‘El quinto poder’: radiografía estática de un escándalo político


Daniel Brühl y Benedict Cumberbatch en 'El quinto poder', de Bill Condon.A pesar de que de hay muchas pruebas de que Hollywood sigue ofreciendo talentos nuevos e ideas frescas, es indudable que los remakes, las adaptaciones literarias y los “hechos reales” suponen una parte cada vez mayor de su producción. Y en este microcosmos hay, como ocurre siempre, cosas buenas y cosas malas. O mejor dicho, cosas que merece la pena adaptar y cosas que, simplemente, no tienen consistencia para una película. El caso de WikiLeaks y de Julian Assange pertenece a los segundos. Su historia, con todo el impacto, polémica y repercusión que tuvo, no posee los elementos narrativos necesarios para ser contado en imágenes. Claro que a esto tampoco ayuda la labor del director, Bill Condon (Kinsey).

La trama, que comienza con un recorrido por la comunicación desde la prehistoria hasta nuestros digitales días, carece en todo momento de aquello que más necesita para subsistir: conflicto. El desarrollo dramático de personajes y acontecimientos, que debería avanzar en una misma dirección, permanece inmóvil hasta prácticamente los hechos finales. Durante buena parte de sus dos horas de duración (demasiado largas se miren por donde se miren) los ideales periodísticos, las diatribas morales y la euforia de derrocar poderosos imperios desde la soledad de un ordenador plantean un puñado de preguntas al espectador que él mismo debe resolver, sin contar nunca con una postura oficial por parte del texto base de la película, salvo en ese final donde, por fin, se establecen unos límites a la historia.

Pero este inmovilismo no pertenece únicamente al guión, carente de fuerza suficiente para sostener por sí solo el interés. Como decimos, Condon contribuye en buena medida con una realización excesivamente tradicional que posee unos oasis interesantes en su forma de mostrar la imaginaria organización de WikiLeaks. La falta de poderío visual convierte la historia en algo superficial, a medio camino entre la simple exposición de los hechos y la más básica de las narrativas cinematográficas del drama social-profesional. En buena medida, la película se sostiene gracias a un reparto excepcional en todos sus elementos, destacando por encima de todos un Benedict Cumberbatch (El topo) que capta con la elegancia e inteligencia que le caracteriza la compleja psicología de un personaje tan polémico como Assange.

El quinto poder no es una mala película, pero sí es excesivamente lenta, tediosa. Su afán por mostrar al detalle los pasos que llevaron hasta la filtración de los cables termina lastrando el conjunto y la labor de los actores. Sí, el espectador recibe mucha información sobre todo lo ocurrido, pero es una información neutra, aséptica, carente de conflictos o de giros argumentales. Por decirlo de algún modo, y siguiendo la estela periodística que define al relato, lo que se ve en pantalla es una información de cualquier periódico escrito contado en imágenes. Primero lo que dice uno; luego lo que dice otro. El cine es, o debería ser, algo más que una mera exposición de los hechos.

Nota: 5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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