‘Runner Runner’: el buen jugador sabe cuando retirarse


Ben Affleck y Justin Timberlake en un momento de 'Runner Runner', de Brad Furman.Hay ocasiones en que una película, a pesar de su aparente atractivo, envía señales inequívocas de que algo no funciona, de que posiblemente decepciones una vez haya sido vista. Más o menos como la nueva película de Brad Furman (The take) afirma que ocurre en el póquer, en el que el buen jugador se define como aquel que sabe cuándo retirarse. Eso implica que hay mucha gente que no se ajusta a dicha categoría, y por extensión que hay muchos espectadores que tampoco saben cuándo deben escuchar a su instinto. Seguramente más de uno y más de dos se sentirá así una vez se enciendan las luces de la sala en la que proyecten Runner Runner.

La palabra que mejor define este thriller ambientado en el juego online es, aunque parezca un juego de palabras, la indefinición. Sí, la historia está bastante bien montada. La ambientación es tan idílica como cabría esperar, y hasta cierto punto la corrupción y el lujo desenfrenado que rodea este mundo quedan retratados de forma creíble. Pero ya. Si la trama es más o menos acertada, su desarrollo es un ejemplo de mala escritura, con diálogos simplemente absurdos y secuencias que lejos de aportar impiden una visión panorámica del conjunto, pues proponen vías de tratamiento que finalmente se solucionan apresuradamente.

Si los decorados y la ambientación se ajustan a lo que se espera de ellos, los personajes juegan al siempre peligroso juego del gato y el ratón… pero con el espectador. Y en esta ocasión la casa no gana. Es más, sale muy mal parada. El villano de turno queda retratado como un mafiosillo de tres al cuarto cuyas amenazas se identifican como tales únicamente porque utiliza más clichés que insultos. La supuesta jugada maestra, que consiste en ocultar sus verdaderas intenciones hasta el final (menuda novedad, ¿no?), se identifica casi desde el principio, convirtiendo el suspense en una espera un poco interminable para el espectador. Por no mencionar la floja relación sentimental, que más que una motivación o un escollo es una forma de rellenar minutos en pantalla.

Y no hablemos ya de los actores, ninguno de ellos cómodo en su papel y alguno demostrando que se le da mejor estar detrás de las cámaras que delante de ellas. Al final, Runner Runner dura hora y media, y parecen dos horas. La premisa inicial, interesante aunque algo manida, se pierde en una maraña de ideas y viajes a ninguna parte que lo único que hacen es entorpecer lo realmente interesante: la forma en la que el malo va a tratar de atacar al bueno. Un caos indefinido y previsible que, como decimos, demuestra que, como en todos los ámbitos de la vida, hay jugadores buenos y jugadores malos.

Nota: 4,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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