‘Kick-Ass 2. Con un par’: manual para patear un legado original


Hit-Girl y Kick-Ass se enfrentan al Hijop**a en 'Kick-Ass 2. Con un par', de Jeff Wadlow.La base teórica para hacer una segunda parte de un éxito debería ser, por un lado, continuar con la historia narrada y, por otro, aportar más al original en todos los aspectos. Evidentemente esto nunca, o casi nunca, es así, siendo el principal motivo la promesa de más y más ingresos. La segunda parte de esa pequeña joya que fue Kick-Ass en 2010 es la representación más clara de ese viejo dicho, “segundas partes nunca fueron buenas”. El problema es que en este caso el material en el que se basaba (me refiero a la continuación del cómic) sí cumplía los requisitos, es decir, más acción, más violencia, más humor y, lo más importante, más historia.

A pesar de la presencia de Matthew Vaughn, director de la primera, como productor, su mano se deja ver más bien poco en el producto final. El guión se aleja peligrosamente del descaro y la provocación que sí tuvo el original, y de la novela gráfica que sirve de base. Da la sensación de que sus responsables han pretendido llegar a un mayor número de espectadores a pesar de sacrificar el espíritu del film. Esta historia de gente corriente que se disfraza para luchar contra los criminales tenía en el fondo una ácida crítica a todo ese idealismo superheróico sin sentido en el mundo real. El mensaje no era otro que la falta de hueco de justicieros en la sociedad actual. Sin embargo, el director Jeff Wadlow (Cry Wolf) convierte esta historia en una mediocre cinta de diversión, acción y chistes fáciles en la que los justicieros no responden ante nadie.

La prueba más clara de este cambio de sentido sin sentido es el final, una concesión burda e inecesaria a los finales felices que ni encaja con el tono de la historia ni mantiene el estilo del cómic escrito por Mark Millar. En esta línea se enmarca también el estilo visual de Wadlow, diametralmente opuesto a la original visión de Vaughn y, por desgracia, mucho más típica y tópica. Y eso que el guión, a pesar de sus desniveles narrativos (es curioso, pero la cinta llega a ser tediosa en la primera parte de su segundo acto), tiene el potencial suficiente para haber deleitado en sus secuencias de acción. Empero, el director opta por una planificación simple y llana, sin grandes recursos visuales ni excesos narrativos. Un elemento más que convierte a esta secuela en un producto pobre de consumo rápido y fácil.

Posiblemente aquellos que hayan visto y disfrutado la primera parte sientan algo parecido a la frustración tras asistir a Kick-Ass 2. Con un par. No es para menos. La película se mueve en todo momento por una zona de incertidumbre, a medio camino entre la debilidad formal y dramática que expone (algunas de las motivaciones no impactan como deberían) y la sensación de que en cualquier momento podría estallar en ese espectáculo visual que estaba llamada a ser, algo que nunca llega a ocurrir. La película, lejos de continuar con la historia de estos superhéroes sin poderes y mucha voluntad, se muestra como un producto de consumo perpetrado únicamente para ganar más dinero. No es ese el tono de su original en papel, y no debería haber sido esta propuesta en imágenes. Al menos no de forma tan descarada.

Nota: 4,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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