‘La leyenda del samurái: 47 ronin’: la venganza de una traición


Keanu Reeves protagoniza 'La leyenda del samurái', de Carl Rinsch.Viendo el resultado final es de suponer que la primera pregunta que el director Carl Rinsch y su equipo se hicieron a la hora de poner en imágenes esta leyenda nipona debió de ser algo así como… ¿cuál es la mejor manera de transmitir el mensaje de la tradición samurái? La respuesta es, precisamente, la tradición. Tradición a la hora de rodar, a la hora de planificar y a la hora de interpretar. Y esto, como casi todo en el cine, tiene su lado positivo y su lado negativo. Claro que, y no es un dato menor, la película se planteó en un principio como una superproducción que, según algunas fuentes, supera los 200 millones de dólares.

Lo cierto es que la historia de La leyenda del samurái: 47 ronin tiene todos los elementos de una buena trama épica de aventuras, magia, acción y artes marciales. Y sin que en ningún momento llegue a emocionar, el film logra mantener el interés en todo momento gracias a un ritmo que, sin ser frenético, si sabe cuándo acelerar y cuando tomarse un respiro para focalizar la atención en el drama, uno de los pilares del relato. A este último aspecto contribuyen notablemente los intérpretes asiáticos, sobre todo Hiroyuki Sanada (Speed Racer) y Tadanobu Asano (Mongol), quienes se hacen con el peso de la narración durante buena parte de las dos horas que dura la película, robándole protagonismo al que, supuestamente, debería ser el protagonista. Por otro lado, los contados efectos digitales resultan solventes, aunque nunca llegan a sobresalir del conjunto.

Pero como decía al inicio, toda esta tendencia a la tradición, a la consecución de un estatus correcto, juega en contra de una producción que podría haber dado mucho más de sí. Sobre todo si se tiene en cuenta su presupuesto. A lo largo de todo el film da la sensación de estar presenciando una película de serie B, un producto hecho para entretener consciente de sus limitaciones y que únicamente busca ofrecer de la forma más sincera posible una historia que, para un hipotético presupuesto bajo, es excesivamente grande. Pero no hay un presupuesto bajo, y ahí reside el problema. La labor de Rinsch tras las cámaras, sin ser mala, evidencia una falta de visión en las secuencias de acción, planificadas y montadas con excesiva simpleza (aunque hay que reconocer que el asalto final está muy conseguido). A esto habría que sumar la presencia de un Keanu Reeves (Constantine) que, una vez más, se muestra excesivamente hierático, excesivamente inexpresivo para lo que exige su personaje.

En sí misma, La leyenda del samurái: 47 ronin es una película correcta, sin grandes alardes pero entretenida, destinada a poner en conocimiento de los espectadores la leyenda en la que se basa y que, según se explica al final, todavía genera peregrinaciones en el país del sol naciente. Pero poco más. Que nadie busque en ella grandes alardes visuales o la mano firme de un director experimentado en este tipo de productos. Como relato de serie B es una buena propuesta para pasar un par de horas. Como el supuesto blockbuster que iba a ser, es un fiasco, entre otras cosas porque si realmente costó más de 200 millones de dólares no parece que vaya a recuperar la inversión.

Nota: 5,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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