‘Carrie (2013)’: el despertar de la adolescencia


Chlöe Grace Moretz desata un infierno en la versión del 2013 de 'Carrie'.Si hay algo que me gusta de Stephen King como escritor es que en todas sus novelas el componente fantástico o terrorífico es una mera excusa para hacer aflorar todas las miserias, los temores y los anhelos de los personajes que pueblan sus páginas. La nueva versión de Carrie, esta historia sobre una adolescente que descubre sus poderes telequinéticos casi en el mismo momento en el que se hace mujer, recoge buena parte de este espíritu en su fondo, pero se revela esclava de las nuevas claves del género y de las nuevas tendencias adolescentes.

Como film, la obra de Kimberly Peirce (Stop-loss) supone un entretenimiento con poca consistencia, incapaz no solo de sobreponerse a la leyenda de la obra escrita y de la anterior versión, sino incapaz también de enfrentarse a las posibilidades dramáticas que ofrecen las relaciones personales que protagonizan el relato. Todas las tramas que suceden en el instituto, ya sean entre personajes secundarios o con la protagonista como eje sobre el que pivotar, terminan resultando excesivamente previsibles, excesivamente insulsas, más o menos como si la historia, salvo por esos momentos en los que los objetos se mueven únicamente por la mente, no fuese más que un episodio de alguna serie adolescente de éxito.

La realización de Peirce, además, no aporta gran cosa al conjunto, limitándose a narrar de la forma más sencilla y directa posible el oscuro y tortuoso proceso de la joven que descubre sus poderes. Ni siquiera ese sangriento final en el que una fiesta se convierte en tragedia contiene un componente terrorífico o de suspense, siendo más bien una pieza de acción y efectos. Lo mejor del conjunto es, en definitiva, la relación madre e hija y, sobre todo, la labor de una Julianne Moore (A ciegas) excepcional como la madre obsesionada con la religión y el pecado, y de una solvente Chlöe Grace Moretz (Déjame entrar), quien capta bastante bien el proceso de cambio que se produce en su personaje.

Esta adaptación moderna de Carrie no es, por tanto, un film que vaya a marcar una época. Tampoco lo pretende, es cierto, pero la cinta poseía los elementos suficientes para haber sido algo más de lo que finalmente es. La oscuridad que podría haber rodeado a la protagonista se reduce a la mínima expresión, y la violencia que se desata en su tramo final se disimula (salvo en algún que otro recurso narrativo interesante) con una narrativa algo plana. Desde luego, aquellos que vayan buscando terror tan solo encontrarán algún indicio en su último tercio. El resto no es más que un relato adolescente que tiene la suerte de contar con dos actrices que, en sus planos juntas, generan el suficiente interés como para que el resto quede disimulado.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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