‘El lobo de Wall Street’: los excesos de la adicción al dinero


Leonardo DiCaprio y Jonah Hill en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.Dice Jordan Belfort, el personaje de Leonardo DiCaprio (El aviador) en su nueva película, que Wall Street es una selva en la que conviven todo tipo de animales. Y si bien adquirió el sobrenombre de ‘lobo’ gracias a un artículo, el imperio de estafadores que creó prácticamente de la nada podría definirse de muchas formas, pero no creo que una de ellas sea “manada”. Es desde este punto de vista, desde el carácter salvaje y desmedido que puede tener a veces la naturaleza, desde el que se acerca a la historia un Martin Scorsese (Casino) que vuelve a demostrar todo aquello que le convierte en uno de los más grandes del séptimo arte.

La película, excesivamente larga, es un fresco caótico y divertidísimo sobre un mundo vetado para el común de los mortales. Un mundo en el que el ser humano consume drogas y alcohol a todas horas sin resentirse físicamente. Un mundo en el que la depravación, el exceso y la desmesura están a la orden del día. El lobo de Wall Street cuenta todo esto, sí, pero lo hace desde un prisma original. Lejos de caer en el drama que podría haber sido (corrupción, infidelidades, drogadicción, …), Scorsese opta por dotar al conjunto de una comicidad, a veces muy ácida, que hace más llevadero lo que se ve en imágenes. Gracias a una narrativa ágil y eficaz el director logra que las tres horas de duración se disfruten en un suspiro, sin perder de vista en ningún momento el drama que subyace y que finalmente florece en su tercio final.

En este sentido hay que alabar el guión de Terence Winter (serie Los Soprano), que salvo algún bache en su ritmo (inevitable, por otro lado), es una sucesión ininterrumpida y frenética de momentos fantásticos. En esa marabunta de fiestas, orgías y engaños bursátiles destacan sobre todo dos momentos sencillamente brillantes: la primera conversación entre el protagonista y el FBI, y la sutileza con la que mezcla el sonido inmortal de la serie Popeye el marino con un acto heroico marcado por las drogas. Una ironía un tanto malsana que define a la perfección el tono general del film, una historia trágica si no fuera por el envoltorio cómico que la presenta. En este contraste es donde la película triunfa, y lo hace a lo grande. Los actores, todos sin excepción, están soberbios. DiCaprio vuelve a demostrar que va camino de ser uno de los grandes, aunque el que se lleva la palma es Jonah Hill (Supersalidos), quien con los años se convertirá, casi con toda probabilidad, en uno de esos secundarios que roban las escenas a los protagonistas mediocres.

No cabe duda de que estamos ante una de las mejores películas del año. La facilidad que tiene El lobo de Wall Street de narrar una estafa tan grande con un humor irónico y ácido es lo que la define como lo que es: un relato sobre la condición humana y sobre una forma de vida dominada por la mayor droga de todas: el dinero. Todo es grave, pero nada importa. Los medios son ilegales, pero se toleran mientras el resultado sea satisfactorio. Siguiendo esta idea, la película de Scorsese y DiCaprio logra un resultado muy bueno con los mejores medios posibles. Tal vez su duración sea innecesaria. Incluso habrá quién considere que existe un abuso de la narración. Pero todo eso forma parte del espectáculo. Es, en sí misma, un exceso con el que uno solo puede dejarse llevar y disfrutar.

Nota: 8,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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