‘Jobs’: cómo hacer publicidad de las bondades de un visionario


Ashton Kutcher es el creador de Apple en 'Jobs', de Joshua Michael Stern.Aproximarse a la figura de un personaje real siempre es algo complicado. Es necesario calibrar las luces y sombras que existen en todo individuo y tratar de encontrar la esencia que convierte en atractiva a cualquier personalidad. Incluso a las más desagradables. Esto suele conseguirse porque sus actos quedan lo suficientemente explicados en pantalla para que el espectador se identifique con ellos. Bueno, pues todo esto es fundamentalmente lo que le falta al biopic de Steve Jobs, creador de la compañía Apple y uno de los mayores revolucionarios de nuestra era. Y todo esto deriva en un film monótono, por momentos aburrido y por momentos indiferente, en el que la figura del visionario queda difuminada de forma tan consciente que resulta poco creíble.

Es evidente que el problema reside en el guión escrito por el debutante Matt Whiteley. El tratamiento dramático del protagonista queda totalmente anulado. Sí, algunos atisbos de su personalidad ególatra y casi dictatorial aparecen como destellos en diversos momentos del film, pero la forma de disimularlos es tan tosca que impide una conexión emocional con él. Ni siquiera cuando pierde el control de su compañía. Durante sus más de dos horas (excesivamente largas) los numerosos conflictos que surgen al paso del personaje se diluyen, hasta el punto de simplemente presentarlos como anécdotas. Por ejemplo, la eterna rivalidad entre Apple y Microsoft que les llevó a los tribunales es una mera discusión telefónica. Por no hablar de las más que moralmente dudosas decisiones para con sus socios iniciales en aquel garaje donde se creó la compañía.

Más bien, la película trata de mostrar el carácter visionario de Jobs a través de su relación con la compañía que fundó, y cómo el nombre de uno está ligado al de la otra. Prueba de ello es que apenas se cuenta nada de sus años fuera de la compañía (cuando creó otra empresa y apoyó el desarrollo de Pixar). La alarmante falta de conflictos genera una película que constantemente evoluciona en positivo, subiendo escalones hacia un clímax que nunca llega a producirse, precisamente porque no hay nada con lo que confrontar ese ascenso de la genialidad. Desde luego, tampoco contribuye la correcta realización de Joshua Michael Stern (El libro mágico), pero no es que sea lo peor.

Eso sí, Jobs posee una caracterización y un diseño de producción notable. La labor de Ashton Kutcher (El efecto mariposa) es, dentro de sus limitaciones, convincente, sobre todo en su forma de adoptar la postura corporal y los característicos andares. Destacan también secundarios como Dermot Mulroney (Vivir rodando) y Matthew Modine (La sombra del crimen). Pero nada de esto logra disimular la sensación de que estamos ante un producto que ensalza una figura en lugar de mostrarla tal y como es; un producto que solo profundiza en las bondades para superar casi sin mirar los peores momentos de su vida. Un producto, en definitiva, publicitariamente correcto, pero cinematográficamente tosco.

Nota: 5,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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