‘Los Juegos del Hambre: En llamas’: la chispa de la revolución


Josh Hutcherson y Jennifer Lawrence volverán a luchar por sus vidas en 'Los Juegos del Hambre: En llamas', de Francis Lawrence.La palabra clave que define esta segunda parte de aquella entrega pre Oscar de Jennifer Lawrence por El lado bueno de las cosas no podría ser más apropiada: revolución. Porque sí, hay revolución, un cambio brusco en prácticamente todos los aspectos. Y es un cambio a mejor, afortunadamente. Desde el apartado visual, más correcto y con un sentido claro, hasta la trama, algo más compleja e interesante, el film gana enteros respecto a la película que le precede, aunque sigue pecando en algunos aspectos que, de seguir así, van camino de convertirse en definitorios de toda la saga.

La estructura dramática, casi desde el primer minuto, está planteada para ofrecer al espectador un espectáculo visual con un objetivo, el de mostrar los pasos que sigue todo proceso revolucionario: un acto en principio insignificante, la gestación de un icono de resistencia, la violencia desmedida y, sobre todo, la implicación de individuos a todos los niveles. Toda esta línea argumental, ausente en la primera parte (al menos de forma explícita), otorga al relato en su conjunto una solidez nueva, más interesante y capaz de mantener la atención en su primera parte, que de nuevo es excesivamente larga e innecesaria. La película dura unas dos horas y media, pero perfectamente se podrían recortar 30 minutos sin que se viese afectada negativamente.

Este es, de hecho, el principal handicap del film. Hasta que se producen los llamados Juegos del Hambre el guión de Simon Beaufoy (127 horas) y Michael Arndt (Toy Story 3) se recrea demasiado en la mala situación que viven los habitantes de los distritos y en la opulencia de la clase privilegiada (por cierto, este último aspecto vuelve a ser de lo mejor), sin dar la sensación de avanzar demasiado en ese caldo de cultivo revolucionario que, tal y como termina el film, será el protagonista de las dos películas en que se dividirá el último libro de Suzanne Collins. En este sentido, cabe destacar también que, a pesar de ganar en ritmo en su segunda mitad, el libreto peca en numerosas ocasiones, quizá demasiadas, de una previsibilidad asombrosa, anulando algunos elementos que habrían podido generar interesantes giros argumentales.

Independientemente de esto, el cambio va más allá que el mero contenido dramático. La película entretiene bastante más que su predecesora gracias sin duda a la labor de Francis Lawrence (Constantine), quien demuestra su capacidad narrativa para las secuencias de acción. Todo el segmento que tiene que ver con los juegos, sin llegar a ser excesivamente diferente, posee un carácter propio, más atractivo, lo que beneficia al resultado y ayuda a la labor de los actores, de nuevo todos ellos a muy buen nivel. La revolución se ha gestado. Los Juegos del Hambre: En llamas ha dado un salto cualitativo para introducir nuevos y más interesantes elementos dramáticos. Solucionado esto, solo queda esperar que los fallos de ritmo desaparezcan de las dos siguientes entregas.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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