‘La gran revancha’: nadie pierde, pero no todos ganan


Robert De Niro y Sylvester Stallone, cara a cara en 'La gran revancha'.La sensación de nostalgia que genera ver a un actor tratar de recuperar las emociones de un personaje que supuso para su carrera un antes y un después es, en algunos casos, directamente proporcional al ridículo que provoca el film con el que intenta hacerlo. O lo que es lo mismo, ver a dos actores como Sylvester Stallone y Robert De Niro, los boxeadores Rocky Balboa y Jake La Motta respectivamente, interpretar a dos boxeadores rivales que se reencuentran en el ring 30 años después es al mismo tiempo evocador y algo vergonzoso.

Evocador porque, para cualquier aficionado al cine, tanto Rocky (1976) como Toro salvaje (1980) son dos iconos del séptimo arte y del boxeo cinematográfico, y poder ver a dos mitos como estos subirse a un ring y luchar no deja de entrañar cierta nostalgia. Sin embargo, ése es el único aliciente. Bueno, y Alan Arkin (Pequeña Miss Sunshine), que ha encontrado en los personajes cascarrabias y algo excéntricos un filón con el que explotar su talento. El resto es un compendio de chistes malos, de diálogos que llevan a pocos o a ningún sitio, y de un metraje que llega a hacerse algo largo, lo que viene a demostrar que con algunos minutos menos la historia de La gran revancha habría ganado en frescura.

La película, en realidad, siempre se mueve por arenas movedizas. Desde luego, no es una historia que encandile, ni mucho menos. Con todo, los homenajes a momentos clave de los dos clásicos que interpretan sus estrellas hacen más llevaderos determinados momentos, convirtiéndose de hecho en lo verdaderamente interesante del conjunto. Da la sensación de que Peter Segal (50 primeras citas), quien como director no logra sacar todo el jugo posible a la situación que se ve en pantalla (la banda sonora de Rocky en algún que otro momento se antojaba necesaria), podría haber tenido más margen de maniobra si el argumento se hubiera limitado a una especie de parodia realista de estos dos púgiles tres décadas más viejos.

Pero bueno, es lo que hay. No creo que nadie, ni siquiera los más fieles seguidores, esperen de La gran revancha una película que sitúe a sus estrellas en el lugar que les corresponde. En definitiva, ninguno de los implicados pierde. Los actores logran lo mínimo para arrancar una sonrisa (algunos como Arkin sencillamente se convierten en héroes), Kim Basinger (Cellular) demuestra que ha encontrado la fuente de la eterna juventud y el combate final es, en líneas generales correcto. Pero poco más allá. El peor parado de todos es el espectador, que debe esperar casi dos horas para el verdadero meollo de todo esto. Casi dos horas en las que, salvo momentos puntuales, ocurre bastante poco.

Nota: 5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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