‘Sharknado’, despropósito sin criterios cinematográficos mínimos


Ian Ziering lucha por su vida contra los tiburones de 'Sharknado'.Hay películas que poseen numerosos defectos narrativos de forma consciente. Muchos films pertenecientes a la llamada serie B suelen pecar de lugares conocidos, personajes manidos y diálogos y situaciones carentes de dinamismo y originalidad. Pero siempre suelen tener un alma. Algo que permite identificarlas y, por lo tanto, atenernos a las consecuencias de lo que estamos viendo. Y luego está el caso de Sharknado. La producción de la compañía The Asylum, especializada en un tipo de películas que todavía no tengo claro cómo calificarlas, tiene todos los elementos anteriores salvo uno: el alma. Porque si de algo peca este relato sobre unos tornados que recogen del agua a la mitad de la población mundial de tiburones para soltarlos por las calles de Los Ángeles es de un exceso de celo en hacer las cosas mal.

Es evidente que la película, dirigida por Anthony C. Ferrante (Boo) y protagonizada por Ian Ziering (Steve Sanders en Melrose Place) y Tara Reid (American Pie), comete numerosos errores formales y de contenido de forma consciente. Algunos por la falta de medios, como los efectos especiales o la resolución formal de determinadas secuencias a base de planos cortos sobre los que trabajar luego digitalmente, y otros simplemente porque el guión de Thunder Levin (Atlantic Rim) simplemente no da más de sí. Pero incluso en este contexto, incluso con los parámetros prefijados tanto por la fama que precede al film (su éxito en Internet ha sido abrumador, pero de eso hablamos más adelante) como por las características del producto, hay un límite. Siempre hay un límite.

En esta ocasión, dicha frontera la marca el raccord, esa teoría que afirma que entre planos consecutivos debe existir una continuidad entre los elementos que aparecen en ellos. Sharknado es un despropósito desde este punto de vista. Entendiendo, como digo, que la película rezuma poca calidad por los cuatro costados casi por imperativo comercial de su productora, es incomprensible que en medio de una tormenta haya planos donde el cielo está totalmente despejado, o que se utilicen diversos planos de recurso una y otra vez. Sí, es cierto que el presupuesto es alarmantemente bajo, pero estos errores no son un problema económico.

Dejando esto a un lado, la película solo puede ser abordada como una curiosidad social y cultural, como el resultado de un fenómeno que parece haber encontrado en el mundo de Internet un nicho de mercado que, por desgracia, no encuentran otras películas igualmente mediocres pero mucho mejor realizadas. Y eso que la labor de Ferrante no es de lo peor del film, aunque sin duda define el resultado final. En conjunto, la labor del director se antoja algo limitada creativamente hablando, recurriendo a planos estáticos y sin demasiada expresividad. Algunos por limitaciones de presupuesto, como mencionaba antes, pero otras simplemente por sus propias limitaciones como realizador.

Entre el éxito y el fracaso

Aunque el premio a la labor más surrealista debería llevárselo Levin, cuya labor en la escritura del guión es tan impactante como increíble. El relato, además de estar plagado de esos lugares y personajes comunes a los que hacía referencia al inicio (un bar, surf, una padre de familia preocupado por sus hijos y su ex mujer, la casa de esta, un amigo gracioso, …), posee un desarrollo tan sencillo y previsible como plagado de fenómenos paranormales. Esto no es a priori un defecto, salvo si se ve con los ojos equivocados. Teniendo en cuenta que la premisa consiste en unos tiburones volando por los aires gracias a varios tornados, el hecho de que el héroe sea un surfista capaz de rescatar a todo un autobús de un colegio o que mate a tiros a tiburones que vuelan por los aires a varios metros de altura no es algo descabellado. Ni siquiera su resolución final, a la que pertenece la imagen que acompaña el texto y que habla por sí sola.

La verdad es que su éxito viral en la red es comprensible. Es un producto pensado para el consumo masivo, rápido y ligero por parte de los jóvenes, sin demasiado que analizar y como vía de liberación de tensiones y risas nerviosas. Lo que realmente sorprende es que haya personas y medios de comunicación que tomaran como noticia el hecho de que Sharknado fuese un fiasco en su estreno en circuito comercial. ¿Realmente alguien pensaba que cualquier aficionado al cine, independientemente de la edad que tenga, pagaría el precio de una entrada por ver un producto de semejantes características? Una cosa es disfrutarlo en la intimidad del salón o de una habitación de un colegio mayor de forma gratuita, y otra muy distinta gastarse entre 7 y 10 euros en verla en pantalla grande, con la consecuente pérdida de calidad que indudablemente tendría.

La película, posiblemente el mayor éxito hasta la fecha de su productora, debe ser entendida única y exclusivamente en este contexto. Sus evidentes limitaciones a todos los niveles encuentran justificación en la idea de que es un producto pensado para eso, y solo para eso. Tal vez pueda parecer un contrasentido el hecho de intentar analizar desde un punto de vista profesional una producción tan informal. Y lo es, al menos en cierto modo. Pero el cine es cine, al igual que la literatura es literatura o la música es música. Y en toda disciplina que requiera creatividad existen unos elementos comunes que la definen independientemente de la calidad de sus obras. Por ejemplo, toda película debe tener un planteamiento, un nudo y un desenlace. El héroe debe enfrentarse a retos que le permitan superarse y mostrarse tal y como es. Y sobre todo, debe tener una narrativa coherente con lo que se está contando.

Sharknado posee algunos elementos, pero carece de muchos otros. Es por eso que es un despropósito incluso en el ámbito en el que se mueve. Para aquellos que se acerquen a ella por curiosidad, como ha sido mi caso (la película se estrenó en septiembre en España, pero hasta ahora no había tenido la suerte de verla), solo decirles que traten de superar los primeros minutos, tiempo que necesita el cuerpo humano para acostumbrarse a lo que está presenciando. Una vez aceptadas las reglas del juego, la película se convierte en una sucesión de despropósitos a cada cual más surrealista, culminando con ese giro argumental tan inesperado como imposible. Un final que, la verdad, define a la perfección lo que es este éxito de Internet y fiasco de taquilla.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

One Response to ‘Sharknado’, despropósito sin criterios cinematográficos mínimos

  1. ¡Qué bien me lo pasé viéndola!

    Aquí os dejo mi crítica por si tenéis curiosidad 😉

    http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/03/tv-movie-time-sharknado.html?showComment=1395746777053

    Un saludo!

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