La 1ª T de ‘House of Lies’ nos introduce en el mundo de la consultoría


'House of Lies' aborda el mundo de las consultorías con una mirada ácida.Las cadenas de televisión estadounidenses se están especializando cada vez más en productos con ciertos aspectos en común. Por ejemplo, no es difícil encontrar un estilo común en producciones tan dispares como Sexo en Nueva YorkLos SopranoBoardwalk Empire, todas ellas con el sello HBO. En este aspecto, una de las más transgresoras en cuanto a series se refiere es Showtime, responsable de productos como DexterHouse of Lies, de la que hablamos a continuación. La primera nació de una premisa curiosa y compleja que, en mayor o menor medida, tuvo un desarrollo excesivamente tradicional en algunas temporadas. La segunda, creada por Matthew Carnahan (serie Dirt) y cuya primera temporada llega a España unos dos años después de su estreno, tiene ese mismo espíritu transgresor, esta vez en clave cómica y centrada en el mundo de las consultorías.

Una transgresión no solo en su contenido (la moral de sus protagonistas y de su estilo de vida es más que cuestionable), sino en su forma de narrar esta historia sobre un consultor de éxito que ve cómo su carrera se sitúa al borde del precipicio cuando su empresa es absorbida por un banco al que él mismo asesora. Planteada a través de casos aislados, esta primera temporada de 12 capítulos mantiene una cierta coherencia en la lucha por la supervivencia profesional del protagonista y su equipo, así como los conflictos personales con su ex mujer y su particular hijo. Como decimos, lo que más define a la serie es su transgresión formal, que hace partícipe al espectador de la trama a través de miradas e interacciones casi constantes con el protagonista, quien se postula como una especie de guía espiritual en una selva tan despiadada como es el mundo de la asesoría.

Lejos de producir desafección, la apuesta de House of Lies por un estilo directo y ausente de tacto provoca el humor que tanto necesita la serie. Y digo necesita, pues si no sería complicado llegar a empalizar con unos personajes sin escrúpulos para vender y, en cierto modo, engañar a los directivos de las empresas. Si bien es cierto que el hecho de hablar a cámara, detener la imagen o incluso hacer cómplice de la trama al espectador a través de miradas podría impedir conectar de forma clara con la trama, el resultado es el opuesto. Gracias a la forma en que el personaje de Don Cheadle (Iron Man 3) explica su trabajo y la originalidad con la que se abordan esos congelados de imagen (con gráficos pintados sobre la imagen por el propio protagonista incluidos), la serie adquiere un aire burlón, casi irreal, que alivia notablemente el drama de muchas situaciones y provoca otras igualmente cómicas.

De hecho, lo que logra esta creación de Carnahan es que gracias a esta interacción el espectador comprenda de forma simple y directa no solo el trabajo de consultor, sino la compleja personalidad del protagonista. Es gracias a eso que la serie puede permitirse, como de hecho hace, dotar de cierto dramatismo a numerosos momentos del arco dramático de esta primera temporada, olvidando por completo el tono cómico y centrándose por completo en los problemas del personaje de Cheadle. El hecho de que, incluso en esos momentos, interactúe con la cámara dota a todo el conjunto de una cierta complicidad, como si el espectador formase parte de la trama o, al menos, fuese testigo de excepción de la acción en tiempo real.

De los actores y la estructura subrepticia

Desde luego, el aspecto formal es lo más llamativo de House of Lies que, por cierto, sigue en este sentido el camino de House of Cards, aunque llevándolo a un terreno mucho más radical. En cierto modo, ambas se convierten en un manual para profanos en sus respectivos mundos. Sin embargo, no es lo único destacable. La serie cuenta con dos elementos mucho más interesantes: sus actores y la forma de desvelar sus secretos a lo largo de la trama que conforma esta primera temporada. El primero de ellos, como decíamos más arriba, cuenta con Cheadle como principal reclamo. Y lo cierto es que el actor realiza un trabajo realmente admirable, siempre con un registro algo excéntrico y excesivo pero al mismo tiempo capaz de dejar entrever los rincones más oscuros, dramáticos y tristes de un personaje que utiliza su trabajo y el ritmo de vida que le proporciona para escapar de sus propios demonios.

Aunque no es el único. Tanto Kristen Bell (serie Héroes) como Ben Schwartz (Runner Runner) y Josh Lawson (En campaña todo vale) resultan más que convincentes como los colaboradores de Cheadle, sobre todo los dos últimos en su faceta de pareja cómica condenada a compartir penas y alegrías a pesar de sus formas de ser tan dispares. Suyos son algunos de los momentos más irónicos, divertidos y surrealistas de estos 12 capítulos. Aunque el que sorprende, tal vez por su juventud, es Donis Leonard Jr. (Now Here). Su forma de abordar el rol de hijo travestido del protagonista es tan sencilla e inocente como espléndida. Es de suponer que todos ellos mantendrán el mismo nivel en las siguientes temporadas siempre y cuando los personajes no pierdan su forma de ser.

Lo que ya no es tan evidente es que la segunda temporada, que se emitió en Estados Unidos a lo largo del 2013, mantenga esos secretos a los que me refería antes. En efecto, esta primera entrega ha tenido un gran punto a su favor, y ha sido la capacidad para ocultar entre tanta situación cómica, tantas consultorías y tanto sexo y lenguaje subido de tono las verdaderas intenciones de muchos de sus personajes. Es cierto que algunas de ellas se intuyen en mayor o menor medida a lo largo de la serie (algo que podría considerarse un inconveniente), pero en líneas generales capta la esencia del mundo en el que se mueven los personajes, y que no es otro que esa casa de mentiras a la que hace referencia el título. Esta estructura oculta, subrepticia en muchos aspectos, otorga al resto una entidad mucho mayor que, mientras se asiste al espectáculo, no llega a comprenderse en todo su esplendor (evidentemente), pero que una vez contemplado todo el mosaico se revela imprescindible.

No cabe duda de que House of Lies es una de esas series diferentes en todos sus aspectos. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea una producción capaz de llegar a todos los públicos. Su lenguaje, su sexualidad (implícita y explícita) y una cierta violencia moral en algunos momentos la convierten en una producción no recomendable para todos los gustos. Eso sí, quienes busquen algo fresco, esta es su serie. La primera temporada puede presumir de una originalidad fuera de toda duda y de no caer en sus propias trampas. Gracias al manejo de los tiempos narrativos y dramáticos sus responsables equilibran la balanza de la comedia y el drama para componer un relato que va de menos a más y que termina con el protagonista en una situación mucho más compleja que la inicial. En definitiva, una buena evolución.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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