decisión arriesgada que mantuvo en ciertos aspectos el nivel en la segunda parte, subtitulada Asylum, aunque no lograba definirse con tanta trama. Su tercera temporada, bajo el subtítulo Coven (aquelarre en inglés), recupera las buenas sensaciones del original.

Y lo hace volviendo a sus orígenes, es decir, a centrarse en una única historia (eso sí, con homenajes a muchos otros subgéneros del terror) que tiene lugar en el mundo de la brujería. En concreto, la historia creada por Brad Falchuk y Ryan Murphy, creadores de la serie Glee, gira en torno al relevo en un aquelarre de brujas de su Suprema (con los rasgos de Jessica Lange), la bruja que debe guiar todas sus acciones. Un relevo que desata no solo las previsibles y tradicionales luchas de poder entre ellas, sino que desentierra (nunca mejor dicho) viejos fantasmas del pasado en forma de enemistades con otros grupos de brujas, remordimientos y, literalmente, muertos vivientes. Y a pesar de todo, a pesar de la cantidad de elementos que poco o nada tienen que ver con la brujería, la serie logra encajar como un guante todo aquel concepto que pueda resultar extraño en una trama que, a pesar de algún que otro altibajo, tiene algunos momentos realmente memorables.

Sin duda, y ya que hemos mencionado los altibajos, la serie encuentra su mayor handicap en la innecesaria y constante resurrección de los personajes. A diferencia de la primera (más romántica) y de la segunda temporada (más visceral), American Horror Story: Coven está planteada desde un principio como una especie de juego de pistas en el que el espectador trata de averiguar quién es quién en esa mansión, o lo que es lo mismo, cuál será el orden en el que irán cayendo las brujas en esa lucha de la que antes hablábamos. Y hasta cierto punto sus responsables logran, con mayor o menor originalidad, ir eliminando personajes de forma coherente y, sobre todo, espectacular. El problema nace en la aparente obligación de volver a contar con dichos roles para una especie de clímax final en el que todos deben participar. Sencillamente es algo que genera algo de indiferencia, pues los personajes parecen impunes no solo ante sus actos, sino ante su propio final.

Igualmente, el arco dramático de la temporada, que consta de 13 episodios como la anterior, ofrece un elemento muy interesante: la lucha encarnizada durante siglos de las brujas contra sus cazadores. Sin embargo, el desarrollo que esta trama secundaria presenta se queda algo escaso, no tanto en lo que explica cómo en la forma de narrarlo, con demasiados trompicones y sin ahondar demasiado en los antagonistas, retratados aquí como un grupo de hombres cuyo único fin es la eliminación de estas mujeres como poderes. Hay que reconocer, empero, que la forma de eliminarlos es sencillamente sublime, haciendo gala de la elegancia y brutalidad que caracteriza a la serie.

Homenajes delirantes

A pesar de todo, esta tercera temporada de American Horror Story se erige como una digna sucesora del original, muy por encima de la confusa segunda parte. Y lo logra porque, como decía al principio, centra la mirada en una única historia con muchas ramificaciones, pero integrando todas ellas en un conjunto único que se nutre de cada detalle, cada decisión y cada diálogo. En este sentido, es imposible no destacar los numerosos homenajes que la serie hace a figuras clásicas del cine, la literatura y la mitología, por no hablar del hecho de que reformula algunas de las ideas más tradicionales sobre las brujas, en la misma línea que ha trabajado hasta ahora esta producción de terror.

Podemos encontrarnos, por ejemplo, con un Minotauro a las órdenes de Angela Basset (Objetivo: La Casa Blanca), quien da vida a un personaje histórico como es Marie Laveau. O con una horda de zombis eliminados por el personaje de Taissa Farmiga (Mindscape), en lo que es un claro y magnífico homenaje a cintas como Posesión infernal (1981) y Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro (1992). Eso por no hablar de la criatura de Frankenstein a la que da vida Evan Peters (Adult world) y cuya evolución es de las más interesantes de toda la temporada. Todo ello, además de dar respiro a una espiral de conspiraciones y sadismo que amenaza en todo momento con escaparse de las manos, permite al espectador alcanzar una perspectiva mayor sobre una historia compleja y con muchos, tal vez demasiados, personajes secundarios.

Aunque como ha ocurrido siempre en la serie, dichos personajes secundarios son el verdadero plato fuerte. Sin ir más lejos, estos 13 capítulos incorporan a Kathy Bates (Misery) en otro personaje histórico, Madame LaLaurie, sádica mujer de la alta sociedad que se dedicó a torturar a sus esclavos en la Luisiana de finales del s. XVIII y principios del s. XIX. Un fichaje que protagoniza algunos de los mejores momentos del conjunto. Destaca también la presencia de Danny Huston (Hitchcock) como un asesino en serie, y en menor medida las jóvenes Gabourey Sidibe (Precious) y Emma Roberts (Somos los Miller), sobre todo esta última como una de las villanas de la función. Todos ellos, entre muchos otros, tienden a derivar el desarrollo dramático hacia derroteros que poco o nada tienen que ver con la historia principal, aunque por fortuna se logra enfocarlos hacia un bien común, que no es otro que la resolución de la trama principal.

La sensación que deja American Horror Story: Coven es la de estar ante una temporada que recupera lo mejor del sello propio de la serie. Elegancia, inteligencia y momentos de auténtica brutalidad. Además, lo hace sin perder nunca de vista de qué habla y qué importa realmente en esta historia de brujas, secretos y traiciones. Sin embargo, posee algunos “peros” que pueden hacer desconectar de la acción, muchos derivados de esa profusión de tramas secundarias que también ha caracterizado a la producción. Por no hablar del episodio final, ciertamente bello e incluso poético pero sin demasiada fuerza narrativa. Pero nada de esto debería ser un impedimento para disfrutar de una serie tan personal y arrebatadoramente bella como esta.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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