‘Behind the Candelabra’, Douglas se eleva sobre una floja trama


Michael Douglas y Matt Damon, pareja homosexual en 'Behind the Candelabra', de Steven Soderberg.Han pasado dos años desde que Michael Douglas apareciera por última vez en una película. Indomable, dirigida por Steven Soderbergh, era el título del film en el que se le pudo ver antes de someterse a un duro proceso para superar un cáncer de garganta. Pasado todo este tiempo, su vuelta era muy esperada, y la verdad es que el actor no ha defraudado, eligiendo para la ocasión un papel complicado y emocionalmente complejo que le ha permitido demostrar, una vez más, su calidad como intérprete. Es más, Behind the Candelabra, título de su regreso al cine, es capaz de mantener el ritmo y la atención gracias a él y a Matt Damon (Elysium), el otro gran pilar de esta trama que recupera de la memoria la figura de Liberace, famoso artista y pianista de Estados Unidos a mediados del siglo pasado.

La historia, realizada para la ocasión por el propio Soderbergh para la HBO, está basada en el libro de uno de sus ayudantes/amantes/hijo/esposo/todo lo que puedan imaginarse, Scott Thorson, personaje al que da vida Damon y que lo dejó todo para convertirse en la sombra de Liberace, convirtiéndose en el amor de su vida y en todo aquello que el artista deseara, llegando a modificar su rostro para parecerse a él y dejando incluso que se iniciase un trámite para ser adoptado por el pianista. Todo hasta que el juguete se volvió aburrido, claro está.

Hablar de Behind the Candelabra es hablar de Douglas. Por supuesto hay muchos más elementos (sobre todo formales e interpretativos, que no dramáticos) que sobresalen del film, pero la labor del protagonista de The Game (1997) es de tal magnitud que termina por ocultar cualquier otro aspecto. Ni qué decir tiene que es una película para ver en versión original si se quiere apreciar bien las sutilezas de su lenguaje corporal y vocal. El actor no solo se transforma en Liberace, sino que absorbe por completo las dudas y complicadas decisiones que pasan por su mente hasta hacerlas suyas, ofreciendo al espectador un cuadro sobre un hombre entregado por completo a la fama, al placer y al capricho. Un hombre que solo busca agrandar su figura como artista. Es en este aspecto donde la interpretación de Michael Douglas adquiere mayor significado, logrando como decimos que el resto de la película resulte casi anecdótica.

Claro que si el hijo de Kirk Douglas (Senderos de gloria) se come literalmente la pantalla, la labor de Damon no debe ser menospreciada. Por decirlo de forma más directa, si Douglas logra una mimetización perfecta, Damon hace lo propio con la evolución de su personaje. Son, en cierto modo, la antítesis el uno del otro, al menos al comienzo. La labor del protagonista de la trilogía sobre Jason Bourne adquiere mucha mayor relevancia en su tramo final, cuando el drama hace acto de presencia de una forma más evidente. Empero, para llegar a ese punto es imprescindible todo lo conseguido antes. Tímido y apocado, con cierto miedo a entrar en el mundo que se abre ante él, su personaje se muestra totalmente anulado por la voluntad de Liberace (lo que sin duda ayuda a engrandecer la labor de Michael Douglas), pasando de ser un amante de los animales a un juguete con el que disimular la soledad, un muñeco al que manipular a su antojo hasta convertirlo en una especie de hijo.

Los personajes devoran el drama

Sin embargo, la magnífica labor de los dos intérpretes principales no se sustenta tanto en una historia sólida como en la propia definición de sus caracteres. Existe un momento al inicio del film en el que un personaje le susurra a Damon que no va a durar, que llegará un momento en el que Liberace se canse de él. Y es un momento excesivamente temprano. Hasta ese momento prácticamente lo único que el espectador recibe es la presentación de los personajes, lo cual ya es de por sí información suficiente para rellenar minutos. Desde ese momento, por desgracia, la trama navega a la deriva en una historia mil veces vista en la que la relación amorosa entre estos dos hombres se deteriora por el desencanto del paso del tiempo. Y el hecho de que se anuncie en dicha conversación no ayuda.

No es, por tanto, un desarrollo dramático excesivamente original, aunque sí lo suficientemente tradicional como para componer un marco contextual a la relación entre estos dos personajes, quienes devoran el interés de la trama. Es más, el interés decae siempre en los momentos más previsibles, que no son otros que aquellos relacionados con los ataques de celos provocados por una mirada, un comentario o un deseo expresado. Hay que reconocer, eso sí, la ironía de algunas situaciones que se viven hacia el final del film y en las que el personaje de Damon ocupa el lugar que al comienzo de la historia tenía el anterior amante de Liberace. Soderbergh crea con esto una especie de círculo cerrado que genera la sensación de haberse repetido una y otra vez durante años.

Hablando de Soderbergh, el director vuelve a demostrar que tiene una mano especial para crear ambientes. Con una carrera de lo más variopinta, el realizador de la trilogía ‘Ocean’ siempre ha sido fiel a un estilo único para encuadrar, para sacar partido a los escenarios y, tal vez lo más interesante, para iluminarlos. Behind the Candelabra no es Traffic (2000), ni mucho menos, pero tiene igualmente una fotografía muy narrativa, reservando colores para determinados momentos de la trama. Por ejemplo, el dorado y el amarillo priman en los primeros compases en los que el joven protagonista se ve deslumbrado por el personaje de Douglas, mientras que los colores apagados, verdosos y ocres tienden más hacia el final.

Lo cierto es que la película tendría mucho menos interés sin la labor de Steven Soderbergh tras las cámaras. Tal vez no tiene una realización apabullante, y puede que ni siquiera tenga grandes hallazgos narrativos, pero es lo que necesita la historia. Es una planificación que deja todo el protagonismo a la labor de Damon y, sobre todo, de un Michael Douglas perfecto. Behind the Candelabra peca de muchos de los defectos que suelen tener este tipo de tramas (previsibilidad, bajones de ritmo), pero no es algo insalvable, más bien al contrario. En su gran mayoría ayuda al espectador a sumergirse en la figura de Liberace.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

2 Responses to ‘Behind the Candelabra’, Douglas se eleva sobre una floja trama

  1. Es bastante amena, Liberace puede verse superficial, pero también estaba muy solo, y puedeque el cariño existe pero sólo en Scott, aun así tiene sus toques de comedia. Si la quieren en buena calidad, véanla en HBO GO porque la he buscado en otros sitios y es pésima su calidad. En general, es recomendable la película.

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