‘Tropic Thunder’, humor gamberro y crítica del mundo de Hollywood


Ben Stiller, Robert Downey Jr. y Jack Black protagonizan 'Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!'.El estreno el pasado día 25 de diciembre de La vida secreta de Walter Mitty ha vuelto a poner bajo los focos a uno de los cómicos más relevantes de los últimos años. Sin embargo, el éxito de Ben Stiller como protagonista de Algo pasa con Mary (1998) o la trilogía sobre los padres de ella y de él ha eclipsado en cierto modo su faceta como director. De hecho, no es extraño conocerle más por su papel frente a las cámaras que tras ellas en aquellos proyectos en los que compagina ambas labores. Sin embargo, a pesar de tener un puñado de películas como director Stiller ha sabido aportar un cierto estilo al género, adaptándose a las necesidades de cada historia y ofreciendo productos, cuanto menos, atípicos. Así ocurre con su más reciente estreno, y en esa misma categoría podría clasificarse Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra! (2008), su anterior proyecto.

La historia, al igual que ocurre con otros de sus proyectos, es relativamente sencilla. Durante el rodaje de una película bélica de gran presupuesto plagada de estrellas de cine los actores principales y el resto del equipo se ven envueltos en un conflicto con unos narcotraficantes. Los protagonistas son confundidos con verdaderos soldados, por lo que deberán dejar de actuar y convertirse en sus personajes si quieren sobrevivir. Y al igual que ocurre en otros de sus proyectos, la sencillez de su argumento permite a Stiller (director) dar rienda suelta a un sinfín de críticas, en este caso al mundo del séptimo arte y a los egos que en él se dan cita cada día. En el caso que nos ocupa a través del humor más gamberro y exagerado posible, obteniendo como resultado un largometraje extremadamente absurdo y al mismo tiempo comprometido.

Ambos conceptos aparentemente incompatibles encuentran su punto en común, curiosamente, en unos secundarios de lujo que logran una mayor presencia que el propio protagonista, un Ben Stiller (actor) que nunca termina de salir del personaje en el que él mismo se ha convertido. Secundarios, por cierto, capitaneados por Robert Downey Jr. (Iron Man 3) y Tom Cruise (Oblivion), este en un personaje casi testimonial pero que tuvo tal impacto que durante varios meses se barajó la posibilidad de darle más recorrido en un film propio. Todos y cada uno de los actores que acompañan a esa estrella de acción en decadencia interpretada por Stiller ofrecen unas interpretaciones perfectas en sus excesos, cada uno además centrando sus burlas y guiños en un aspecto de la industria cinematográfica (cómicos autocomplacientes, raperos que buscan hacer más dinero, directores primerizos, …). Aunque la palma se la lleva, sin duda, Downey Jr. Su crítica (y autocrítica en cierto sentido) a esos actores que para meterse en la piel de sus personajes son capaces de modificar su físico alcanza el absurdo de someterse a una operación estética para que un hombre blanco de ojos azules se convierta en un afroamericano de ojos marrones.

Y eso es únicamente el aspecto físico. La transformación del actor alcanza además los tópicos más clásicos del cine bélico de las últimas décadas del siglo pasado. Con el puro siempre en la boca, diciendo un taco cada cinco palabras, el actor logra que su personaje (un actor que hace un personaje, no lo olvidemos) se transforme completamente. Incluso su forma de andar es modificada para la ocasión. Es, posiblemente, la mejor prueba de que en Tropic Thunder, más allá de su humor y de sus evidentes limitaciones, de las que todos son muy conscientes, hay algo más que un grupo de actores tratando de hacer reír al respetable. No en vano, la película ofrece una imagen muy interesante del mundo de Hollywood. Cierto es que su clave cómica tiende a exagerar, pero eso no impide que debajo de todo eso exista un poso más que interesante de ácida crítica.

Los tráilers previos

Una crítica que sienta sus bases en los falsos avances iniciales que preceden a la propia película y que definen en unos pocos minutos a todos y cada uno de los actores que, más tarde, deberán demostrar que son algo más que niñitos con mucho dinero. A través de estas previas el espectador ubica cada rol en sus respectivos arquetipos (no son más que eso): Stiller es la estrella de acción atrapada en la saga de moda; Downey Jr. es el actor de método que trata de aportar algo de inteligencia al conjunto; Jack Black (Año uno) es el cómico enrocado en sí mismo incapaz de ver más allá. Y así sucesivamente.

Aunque pueda parecer un mero guiño a algunos de los fenómenos hollywoodienses de los últimos años, no hay que despreciar la labor que estos falsos tráilers realizan en el devenir posterior de Tropic Thunder. Todos ellos, como decimos, sientan las bases psicológicas de cada uno de los personajes y ayudan, en definitiva, a que estos puedan exponer todos los rincones de sus personajes desde un principio. Empero, esto tiene un aspecto positivo y otro negativo. El primero, sin duda, es la fuerza que aporta al arranque y los constantes conflictos que se generan en una película que, en realidad, es una lucha de egos. El segundo, por contra, es que el ritmo y el interés decaen progresivamente, siendo salvados por algún que otro momento. Más o menos como le ocurre a La vida secreta de Walter Mitty.

En efecto, y aunque al final la sensación que queda es la de una comedia gamberra y ácida, el desarrollo no ofrece todo lo que podría ofrecer. Es un aspecto que queda solventado gracias fundamentalmente a la labor de los actores y a la crítica que subyace en todo momento, pero no por ello deja de existir y pone de manifiesto las limitaciones, sino formales al menos narrativas, de Stiller como director. Una crítica, por cierto, que no se dirige a ningún actor o sector en particular, sino a los grandes tópicos del cine norteamericano: la guerra entre estrellas por convertir la película en un culto a su figura, las manías de cada uno de ellos, su falta de empatía hacia los demás, … Incluso la falta de trabajo, como pone de manifiesto la secuencia en la que las grandes estrellas le confiesan al principiante que no necesitan leerse el guión para interpretar a sus personajes.

Todo ello conforma un panorama único en el que el humor de Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra! logra un desarrollo completo. No estamos hablando de una de las mejores comedias de los últimos años, ni mucho menos. Stiller, en sus dos facetas de actor y director, tiende a encerrarse en un bucle narrativo y cómico que le lleva a repetir ciertos patrones. Eso no impide, sin embargo, que estemos ante uno de sus mejores trabajos tras las cámaras, gracias fundamentalmente a los actores de los que se rodea y a su sentido analítico y un tanto autocrítico que le permite poner el foco en las debilidades y tópicos de la sociedad. Y eso es algo que le diferencia de otros cómicos de su generación.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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