‘Rojos’, la evolución de los ideales tras el triunfo de la Revolución Rusa


Diane Keaton y Warren Beaty protagonizan 'Rojos'.La carrera de Warren Beatty como director es muy corta. Cuatro largometrajes para cine y uno para televisión es todo lo que atesora el protagonista de Bonnie y Clyde (1967) tras las cámaras. Pero prácticamente todas ellas son auténticas joyas dentro de su género. Una de ellas es Rojos, intenso drama de 1981 basado en la vida del periodista y activista John Reed y su lucha a favor del comunismo, una iniciativa que le llevó a vivir junto a su mujer, la escritora feminista Louise Bryant, la Revolución Rusa desde dentro, participando posteriormente en la creación del partido comunista de Estados Unidos. La película, más allá de su belleza formal y de un reparto sencillamente excepcional (en el que destacan Jack Nicholson y Diane Keaton, además del propio Beatty), recoge con inteligencia el sentimiento de frustración una vez superados los primeros compases de cualquier fenómeno social de este tipo, algo que la Historia ha demostrado en no pocas ocasiones.

Desde luego, las más de tres horas de metraje son tiempo más que suficiente para abordar diversas tramas y conflictos, tanto emocionales como sociales, pero en nuestro caso todos ellos tienen mucho que ver no solo con una interpretación algo extrema del comunismo, sino con la lucha entre sentimientos e ideología, entre el corazón y la mente. La relación de la pareja protagonista, hilo conductor del resto de tramas secundarias, es presentado como un tortuoso camino de encuentros, disputas y sentimientos encontrados que tienen su origen en una idea de amor libre que ninguno de los protagonistas es capaz de tolerar por mucho que lo intenten. Da igual las promesas que hagan o la imagen que pretendan ofrecer al mundo. En la intimidad de una casa vacía el temor a perder al ser amado y a la soledad es más fuerte que cualquier otro sentimiento, algo que les separa y que al mismo tiempo termina por unirles.

Pero si el romance entre estos personajes es el motor y la excusa para narrar el acontecimiento histórico, la propia Revolución Rusa adquiere un significativo papel en la segunda mitad del film, aunque no en el sentido que podríamos estar acostumbrados a ver. Beatty, quien también participa en el guión, disecciona a la perfección el proceso de frustración que deriva en insatisfacción cuando un movimiento tan relevante y radical como una revolución debe hacer frente a sus ideales para asentarse sobre unas bases coherentes para construir una sociedad. Mientras que el nacimiento se produce por el empuje de toda una sociedad para cambiar las cosas, el desarrollo y maduración debe ser coordinado por unos pocos, es decir, se debe dejar el poder en manos de alguien.

Personalmente, es esta segunda parte del film lo más interesante de toda la trama. La lucha contra el sistema del protagonista se convierte en una lucha contra sus propios compañeros, en una implicación cada vez mayor por defender unos ideales que considera no reflejados (o directamente violados) en la construcción de los nuevos partidos comunistas. Rojos se convierte, por tanto, en un documento muy interesante a analizar, no tanto como reflejo fiel de una época convulsa, sino como un proceso dramático en el que la indignación, la tristeza y el amor a una causa se entremezclan para derivar en una lucha interna que no hace sino demostrar que la sociedad necesita cambiar, aunque después no tenga muy definido cómo continuar.

La luz de una revolución

La película, por supuesto, es mucho más que la implicación política y social que demuestra Beatty. De hecho, las 12 nominaciones a los Oscar en 1981, algo que no se lograba desde 15 años antes, no son por su compromiso ideológico, sino por los valores formales y dramáticos que expone la cinta. Los segundos ya los hemos mencionado, y los primeros pasan inevitablemente por la labor del director de fotografía, Vittorio Storaro (El último emperador). Su labor, por la que ganó su segundo Oscar, ofrece los dos aspectos fundamentales de toda fotografía cinematográfica: la capacidad de emocionar y de narrar. En efecto, el uso de la luz por parte de Storaro permite al espectador acercarse más a los personajes, a sus emociones y a sus miedos.

La forma de presentar el hogar de los protagonistas, muchas veces en penumbras, transmite la idea de una soledad generada por esa confrontación interna entre emociones e ideología de la que antes hablábamos. Y eso es solo un ejemplo. El uso del color durante la Revolución Rusa o las diferentes discusiones del protagonista con compañeros de profesión y de partido aportan a la historia un naturalismo único, acercando la forma de realizar de Beatty (tradicional pero formalmente bella) al documento histórico que recrea, no tanto al movimiento ruso como al realismo de la azarosa vida de Reed.

El principal problema con el que se encuentra es, como suele ocurrir en estos casos, la duración de su metraje. Más de tres horas es, salvo honradas y muy escasas excepciones, una duración demasiado larga para mantener un nivel de interés alto durante todo el desarrollo dramático. Además, como toda historia basada en la vida de un personaje conocido presenta la dificultad de una narrativa coherente entre los saltos temporales imprescindibles para resumir décadas en minutos. Tal vez el film de Beatty peque en ciertos momentos de dichas flaquezas, pero lo cierto es que no son muy distintas de las que se pueden encontrar en cualquier guión, con la diferencia de que muchos otros no poseen el interés que puede generar esta.

En cualquier caso, Rojos es un clásico más que recomendable para cualquier persona que quiera acercarse a una época tan convulsa como las primeras dos décadas del siglo XX. Imprescindible para aquellos a los que les guste la Historia. Su plasmación de los sentimientos que genera una revolución, y de cómo estos evolucionan a medida que dicho movimiento debe consolidarse en algo sólido socialmente hablando, es uno de los mejores motivos para sentarse frente al televisor y recuperar esta historia de amor, de lucha por unos ideales y del nacimiento de un movimiento que cambió para siempre el panorama político y social del mundo.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: