‘Nebraska’: la demencia del dinero


Will Forte y Bruce Dern se embarcan en un viaje hacia 'Nebraska'.Hay películas que pueden parecer sencillas en su concepción y en su narrativa visual, pero una vez vistas y analizados todos sus aspectos se revela como algo más de lo que se puede ver a simple vista. Lo nuevo de Alexander Payne (Entre copas) se ajusta a esta idea como un guante. Más o menos en la misma medida en que lo hace el resto de su cine, definido por una sana obsesión a la hora de retratar la condición humana y las relaciones familiares. La diferencia, en esta ocasión, radica en que para contar la historia no se sirve únicamente de los personajes.

De hecho, y aunque haya más de uno que pueda considerar casi blasfemo lo que voy a escribir, los personajes no son lo más llamativo del conjunto. No quiere esto decir que no sean importantes. Lo son, y mucho. Al igual que los actores. Pero lo que realmente define a Nebraska es su fotografía y la deliberada apuesta de Payne por un montaje y una planificación muy clásicas, de otra época. La apuesta en blanco y negro, con el director de fotografía Phedon Papamichael (En la cuerda floja) como máximo responsable, acentúa sobremanera el tono crepuscular de este viaje de redescubrimiento de los lazos familiares. Gracias a los constantes grises que pueblan todos y cada uno de los planos el espectador se sumerge en un mundo de relaciones humanas dominadas por la envidia y el ansia del dinero, así como permite retratar mucho mejor el cada vez más caótico y bicolor mundo del protagonista.

Un protagonista, por cierto, magistralmente interpretado por Bruce Dern (Monster). Pero un protagonista, en cualquier caso, similar a otros vistos en el propio cine de Payne, al igual que ocurre con el resto de personajes. Y a pesar de que esto no es un impedimento para dejarse llevar por una trama bien estructurada y un humor casi tan gris como la fotografía de la película, sí que deja la sensación de estar ante algo ya visto, ante un viaje narrado en otras ocasiones y en similares circunstancias. Empero, y como le ocurre al protagonista, lo importante no es si se logra el premio final o si se curan las maltrechas relaciones familiares, sino si se aprende algo del viaje físico y emocional que se realiza. Personalmente creo que sí, sobre todo con la resolución tan tierna que tiene la historia, pero eso es algo que cada espectador debe valorar por sí mismo.

Lo que no debe generar duda alguna es que Nebraska es uno de esos films grandes en su sencillez. Con una historia simple y sin grandes sobresaltos narrativos Alexander Payne realiza una disección profunda de las relaciones humanas y de cómo el dinar es capaz de mostrar a las personas tal y como son. Tanto si existe como si se cree que existe. Este viaje existencial en el que se embarcan padre e hijo es, en definitiva, una forma tan buena como otra cualquiera de evidenciar que la demencia que sufre el protagonista es extrapolable a la que se apodera del resto de individuos cuando creen que una fortuna puede cruzarse en su camino. A partir de aquí, solo cabe preguntarse quién puede estar más loco, el que cree en una fantasía o aquellos que creen al demente.

Nota: 7,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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