‘La cabaña en el bosque’: no es otra estúpida película de terror rural


Los cinco jóvenes vivirán en 'La cabaña en el bosque' la peor noche de sus vidas.Cualquiera que lea el título de esta película se imaginará que es un film de terror. Y es cierto. Y si uno tiene más o menos experiencia en este tipo de relatos, podrá aproximar más o menos los personajes (número y características), el desarrollo y la cantidad de sangre que se verá en pantalla. Y todo ello es cierto. Pero este debut de Drew Goddard en la dirección, apadrinado por el cada vez más relevante Joss Whedon (serie Buffy Cazavampiros), es eso y mucho más. En cierto modo, es un clásico instantáneo, una experiencia que equilibra perfectamente terror, innovación y algo de humor con tintes surrealistas, amén de una historia mucho más compleja de lo que cabría esperar.

Es más, su complejidad se muestra desde el primer momento, ofreciendo la idea de que los fenómenos que se suceden en la casa están controlados por un grupo de empleados de una gran corporación que manejan los tiempos como si de directores de escena se trataran. Esta es, sin duda, su fortaleza y su tendón de Aquiles, pues mientras aporta frescura a la clásica historia de terror ambientada en un destartalado lugar en medio de la nada, elimina ciertos elementos de suspense. Claro que tampoco parece importar a sus responsables, pues la resolución que finalmente explica todo el conglomerado de hechos que se suceden es mucho más impactante, empequeñeciendo a los personajes y, sobre todo, encuadrando La cabaña en el bosque en algo muy distinto.

Podría decirse que es cine dentro de cine. Goddard otorga una clase magistral sobre las claves del género de terror, cómo crearlas y en qué momento utilizarlas; cine dentro del cine. Pero además, y a través de los personajes de Richard Jenkins (The visitor) y Bradley Whitford (Pequeño Manhattan), se muestra esta clásica historia a través de la mirada algo obscena e insensible de personas insensibilizadas ante el miedo, el dolor y el sufrimiento ajenos, como si se tratase de dos espectadores más que asisten a esta cacería humana (los momentos de cotidianidad son de lo mejor del film), con la salvedad de que ellos mismos tienen bastante control sobre el resultado final. En este sentido, la película adquiere un valor añadido que compensa la ausencia de un miedo más apabullante o de la aparente ausencia inicial de sangre o, mejor dicho, de más sangre de la que ya tiene. Aviso a navegantes: todo lo que parece faltar en los primeros compases se compensa, y de qué manera, con un final que deja sin palabras.

No cabe duda de que La cabaña en el bosque es un soplo de aire fresco en esta variante dentro del género. La película juega en todo momento con los clichés y los tópicos más manidos de este tipo de historias para retorcerlos y mostrarlos desde un punto de vista único y nunca antes visto. Su éxito radica, precisamente, en esa vuelta de tuerca que se da en el tercer acto y que, de un modo u otro, se avisa poco a poco a lo largo del metraje sin que uno se dé cuenta. Para los amantes del cine de terror se convierte en un film imprescindible de forma automática. Para los demás, un experimento curioso digno de ver.

Nota: 8/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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