20 aniversario del año de Spielberg (y II): ‘Parque Jurásico’


El parque temático de dinosaurios se convierte en pesadilla en 'Jurassic Park'.Hace unos días dábamos inicio a esta revisión del año de Steven Spielberg con la que es, hasta la fecha, su película más premiada, La lista de Schindler. Aquel 1993, sin embargo, hubo otra película suya que posiblemente haya dejado una huella mucho más profunda en varias generaciones de niños y jóvenes que descubrieron con asombro y fascinación cómo eran las criaturas que habitaban la Tierra hace 65 millones de años. Nos referimos, por supuesto, a Parque Jurásico, cuyo reestreno en 3D no ha hecho sino confirmar algo que muy pocas películas pueden defender: que es perfecta, si es que eso existe en un mundo como el cinematográfico.

Para aquellos que no conozcan la historia, esta adaptación de uno de los libros más famosos de Michael Crichton narra cómo una visita a un parque temático en el que las atracciones son dinosaurios creados genéticamente se convierte en una pesadilla cuando los enormes animales se ven liberados de sus barreras y campan a sus anchas por toda la isla en la que está ubicado el parque, convirtiéndose los visitantes en presa de los depredadores más letales que han existido. Y si bien existen algunas diferencias menores entre película y novela, el espíritu de ambas es el mismo: la imposibilidad de controlar la naturaleza, de impedir que los animales sigan sus instintos y, sobre todo, de los peligros que puede deparar la genética utilizada para fines de dudosa moralidad.

En cualquier caso, es evidente que lo más recordado de esta aventura de Spielberg es el impactante acabado de sus efectos digitales en combinación con los animatronics y otros efectos físicos. No vamos a hablar aquí acerca de lo que supusieron dichos efectos para el desarrollo cinematográfico, entre otras cosas porque solo hace falta asomarse a una sala de cine para comprobarlo. Es más reseñable, empero, centrarse en la narrativa visual que utiliza el director de Atrápame si puedes (2002) para atrapar al espectador. Hace poco leía un artículo en el que un guionista afirmaba que la descripción de una escena sobre el papel no es, en sí misma, una descripción de la escena, sino de la acción. Parque Jurásico es la viva imagen de dicha definición. Ninguno de sus planos (y eso es decir mucho) es estático. Salvo los consabidos planos/contraplanos de los diálogos, e incluso aquí siempre se aprecia movimiento, toda la narrativa de la película se basa en el movimiento, ya sea dentro de un plano o con la cámara.

Puede parecer un detalle insustancial, e incluso demasiado simple, pero es este aspecto el que otorga a todo el conjunto, en colaboración con los dos grandes pilares de la trama (guión y banda sonora), un empaque único, diferente, dinámico. No solo consigue que la película no sea aburrida, sino que juega en todo momento con lo que el espectador puede ver. Toda la acción que transcurre fuera de campo, todo aquello que se oye pero no puede verse, se vuelve casi más importante que aquello que aparece en pantalla, lo que a la larga genera un estado constante de suspense, de tensión y de amenaza, trasladando al espectador al meollo de esa pequeña isla donde se desata el horror. En este sentido, y en algún otro más, esta película comparte puntos en común con La lista de Schindler, pues ambas son capaces de contra mucho mostrando muy poco. Y ambas son la viva imagen de un director capaz de convertir en mágica y bella una historia terrible.

La musicalidad de un guión

Pero antes mencionábamos los dos grandes pilares de la película, algo que también comparte con el drama ambientado en la II Guerra Mundial. En efecto, Parque Jurásico posiblemente no sería nada sin ambos conceptos. El primero es un derroche de sabiduría dramática, un ejemplo a estudiar de cómo se abona un terreno para luego recoger lo sembrado. Si uno analiza con detalle lo que se dice y lo que se hace en el primer acto de la película y en el planteamiento del segundo acto se puede comprobar que todo, absolutamente todo, tiene repercusión en su tercio final. Podría pasar con esto que la trama se tornara tediosa y algo previsible, pero en eso consiste la magia del relato. Son elementos que se mencionan casi de forma anecdótica, secundaria, pero que quedan grabados en la mente del espectador para luego ser rescatados en el momento idóneo. Por ejemplo, si durante el viaje en los coches se menciona que un dinosaurio caza lanzando veneno a los ojos mientras se mantiene una conversación, dicha información será utilizada para acabar con algún personaje.

Aunque tal vez el elemento que más emocione de todo el film sea su banda sonora, de nuevo a cargo de John Williams, autor de la mayoría de composiciones en películas de Steven Spielberg. Han pasado 20 años, pero la llegada a la isla Nublar en helicóptero con esa música subiendo y engrandeciendo la aventura que está a punto de iniciarse sigue emocionando, al menos a un servidor. Su uso de la percusión, de los instrumentos de viento y de cuerda aportan la magia que le pueden faltar a algunos momentos del relato, por no hablar de la narrativa paralela que el público recibe. Su forma de componer, remarcando momentos como el descubrimiento de huevos de dinosaurio en libertad o la imagen final de una bandada de aves volando, explica muchos de los conceptos que subyacen en el texto visual del director.

Puede parecer con todo esto que los actores se convierten en meras marionetas al servicio de un espectáculo formal, pero nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que lo más impactante de Parque Jurásico son sus dinosaurios y el avance tecnológico que supuso la película (y por lo cual ganó sus tres Oscars), el aspecto interpretativo contribuye muy significativamente a esa magia de la que hablábamos antes. Tanto Sam Neill (serie Alcatraz) como Laura Dern (Ahora los padres son ellos) representan a la perfección las emociones encontradas de unos adultos que han crecido soñando con dinosaurios y que dedican su vida a localizar sus restos. Aunque por encima de cualquiera de ellos se halla Jeff Goldblum (La mosca), cuyo papel del excéntrico matemático que prevé el caos de la isla es único. El cinismo y el carisma que desprende, amén de la irritabilidad que provoca en sus primeros momentos, es un claro ejemplo de cómo un personaje debe evolucionar, tanto en la trama como a los ojos del espectador.

Lo cierto es que, a pesar de ser dos películas muy diferentes, La lista de SchindlerParque Jurásico tienen muchos elementos en común, sobre todo los formales. En el caso de la cinta que nos ocupa, y a pesar de que nunca será reconocido con premios, su enorme calidad ha permitido no solo que siga de actualidad 20 años después, sino que su transformación en 3D la beneficie en la mayoría de ocasiones, algo que no ha ocurrido con otros intentos anteriores. Steven Spielberg logró con estos dinosaurios crear un precedente, pero no solo en la animación o los efectos digitales. Creó un precedente en la forma de narrar y de entretener, más o menos como hace con la mayoría de sus películas. Películas que, por cierto, pertenecen casi todas a la Historia del cine.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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