Las drogas se llevan a Philip Seymour Hoffman a los 46 años


El fallecido Philip Seymour Hoffman en un momento de 'La duda' (2008).Era uno de los mejores actores de su generación, y uno de esos intérpretes que escasean cada vez más en el actual esquema de Hollywood. La muerte de Philip Seymour Hoffman ayer a la edad de 46 años víctima de una sobredosis (según la policía, se le encontró con una jeringuilla todavía en el brazo) deja un hueco difícil de llenar en el panorama cinematográfico. Cierto es que el propio actor había confesado sus problemas de adicción, y que se había tratado por ello con escaso éxito, pero un final tan impactante no parecía estar en las previsiones de nadie. Una pérdida que deja, eso sí, una amplia carrera cargada de excelentes trabajos, de secundarios inolvidables y de protagonistas ricos en matices. Porque si algo aportaba Hoffman a sus roles era la sutileza de una personalidad habitualmente compleja. Uno de los mejores ejemplos se halla en La duda (2008).

Valga este análisis de su labor en la película escrita y dirigida por John Patrick Shanley (Joe contra el volcán) como homenaje a un actor que, no me avergüenza decirlo, es de los pocos que logran atraerme a una sala de cine por sí solos. Para aquellos que no hayan tenido la oportunidad de ver el film, una breve sinopsis. El argumento narra la difícil relación entre un cura y una monja, el primero comprensivo y abierto a la modernidad y la segunda más inclinada a dirigir con mano firme el colegio que ambos dirigen. Sin embargo, la situación se torna insostenible cuando una joven monja despierte las sospechas de que el hombre ha abusado de un niño, iniciándose una caza de brujas que llevará a todos los implicados a extremos que ninguno creía que podría alcanzar.

No me voy a detener en el excelente guión o en la labor del resto del reparto, con una Meryl Streep (Agosto) y una Amy Adams (La gran estafa americana) muy inspiradas. De eso ya hablaré en otro momento. No, este texto está dedicado única y exclusivamente a la figura de Hoffman en su rol como el cura acusado de abusos a menores. Hay que reconocer que buena parte de su excelente trabajo se debe también a la calidad de las actrices que ofrecen la réplica. Y es que si algo queda grabado a fuego de esta película son los diálogos que mantiene con Streep, todo un derroche de talento interpretativo en su mínima expresión que, como no podía ser de otro modo, le llevó a conseguir sendas nominaciones en muchos de los festivales y galas de ese año, incluyendo la de Mejor Actor secundario en los Oscar.

En cierto modo, su talento radicaba en ese concepto del minimalismo. No seré yo quien niegue que Seymour Hoffman tuvo en muchas ocasiones interpretaciones algo excéntricas, pero en líneas generales fue un actor caracterizado por poder transmitir más con una mirada que con un largo discurso. En La duda lo demuestra con creces. Ya desde el primer momento en que se muestra en pantalla algo ocurre, algo transmite. Su aportación a un personaje en principio bueno pero con un pasado que ha ocultado por su propio bien y el de su carrera (y que queda algo alejado del delito del que se le acusa) es simplemente brillante. De su presencia en escena emana ese aire algo culpable, esa sensación de que existe mucho más de lo que se muestra al espectador.

El mimetismo por bandera

Sin duda, este es el gran acierto de su labor en el film. Gracias a esta sensación que transmite el actor y que, por mucho que quede definida sobre el papel, no todos los intérpretes son capaces de conseguir, el desarrollo dramático de la trama principal, de esa duda que planea sobre los tres actores protagonistas, adquiere una mayor relevancia. De hecho, se convierte en un verdadero Mcguffin, si entendemos por este el elemento de suspense que hace avanzar la acción y que, al final, poco importa si llega a desvelarse. Así descrito, es exactamente lo que ocurre con esta duda. Poco importa si al final es culpable o no, si ha cometido errores en su pasado o en su presente. Lo relevante es cómo hace evolucionar a los personajes. Y el de Hoffman es uno de los que más cambian.

Gracias a ello vemos al actor transformarse en otro personaje notablemente distinto al que comienza siendo. El acoso que sufre, las constantes amenazas y la opresión de una sospecha cada vez más clara le llevan a sacar un aspecto de su naturaleza que mantenía oculto. Aspecto, por cierto, que el actor de The master (2012) ya presenta en esas primeras escenas que antes mencionaba y que, en definitiva, nos definen al personaje tal y como es, aunque no nos demos cuenta. Ese es el gran acierto, y talento, del actor neoyorquino. De hecho, su capacidad para evolucionar dentro de un film y para realizar papeles de lo más variopintos fue otro de sus grandes rasgos.

Aquí hemos comentado su papel en La duda, pero su filmografía es muy extensa y muy rica en papeles distintos, algunos incluso opuestos. Me imagino que todo el mundo le recordará por su labor en Truman Capote (2005), por la que logró el Oscar al Mejor Actor, pero ahí están también, por ejemplo, su sádico villano en Mission: Impossible III (2006) o su rol en Antes que el diablo sepa que has muerto (2007). Eso por no hablar de secundarios como los de Twister (1996) o El talento de Mr. Ripley (1999). Y esto son solo algunos ejemplos. Todos ellos, empero, tienen el denominador común de contar con un actor camaleónico sin necesidad de grandilocuentes y aparatosos maquillajes. Simplemente con su capacidad para entender su personaje, por pequeño o testimonial que sea, podía convertirse en una persona totalmente distinta. Eso es, en definitiva, lo que habría que pedirle a un actor.

Aun a riesgo de mostrarme excesivamente poético u hornera, la luz de Philip Seymour Hoffman se apagó en la tarde de ayer. Una luz que iluminaba notablemente todos los proyectos que tenían la suerte de contar con ella. Es una verdadera lástima que las drogas vuelvan a hacer acto de presencia en el mundo del cine. Me pregunto si algún día el mundo del espectáculo será capaz de sobrevivir sin ellas. Sinceramente, espero que así sea. El cine pierde a uno de sus grandes, a uno de esos actores que marcan la diferencia, que siempre aportan algo al proyecto en el que participa. Siempre nos quedarán sus películas para recordarle.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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