‘Hijos de la Anarquía’, de reflexivo príncipe a brutal rey en su 5ª T


Jimmy Smits se une a Charlie Hunnam y Tommy Flanagan en la quinta temporada de 'Hijos de la Anarquía'.Una de las drogas más potentes y peligrosas que existen es el poder. Si se controla puede llegar a convertir a un hombre en una leyenda, pero si por el contrario dejamos que nos controle destruye todo aquello que nos define. Decir que esta es la base de la quinta temporada de Hijos de la anarquía, que en Estados Unidos terminó en diciembre del año pasado y en España hemos terminado de ver hace unos días, sería limitar el análisis a lo que se ha visto en el resto de entregas. En realidad, y bajo este prisma de poder, lo que ofrece esta nueva tanda de episodios es una de las mejores evoluciones dramáticas que se han visto en la pantalla, y que encuentra su mejor reflejo en el plano final del último episodio.

Para aquellos que no lo recuerden, el final de la anterior temporada dejaba la puerta abierta a un futuro incierto en el que el protagonista se posicionaba del lado de su pareja para abandonar el club de moteros del que pasaba a ser presidente. La imagen era impactante, entre otras cosas porque suponía una actualización de una vieja foto de vital importancia para el héroe de esta ficción. Empero, lo que se creía iba a ser una lucha por dejar su estilo de vida y buscar otro alejado de su club se ha tornado en estos últimos 13 episodios en una espiral de violencia y abuso de poder que han puesto de manifiesto la verdadera naturaleza del joven Jackson Teller. Una espiral que ha tenido muchos puntos de inflexión, como la brutal muerte de su mejor amigo, las intrigas del personaje de Ron Perlman (Hellboy) o la resolución de todo el drama que se venía arrastrando con el miembro del club en la cárcel. Por supuesto, todo esto es una compleja combinación de tramas y subtramas que es difícil definir en pocas palabras, pero Kurt Sutter (serie The Shield) lo logra en ese último plano que antes mencionábamos: el protagonista se encuentra en la misma posición que al final de la anterior temporada, pero esta vez es su madre y su hijo los que le acompañan.

Este aparente plano sencillo y escueto recoge toda una evolución. Algunos dirán que simplemente ha vuelto a sus orígenes. Sí y no. Es cierto que en las primeras temporadas de Hijos de la Anarquía este joven príncipe, como si de un Hamlet sobre ruedas se tratara, mostraba un carácter violento que se ha ido diluyendo poco a poco con la presencia cada vez mayor de su interés romántico. Pero no es menos cierto que durante esas temporadas el fantasma del padre le hablaba a través de unos diarios que le instaban a dejar el club y buscar una vida mejor. En esta quinta temporada, sin embargo, el príncipe convertido en rey ha dado rienda suelta a su brutalidad, tanto física como moral, en un intento por controlar un entorno que se mueve sin su consentimiento. Y curiosamente, se ha convertido en su padre, escribiendo diarios para sus hijos en los que confiesa sus verdaderos pensamientos y demostrando que el poder, a pesar de los intentos, corrompe.

Pero todo sin dejar el club y las intrigas. El final de la temporada evidencia claramente que el protagonista va a seguir por el único camino que conoce y, porqué no, que adora. El principal cambio que existe en estos capítulos es que mientras que antes sentía algunos escrúpulos a la hora de tomar decisiones, ahora importa poco cuántos tengan que caer para conseguir sus objetivos. Y son muchos los que caen, por cierto, incluyendo su propia esposa y madre de sus hijos, y el vicepresidente de su club. Todo ello mostrado en uno de los mejores finales de temporada que ha tenido la serie.

Nuevos socios y secretos

Toda esta evolución, a pesar de ser uno de los elementos más destacables de la temporada, no sería posible sin el apoyo de una trama que recuerda mucho a la de la tercera temporada, tanto en su desarrollo como en su resolución, engañando a personajes secundarios y espectadores por igual. Sutter demuestra con estos 13 capítulos dos cosas importantes en toda serie: uno, que no le preocupa eliminar personajes de cierta relevancia para que la trama pueda seguir su curso natural; y dos, que una ficción debe conseguir la atención con sus propias armas, no con efectos de artificio que distraigan de lo verdaderamente relevante.

En este sentido, esta quinta temporada es ejemplar. De hecho, comienza introduciendo a un personaje que crece a medida que avanza el argumento hasta convertirse en un nuevo aliado que viene a sustituir a los veteranos grupos y asociaciones ya conocidos. Y es un personaje muy interesante. Encarnado por Jimmy Smits (Conociendo a Jane Austen), es un hombre que trata de huir de su pasado, pero al igual que el protagonista, lo hace sin las convicción suficiente para resultar creíble. Y a pesar de su aspecto afable y su predisposición a ayudar, algo oculta. Al menos eso parece, pues pocos personajes (por no decir ninguno) de Hijos de la Anarquía muestran sus verdaderas intenciones.

Hablando de secretos, no puedo dejar pasar una llamada de atención sobre el personaje de Perlman, uno de los más interesantes de la trama y que en esta quinta temporada ha estado un poco desubicado, por decirlo de algún modo. Tras la brutal resolución de su corrupción en la temporada anterior, con descubrimientos de traiciones, asesinatos y pactos ocultos (vamos, algo parecido a lo que le ocurre al joven heredero en esta entrega), ‘Clay’ Morrow volvía con fuerza, moviéndose en las múltiples sombras del club para recuperar el poder. Empero, a medida que se suceden los episodios dichas intrigas pierden fuerza hasta convertirle en una especie de corderito, de alma bondadosa y reformada que lo único que busca es terminar sus días en paz. Siendo sincero, en todo momento se alberga la esperanza de que su actitud forme parte de un plan mayor, pero al terminar la temporada da la sensación de que en realidad su personaje ha cambiado. Sería una lástima no volver a recuperarle para la causa.

En cualquier caso, esta quinta temporada de Hijos de la Anarquía mantiene el alto nivel general de la producción, e incluso fortalece determinados aspectos dramáticos. Si anteriores entregas se han centrado en la evolución de personajes secundarios, esta gira en torno casi en exclusiva al protagonista. Su forma de actuar y el endurecimiento de su alma (sobre todo a raíz de la muerte de su amigo, como señalaba más arriba) han dado un giro radical a la serie, generando una serie de escisiones y de intrigas que, lejos de sacar al club de su forma de vida habitual, lo han sumergido aún más. Su frenético ritmo y la cantidad de acontecimientos que suceden en apenas una hora dan cuenta de la profundidad de su trama, y la convierten en una de las mejores series de la parrilla actual.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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