‘La vida de Brian’, ironía y crítica modernas en una parodia bíblica


La crucifixión final de 'La vida de Brian', uno de los momentos más recordados del cine.La comedia está repleta de nombres inmortales que han convertido al género en lo que es. Dejando a un lado los protagonistas del cine mudo, directores como Billy Wilder (Con faldas y a lo loco), actores como Jerry Lewis (El profesor chiflado) o el grupo Monty Phyton se han erigido en iconos de un tipo de comedia muy concreto. Si el primero suele asociarse al enredo y la comedia de situación, el segundo es un referente en el humor más físico. Los terceros, sin embargo, hicieron del humor ácido y crítico su bandera. Hoy jueves, 21 de noviembre de 2013, el grupo anuncia su regreso tras décadas de inactividad (al menos en conjunto), una noticia que se espera con interés en algunos círculos. Por ese motivo, desde Toma Dos vamos a abordar algunas de las claves de su particular visión de la comedia en la que posiblemente sea su película más importante, La vida de Brian (1979).

Dirigido por Terry Jones (Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores), el film es una parodia del cine religioso y, en líneas generales, de la religión católica. El protagonista de la cinta, Brian, ha sido marcado desde que nació. Su sino es ser confundido con el mesías. No es de extrañar, pues nació el día de Navidad en un establo muy próximo al verdadero mesías. A medida que se va haciendo adulto los malentendidos se irán haciendo cada vez mayores y más importantes, hasta el punto de que su vida se convertirá en un pálido reflejo de la que tuvo Jesucristo. De esta breve sinopsis se desprenden algunos de los pilares narrativos presentes en todas sus obras, que se completan con una visión muy crítica de lo absurdo de la sociedad actual, por mucho que esté ambientado en el Imperio Romano.

Así, La vida de Brian parte de la idea que tenían Graham Chapman (El sentido de la vida), John Cleese (Un pez llamado Wanda), Terry Gilliam (Doce monos), Eric Idle (Casper), Michael Palin (Brazil) y el propio Jones de que el humor debía partir de la ironía que existía en las grandes historias a través de los detalles que las componen. No se trata de crear gags visuales; nadie tiene que estamparse contra una pared para provocar una risa. Basta simplemente con diálogos que reflejen el absurdo comportamiento del ser humano en determinadas situaciones. El hecho de que el film tome como excusa la historia bíblica de Jesús no es sino una excusa para criticar, siempre con el humor inglés que caracterizó al grupo, algunos de los aspectos del ser humano más ridículos.

Esa reducción al absurdo de problemas sociales como los ídolos de barro, los falsos profetas o las escisiones políticas para crear nuevos grupos que, en el fondo, solo se distinguen en detalles insignificantes, ofrecen una imagen global de una sociedad incongruente, individualista y al mismo tiempo necesitada de creer en algo más que en sí misma. De ahí que se idolatren individuos que llegan a donde están por circunstancias, por carambolas que, en otro contexto y situación, tal vez no llegarían a ningún sitio. Ejemplos en la película hay muchos: ese falso milagro con el hombre que llevaba décadas sin hablar, la adoración de una zapatilla o, en otro orden, esas extrañas organizaciones pseudopolíticas cristianas que nunca dejan de debatir sin llegar a conclusiones claras.

El humor cotidiano

Ese es, sin duda, el punto fuerte de este clásico de la comedia. La vida de Brian termina siendo el reflejo de una sociedad paródica, ridícula, que sitúa a un individuo como centro de todas sus esperanzas y, al mismo tiempo, de todos sus males. Y mientras tanto, problemas más reales (algunos de ellos mostrados en el film, aunque solo sea de forma testimonial), son relegados a un segundo plano. El resultado, al igual que ocurre en la Biblia, es la condena de un hombre inocente que, en el caso del film, tiene la mala suerte de atraer miradas que no desea, buscando únicamente cosas tan sencillas como integrarse en algún grupo o gustarle a una chica.

Pero el humor de los Monty Phyton no se limita únicamente a la crítica de estos valores o, mejor dicho, de estos comportamientos. Otra de las claves de su obra es la cotidianidad de sus situaciones cómicas, la rutina de muchos de sus giros narrativos y de sus gags visuales. Momentos como el anuncio de Pilatos ante una multitud que se congrega únicamente para reírse de él, o el que tiene lugar en los angostos pasillos de las prisiones para que los condenados sigan las instrucciones para una correcta crucifixión dan cuenta no solo de esa ironía que antes mencionábamos, sino de la imagen habitual de situaciones extraordinarias y trágicas. Lejos de considerarlo falta de sensibilidad, el grupo de cómicos se nutre de esto para ahondar aún más si cabe en el legado que el ser humano ha dejado a lo largo de su Historia, y que aún hoy sigue haciendo.

Gracias a esto, y al hecho de tomar como punto de partida las historias bíblicas, la película crea un panorama único en el que lo absurdo hace acto de presencia desde el primer momento, humanizando hasta situaciones casi grotescas situaciones como la lapidación, que es presentada como un espectáculo de masas prohibido a las mujeres (“porque está escrito”), pero al que acuden ellas casi en exclusiva disfrazadas con una barba. Por no hablar del final en la cruz, todo un resumen perfecto de la filosofía del humor de estos cómicos: la mejor forma de afrontar las peores situaciones es mirando el lado brillante de la vida. Dicho de otro modo, el humor es la mejor medicina para analizar, con una perspectiva amplia, los problemas que nos rodean.

Desde luego, La vida de Brian es un clásico, al igual que otros films de los Monty Python. Y lo es gracias a ese humor ácido del que hacen gala y que les permite no solo reírse de conceptos más o menos generales, sino bajarlos a un nivel más mundano para criticarlos. En este proceso son imprescindibles los detalles, pero no son lo que otorga fuerza a su humor. Es, por el contrario, el carácter mundano de las situaciones que presentan lo que genera el gag, lo que provoca el choque visual y conceptual que da lugar a la carcajada. Que una lapidación se considere casi como una oportunidad de fiesta, o que un encargado de prisiones despache a los condenados a crucifixión como si estuviera sellando impresos dan una idea de esta conversión en cotidiano lo extraordinario. Eso es en el fondo el humor de este grupo de cómicos que, como decía al inicio, anuncian hoy su regreso.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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